Alargan la vida editorial de Roberto Bolaño

“Siempre he realizado libros con el único criterio de que me gusten mucho”, afirma Roberto Calasso al participar en la FIL de Guadalajara.
El escritor y editor italiano habló sobre su más reciente obra, "El ardor".
El escritor y editor italiano habló sobre su más reciente obra, "El ardor". (Eva Becerra/FIL)

Guadalajara

Uno de los méritos de la FIL de Guadalajara es que en ella conviven  autores reconocidos con nuevas generaciones de creadores, propuestas literarias de diferentes partes del planeta, pero que se funden en la tradición del libro, como sucedió ayer cuando Roberto Calasso hablaba de su libro, El ardor, mientras un par de horas más tarde era lanzada la Biblioteca Roberto Bolaño bajo el sello de Alfaguara.

Y es que la polémica que ha generado la salida de la obra del escritor chileno de Anagrama, donde creció bajo el amparo de su editor Jorge Herralde, prácticamente obligó a su viuda, Carolina López, a detallar las razones del cambio, al vislumbrar en el sello de Penguin Random House que la obra podría crecer en cuanto al número de lectores.

“Lo que da el esfuerzo de tener el archivo Bolaño es tener todo clasificado, ordenado, lo que nos ha permitido descubrir que estaba a nuestros ojos cómo trabajaba Roberto, cómo de una noticia hacía la estructura de novela, como de esa estructura, que en realidad eran cuatro notas, salía un proyecto mayor y a partir de ahí un borrador y luego la transcripción”.

En lo que no solo sirvió para el lanzamiento de la Biblioteca Bolaño sino también para la presentación de la novela inédita El espíritu de la ciencia ficción, López señaló que con el trabajo se logró agrupar todo el proceso de escritura de Bolaño, desde que decidió ser escritor hasta la llegada del ordenador, “eso lo tenemos muy bien ordenado y eso es importante para la pervivencia de su literatura.

“Lo triste es que la vida editorial de Roberto fue muy corta: empezó a publicar cuando tenía 43 años de edad y murió a los 50. Esta razón tan humana es la que justifica por qué hay tanto material inédito, porque, como todo mundo sabe, decidió ser escritor en México cuando tenía 17 años y empezó a publicar en Barcelona a los 43, por lo que evidentemente en ese periodo escribió mucho y se puede documentar.

“Y la decisión de publicar algo o no es responsabilidad de la familia, pero es compartida: nunca se toma si no hay un editor que la respalde y, en mi caso, un agente que hace el estudio y la valoración de la novela, con lo que se convierte en una decisión a tres bandas”, explicó López, aun cuando no habló de cuántos inéditos existen de Bolaño, los cuales “están ordenados y clasificados. Lo que no se ha hecho es una valoración editorial: qué es publicable y qué no es publicable”.

En una mesa en la que estaban los editores responsables de Alfaguara de Argentina, Colombia, Chile y el director editorial de Penguin Random House, Ricardo Cayuela Gally, se anunció que en un año y medio se publicarán los 21 títulos que conforman la bibliografía del escritor chileno; mientras tanto ya aparecieron, además de El espíritu de la ciencia ficción, Los detectives salvajes y 2666.

 La fragilidad editorial

Galardonado con el premio Formentor de las Letras 2016, el escritor italiano Roberto Calasso fue otro de los protagonistas del cuarto día de actividades del encuentro editorial y literario, dedicado a América Latina, donde lo mismo habló de su más reciente libro en español, El ardor (Anagrama, 2016), que de su pasión por la edición.

“Como escritor nunca hablo de lo que hago en el momento o de lo que vendrá después, porque todos mis libros nacen sin estar contemplados; por ejemplo, pensaba hacer una serie de tres libros de acercamiento al pasado y ya son ocho. Como que yo mismo hice una cosa opuesta a lo que había imaginado; lo que siento es que aún tengo cosas que agregar en esta serie, y ya trabajo en el noveno de estos libros, y como editor nunca he cambiado, siempre he realizado libros con el único criterio de que me gusten mucho”.

Al reflexionar sobre el mundo editorial, Calasso aseguró que, por definición, el mundo editorial es frágil; sin embargo vive de esa fragilidad, “pero siempre ha sido así, hoy como ayer no hay una gran diferencia. Lo que sí es que se ha restringido el área de asuntos que a nosotros nos importan más”.

“Hay una invasión de una gran cantidad de materiales modestos que ocupan espacio en las librerías, pero se prosigue. Es un trabajo que tiene una base muy aleatoria, muy frágil”, dijo Calasso, para quien hablar del pasado “no es un signo particularmente positivo. Lo que sí es cierto es que los grandes estudios de China o de India no son tan frecuentes en la actualidad”.