“Mis logros son la obra de una gran mujer, mi madre”

Eduardo Hernández Carrillo, director del Planetarim Torreón recordó que cuando era niño, fue una madre amorosa y a la vez un padre enérgico, "ambas cosas con su justa medida", señala.
Eduardo Hernández Carrillo, director y creador del Planetarium Torreón.
Eduardo Hernández Carrillo, director y creador del Planetarium Torreón. (Nancy Méndez Lozano)

Torreón, Coahuila

Bajo la intención de que familias, turistas, estudiantes y público en general, pudieran disfrutar de las maravillas del universo, el 20 de febrero de 2014 Planetarium Torreón abrió sus puertas.

El lugar hoy es considerado como el mejor centro de divulgación de astronomía del país, fundado por un lagunero amante de la ciencia y la astronomía Eduardo Hernández Carrillo, quien compartió que sus logros son la obra de una gran mujer, su madre.

"La ví a escondidas derrumbarse y llorar a solas, luego regresar entera y fuerte frente a todos, como si nada pasara, siempre previendo el futuro con la convicción de mejorar y olvidando el pasado".

"Amo profundamente mi trabajo, porque ví, siempre que mi madre amó el suyo, quizás, mi mayor lección de vida. Qué puedo decir de mi madre, si quisiera resumir la vida de ella en una sola palabra sería que es como un Sabino, así la he visto siempre, tan fuerte y a la vez tan sacrificada, la comparo con un Sabino porque toda mi infancia la viví a su lado en esos árboles".

"Cuando era niño recuerdo todas las noches después de que llegaba cansada del trabajo, se ponía conmigo a hacer la tarea, para ella no existía un así sencillo, siempre me decía: lo puedes hacer mejor, pues hazlo y eso siempre me impulsó a ser mejor, cuando menos laboralmente hablando.

Admiro profundamente a mi madre, para mí no lo es una frase trillada, la ví a escondidas derrumbarse y llorar a solas, luego regresar entera y fuerte frente a todos, como si nada pasara, siempre previendo el futuro con la convicción de mejorar y olvidando el pasado".

Sacar sola una familia es complicado para una mujer, pero además, que su trabajo sea una muestra de su alma es más admirable aún.

"Cuando era niño, fue una madre amorosa y a la vez un padre enérgico, ambas cosas con su justa medida, a veces sumamente estricta, pero ya con los años debo decir que tenía razón en la mayoría de las cosas.

"Amo profundamente mi trabajo, porque ví, siempre que mi madre amó el suyo, quizás, mi mayor lección de vida".

Yo nunca la entendí cómo podía escuchar los problemas y enfermedades de toda la gente que atendía y siempre les animaba o los regañaba, todo el mundo buscaba a Carmelita, como le dicen de cariño, porque te hacía sentir bien su compañía y que estabas seguro.

Ahora, por otra parte, mi madre nunca se está quieta, siempre está haciendo algo, sembrando en el jardín, haciendo arreglos de flores, vistiendo muñecas, las que de verdad no sé ya cuántas tiene o simplemente sentada en el jardín observando los pájaros que llegan ahí, para luego que se van levantarse y ponerles más agua o prepararles una nueva casa, siempre ha sido así, le gusta compartir".

"Como mi mamá ha contado cosas incómodas deberé de contar una también yo, cuando era niño me sirvió un plato de menudo que ella cocinó y sabía horrible, por lo que le dije que no me lo comería, así con su voz enérgica me dijo: está muy bueno, mira, yo me lo estoy comiendo también.

Cuando lo probó exclamó: ¡hijo mío que te estás comiendo!, pues resulta que mi mamá me sazonó el menudo con mucha pimienta en lugar de orégano. Eso sí, a mi mamá no se le dio la cocina".