María del Carmen Carrillo Martínez, la mujer de la luna y las estrellas

Es mamá de Eduardo Hernández Carrillo, creador y director General del Planetarium Torreón. "Cuando tenía unos 3 años en un columpio gritaba que iba a volar, mejor lo cargué antes que se aventara".

Torreón, Coahuila

Para las mujeres es común que deseen les bajen la luna y las estrellas, para María del Carmen Carrillo Martínez, una mujer de 69 años de edad, este es un sueño cumplido.

Ella es madre del lagunero Eduardo Hernández Carrillo, creador y director General del Planetarium Torreón y Presidente de la Asociación Mexicana de Planetarios 2014-2016.

Carmen alcanzó el sueño de varias mujeres, lograr educar a un hijo exitoso, que ha brindado aporte para mejorar la comunidad, el país y el mundo, a manera de homenaje por el mes de las grandes mujeres, cuenta su historia de vida.

¿Quiénes conforman su familia?

La familia la formaba mi madre Paula Martínez, mi hermana Teresa Martínez y mi hijo Eduardo, quien es mi único hijo. Mis abuelos llegaron en tiempos de la Revolución a La Laguna, venían de Zacatecas, era una familia de cinco mujeres y dos hombres, uno de mis tíos comenzó a trabajar en los despepites que había en aquella época.

"Siempre lo apoyé en sus sueños, cuando pasó el cometa Halley lo llevamos sus padrinos y yo hasta la Laguna de Mayrán donde instalaron los telescopios que estaban en el Palacio Federal".

Mi principal gusto es la jardinería, convivir con la naturaleza, el canto de los pájaros, entre otras cosas, ahora que estoy jubilada, por ejemplo, me gusta coleccionar muñecas, ya que cuando era niña carecíamos de muchas cosas, aunque mi padre era trabajador también tenía el vicio del vino, por eso no avanzábamos y una de mis muñecas era de trapo.

Un día jugando me la atropelló un carro, aunque mi favorita siempre fue la raíz de un carrizo que tenía la forma de muñeca. Por eso tengo el gusto por coleccionarlas ahora y ya tengo más de cien, quizás algún día me anime a poner un Museo de la muñeca.

Trabajé 38 años en La Clínica de Diagnóstico, en la que disfruté enormemente de mi labor, donde me sentí valorada como persona, como trabajadora, como colaboradora de la empresa y mi pasión era atender a los enfermos, dialogaba con ellos, los escuchaba y hasta los regañaba cuando no hacían caso.

El trabajo fue muy duro, pero si uno hace las cosas con amor no duelen, yo luché muchos años por sacar adelante a mi familia.

La etapa más difícil fue cuando perdimos nuestra casa pero salimos adelante trabajando juntos, la empresa me apoyó y salimos adelante como familia.

Para esa época Eduardo estudiaba en el Tec y lo dejó para trabajar de albañil durante un semestre, pero regresó y terminó la escuela, ahí aprendió a no tenerle miedo al trabajo sea cual sea se trata de construir.

Lo que más recuerdo de mi trabajo fue cuando llegaba mi hijo, él que era recibido con mucho amor por las compañeras.

Una de las experiencias que más recuerdo fue cuando tenía que dejarlo en la casa para ir a trabajar, él lloraba mucho porque quería irse conmigo, por eso a veces yo llegaba a la empresa con mi niño cargado, después mi hermana iba y se lo llevaba de paseo a la Alameda, donde disfrutaban de los juegos mecánicos.

Cuando llegaba del trabajo salía a caminar con Eduardo, quien tenía unos 8 años, al río, disfrutábamos mucho la compañía y platicábamos mucho, ahí comenzó a gustarle el campo y la aventura. Nos íbamos a pie o de aventón hasta Raymundo, cuando el río llevaba poca agua lo cruzábamos y era muy emocionante.

¿Cuál es su consejo para lograr un hijo exitoso?

Darle mucho amor, mucha entrega, pero exigirle también, ver sus gustos, cooperar con él con sus sueños, hacerlo creativo desde pequeño. Darle las herramientas para crear y hacer.

A veces el cartón, el pegamento y las tijeras son suficientes para que un niño pueda hacer volar su imaginación, estar siempre cerca de él y no tener miedo a responder sus preguntas eso también es muy importante.

Siempre me tracé metas, primero le pedía a Dios tiempo para verlo acabar su primaria, luego mi meta fue secundaria y así hasta que se graduó de la universidad, ahí supe que había cumplido mi meta.

¿Qué le gustaba hacer cuando era niño?

Siempre le gusto crear, una vez cuando era muy niño vistió un gato como astronauta con cartón, hasta le hizo que pudiera moverse con el traje.

Rompía los juguetes para hacerlos a su gusto, una vez desarmó muchos otros juguetes y construyó un barco que hasta camarotes les puso, él quería un barco y si no lo tenía, pues lo construía.

Cuando tenía unos 3 años, arriba de un columpio estaba con los brazos abiertos gritando que iba a volar, así que mejor lo cargué antes que se aventara y duré un rato paseándolo así, el gritaba que volaba y ese siempre ha sido su sueño, el volar.

"La etapa más difícil fue cuando perdimos nuestra casa pero salimos adelante trabajando juntos, la empresa me apoyó y salimos adelante como familia".

Él iba regularmente a mi trabajo en la clínica y estaba siempre en los microscopios, preguntando siempre para que eran todas esas cosas, afortunadamente todos le tenían paciencia y le enseñaban.

¿Él ya soñaba de niño con ser director de un planetario o cuál era su aspiración más grande?

El siempre soñó integrarse a la NASA, viajar al espacio, los cohetes, esa fue siempre su meta.

Siempre lo apoyé en sus sueños, cuando pasó el cometa Halley lo llevamos sus padrinos y yo hasta la Laguna de Mayrán donde instalaron los telescopios que estaban en el Palacio Federal, ahí la gente le explicaba qué estaba viendo y él se formaba una y otra vez en el telescopio, estaba asombrado por lo que había en el espacio.

Luego se fue a estudiar a la UNAM y cuando regresó me dijo que lo que más amaba era enseñar a los demás, más que ser un gran investigador él quería compartir sus sueños con otros.

En la casa construyó un observatorio en el patio que usaba los fines de semana, no dormía, toda la noche veía las estrellas, a veces me hablaba emocionado que quería mostrarme algo.

¿Ahora que él es grande, le ayuda a tomar decisiones?

Eso él debería decirlo, yo le doy consejos cuando lo veo cansado, a veces no escucha nada pero igual le sigo dando consejos esperando sea siempre una mejor persona.