Alma, huesos e historias del Palacio de Bellas Artes

El máximo recinto cultural del país fue inaugurado en 1934, luego de más de tres décadas de retraso; MILENIO realizó un recorrido por su entraña.

México

Caminar por los sótanos y los rincones menos conocidos del máximo recinto cultural del país, diseñado en 1904 por el arquitecto italiano Adamo Boari, y concluido 30 años después por el arquitecto mexicano Federico Mariscal, es una experiencia única. MILENIO visitó el lugar y ahora muestra esos espacios para que el público conozca este magno escenario tras bambalinas.

Federico Emery, subgerente técnico del Palacio de Bellas Artes, muestra los caminos por los que solo transitan los privilegiados: los integrantes del equipo técnico y la tramoya, que son capaces de dar vida a los sueños de los coreógrafos, bailarines, directores, cantantes, músicos y escenógrafos. Son los magos que logran convertir el escenario lo mismo en un bosque que en una playa o un reino fantástico.

El público que viene al Palacio de Mármol solo ve las presentaciones, y no sabe todo el esfuerzo y las horas de trabajo que hay detrás de las funciones de danza, ópera y teatro, así como de los conciertos y recitales. Un montaje implica ensayos, reuniones y cumplir con la ficha técnica de las necesidades de los grupos y compañías, entre otros aspectos.

“Para responder a sus requerimientos, estamos bien equipados y a la vanguardia a nivel técnico, pues todo ya está automatizado. Contamos además con un gran equipo de profesionales en todas las áreas: audio, iluminación, vestuario, maquillaje, tramoya y mecánica teatral”, precisa.

En las entrañas del recinto José Amado Castillo, jefe del área de Mecánica Teatral, señala el lugar en el cual se encuentran cada una de las partes de la concha acústica que le permite al foro, en tan solo unos minutos, convertirse en una extraordinaria sala de conciertos para albergar lo mismo a una orquesta sinfónica y a un cuarteto, que a un afamado solista.

Asimismo, dos de los departamentos que pocas veces aparecen en primer plano son los de vestuario y maquillaje, donde se han registrado singulares historias. En este último, la señora Teresa Quevedo, jefa del Departamento de Maquillaje, quien trabaja en el máximo recinto cultural desde hace 34 años, comparte una de las tantas anécdotas que ha protagonizado.

“Cuando en una ocasión se iba a presentar el mimo francés Marcel Marceau en el Palacio de Bellas Artes, me dio un par de pelucas para que se las arreglara, y pues yo les di champú y las peiné. Cuando las vio, su rostro se descompuso porque eso no era lo que él quería, pues su caracterización era distinta; de momento se enojó, pero enseguida le restó importancia a lo sucedido”, relata todavía con un poco de vergüenza.

Conmemoración

Para celebrar los 80 años transcurridos desde que el Palacio de Bellas Artes abriera sus puertas al público se pensó en preparar un programa especial, ya que se trata de conmemorar un espacio que se ha convertido en el emblema de la cultura en México, refiere Sergio Ramírez Cárdenas, subdirector general del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

“El Palacio es efectivamente una referencia cultural. En estos 80 años se ha ganado un lugar en la historia del arte a nivel nacional e internacional. Se ha posicionado como el emblema de la cultura y de la excelencia; por aquí han pasado todas la expresiones artísticas, todas las corrientes estéticas, de lo más vanguardista y audaz hasta lo más tradicional”, dice.

“El 28, 29 y 30 se septiembre vamos a tener grandes actividades en el Palacio de Bellas Artes y en sus alrededores”, detalla.

El domingo 28 tendrá lugar una gran intervención artística en toda la explanada del Palacio de Bellas Artes y la Alameda Central.

Ese día, adelanta el funcionario, el Ballet Folklórico de Amalia Hernández dará una función especial, distinta a la que realiza de forma común. Estará la Orquesta Sinfónica Nacional y tendrá una participación especial la Compañía Nacional de Danza con el estreno de la coreografía Sueño de una noche de verano.

El lunes y martes se llevará a cabo el concierto conmemorativo en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes, con la Orquesta Sinfónica Nacional y los solistas de la Ópera Metropolitana de Nueva York, bajo la batuta del director orquestador Carlos Miguel Prieto. En esta ocasión se realizará el estreno mundial de Fanfarria y fantasía para orquesta. Después se tocará la Novena Sinfonía de Beethoven para piano, coro y orquesta, donde está prevista la actuación del pianista Jorge Federico Osorio.

La voz de la historia

José Daniel Juárez, coordinador de Relaciones Públicas del Palacio de Bellas Artes, es el responsable de dar las visitas guiadas por lo que llama “la catedral de la cultura en México”.

Cuenta que a principios del siglo XX, el entonces presidente Porfirio Díaz tenía un proyecto arquitectónico para la construcción de un teatro que conmemorara el centenario de la Independencia. Se lanzó una convocatoria a nivel internacional y resultó elegido el arquitecto italiano Adamo Boari. Este teatro vendría a sustituir al antiguo foro que se encontraba en las calles de Filomeno Mata y 5 de mayo.

Para 1904 inició la accidentada construcción, que se concluyó 30 años después; el encargado del proyecto sería un alumno de Boari, Federico Mariscal, quien retomó el arte decorativo y lo mezcló con elementos mexicanos. “En la Sala de Espectáculos se aprecian en los barandales figuras de magueyes, tunas, espigas de trigo y el escudo nacional”.

El Palacio de Bellas Artes fue inaugurado el 29 de septiembre de 1934 por el entonces presidente Abelardo L. Rodríguez. Se tocó el Himno Nacional bajo la batuta de Carlos Chávez, quien después ejecutó su Sinfonía Proletaria.

Por la noche se interpretó otro programa: la Pastoral, de Beethoven, y se presentaría por primera vez la obra de teatro La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, con la actuación de María Teresa Montoya e Isabela Corona.

Y así quedaría concluido ese proyecto, cuya construcción estaba programada para finalizar en cuatro años, pero que finalmente se llevó más de tres décadas.

Espléndido telón

La sala principal del Palacio de Bellas Artes cuenta entre sus tesoros con el telón de Tiffany que separa el escenario de las butacas y el público. No toda la gente lo sabe, pero esa cortina tiene una función muy práctica: es un aislante. Es un blindaje para evitar que algún fenómeno importante, ya sea provocado por el agua o el fuego, llegue a afectar el espacio. Se puede decir que es una cortina seguridad, explica Sergio Ramírez Cárdenas, subdirector general del INBA.

El imponente telón, que al mismo tiempo es un vitral, cumple con una función decorativa: es el emblema de este recinto, con sus coloridos cristales que forman un paisaje muy representativo de nuestro país: la imagen de los volcanes del Popocatépetl y el Iztaccíhuatl.

En 1910 la Casa Tiffany de Nueva York realizó el telón de cristal. Está integrado por 206 tableros que contienen más de un millón de piezas de cristal opalescente, lo que lo convierte en una obra de gran valor artístico, única en el mundo.

Es una pieza con un armazón de acero de doble pared, revestido por la parte que da al foro con láminas acanaladas, y por el lado de la sala, con cristal. Tiene un peso de más de 20 toneladas y fue concebido por el propio Adamo Boari.

Esta cortina ha sido testigo de grandes funciones en el Palacio de Bellas Artes, como las presentaciones de figuras como María Callas, Luciano Pavarotti, Plácido Domingo, Lang Lang, Philip Glass, Rudolph Nureyev, Maurice Béjart y Alicia Alonso, entre muchos otros.

Trayectoria fulgurante

1901 Se plantea la edificación de un nuevo Teatro Nacional. El arquitecto italiano Adamo Boari presenta el proyecto, que se llevaría cuatro años y un presupuesto de 4 millones 190 mil pesos.

1904 Inician los trabajos de excavación en terrenos aledaños a la Alameda Central de la Ciudad de México.

1905 El presidente Porfirio Díaz pone la primera piedra de la obra.

1908 Se registran los primeros hundimientos de la construcción, debido a los suelos inestables sobre los que se erige el edificio.

1911 Son inyectadas 198 toneladas de concreto en un intento por corregir la inestabilidad del terreno.

1912 Se coloca la cúpula, además de las esculturas del drama, la tragedia y el arte lírico, rematadas por el águila nacional.

1916 El arquitecto Adamo Boari abandona el país, tras agravarse la situación del país por la Revolución Mexicana.

1917-1930 La edificación del inmueble está suspendida, pero se intenta utilizarlo como cinematógrafo y espacio para diversas ferias.

1928 Muere Adamo Boari.

1931 Se retoma la obra.

1932 La esencia del proyecto cambia y se decide que este espacio pase a ser el Palacio de Bellas Artes.

1934 El recinto es inaugurado por el presidente Abelardo L. Rodríguez. Su costo total fue de 30 millones de pesos. Acuden al acto personalidades como Esperanza Iris y Dolores del Río.

1987El Palacio de Mármol es declarado monumento artístico, y el Centro Histórico, donde se encuentra, es declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

2014 Se presentan grandes espectáculos de danza, teatro y música para conmemorar los 80 años de la apertura del recinto. Se espera la presencia del presidente de la República,  Enrique Peña Nieto, al concierto conmemorativo que se realizará el 29 de septiembre.