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Miércoles , 12.12.2018 / 15:32 Hoy

José Javier Villarreal comparte pasión por poesía y traducción

Ambos oficios desde luego son inseparables, como lo cristalizó de manera reciente en su seminario Del haiku, de Tablada; al haicaitropicai, de Paulo Leminski. Un poeta por conocer, realizado en la librería de Vaso Roto.
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Dos de los oficios de José Javier Villarreal son la poesía y la traducción. En el primer rubro salió Una señal del cielo, versión que publicó la Universidad de Concepción en Chile el año pasado, y en el segundo Todo me fue dado (Vaso Roto, 2018), del poeta brasileño Paulo Leminski.

Poesía y traducción desde luego son inseparables, como lo cristalizó de manera reciente en su seminario Del haiku, de Tablada; al haicaitropicai, de Paulo Leminski. Un poeta por conocer, realizado el jueves pasado en el ciclo Conversatorios, en la librería de Vaso Roto.

De esta experiencia nos platica el autor que ha presentado ambas obras por el país.

¿Cómo nace el interés por traducir a Paulo Leminski?

La suma que evidenciaba la poesía de Paulo Leminski me inquietó. El Oriente y el Occidente en una férrea complicidad; la cultura pop, por un lado, y el prestigioso mundo clásico, por el otro. El modernismo brasileño con Oswald de Andrade como punto de partida y aventuras tan extremas como la de Haroldo de Campos, de forma evidente, o la de João Cabral de Melo Neto, más soterrada. Lejos, pero a la vuelta de la esquina, los tres libritos mayores de José Juan Tablada (Un día…, Li Po y otros poemas y Un jarro de flores).

El haikú se me volvió haicai. Leminski añadía a la portentosa presencia de la imagen el melodioso acento de la rima. ¿Por qué no traducir a este poeta secreto que se hallaba hasta en la sopa? Me dije en 2012. Claro que tenía que rendir los honores debidos. Primero, Gullar; después, Leminski.

¿Por qué es importante la obra de Leminski para las letras hispanoamericanas?

Sé que Brasil es un mundo por descubrir para los hispanoamericanos. Sé, también, que los hispanoamericanos no somos iguales, que tenemos profundas y seductoras diferencias. Entonces, desde estas puntillosas y radicales diferencias, la poesía de Leminski nos puede ayudar a leernos.

¿En el seminario qué tópicos se trataron?

Tengo varias pasiones públicas; una de ellas es el haikú. Lo leo mucho y lo sueño más; sin embargo, lo escribo poco. Gusto del cine japonés, amo la comida japonesa, el pescado crudo, las camitas de arroz, bebo cerveza Sapporo, disfruto plenamente del sushi y pondero la receta que de él da Jun’ichiro Tanizaki en su hermoso libro El elogio de la sombra, pero el haikú me impone un respeto total. Tablada es un caso aparte porque no solo escribió admirables haikús, sino que incluso levantó su propio jardín japonés. El modernismo hispanoamericano es un gran momento de la poesía de lengua española que oscila entre 1880 y 1905. El modernismo brasileño es un gran momento de la poesía en lengua portuguesa que inicia en 1922 en São Paulo, en el Teatro Municipal. Tablada viaja a Japón en 1900 y Paulo Leminski asiste a la Semana de Poesía de Vanguardia, en Belo Horizonte, en 1963. Dos momentos que nos descubren el arte de la contemplación entre Oriente y Occidente, dos vertientes que nos permiten la epifanía del instante.

¿De dónde nace su libro de poemas "Una señal del cielo"?

Me da por pensar que mi libro anterior, Campo Alaska , se divide en dos partes. Hay un poema-río-eje que lo atraviesa. Una señal del cielo es una tercera parte que se desprende y se aleja de Campo Alaska. Es, pero ya no es. El imaginario se adensa y el ritmo es más ceñido. La realidad minúscula se adueña de las dos orillas que establece su cuerpo y los silencios hablan, se manifiestan en los minutos y las horas, en los días y semanas que van dibujando los meses y los años de una rutina siempre proclive al milagro.

¿Qué temas aborda en "Una señal"...?

Realmente me es difícil hablar de temas. El libro transita y se estaciona en el cuarto a las seis, en las cinco menos 21. No hay una hora exacta, porque cualquier hora puede ser la hora del poema. La poesía es una y el poema otro. Si el poema contiene a la poesía, la casa contiene a su morador, que finalmente es un agente, una hacedor y la poesía es hacer. El libro es un tránsito, ya salimos y aún no hemos llegado. Pero la vida no se detiene, nunca lo hace. Creo que los poemas de este libro dan cuenta de ello.

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