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Sábado , 22.09.2018 / 02:53 Hoy

Falta de árboles en la ciudad agrava olas de calor

Por el Día Mundial del Medio Ambiente, la directora del Jardín Botánico de la UAP, Maricela Rodríguez Acosta, reflexiona sobre la importancia de las áreas verdes
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Una de las funciones de las áreas verdes es regular la temperatura de las ciudades. La ola de calor recién sentida no hubiera permeado tanto si Puebla contara con más árboles. Con motivo del Día Mundial del Medio Ambiente, la directora del Jardín Botánico Universitario (JBU) de la UAP, Maricela Rodríguez Acosta, habló del impacto positivo de la vegetación en las zonas urbanas, las cuales no pueden quedar fuera de las reflexiones, sobre todo porque hoy concentran más de la mitad de la población mundial y a otras especies.

Si la tendencia se mantiene hasta 2050, estima Naciones Unidas, para ese año dos tercios de la humanidad vivirá en alguna ciudad. “Para los citadinos es nuestro medio ambiente. Tenemos que asumir nuestro compromiso por estos ecosistemas”, señaló Rodríguez Acosta, quien por ello reconoció la necesidad de gestionarlos, así como a los entornos naturales, pero considerando (además de los factores bióticos) aspectos de desarrollo económico y social que hacen de la ciudad sistemas más complejos.

“Hay que rescatar nuestras ciudades. Volverlas espacios que nos unan con el medio ambiente natural”, comentó. Para ese propósito, en Puebla habría que comenzar elevando el número de áreas verdes. En 2009, Rodríguez Acosta publicó que de los 1.58 metros cuadrados de áreas verdes que había por poblano en 1990, para 2006 la superficie se redujo a metro y medio: una pérdida de 5 por ciento per cápita. Naciones Unidas sugiere como mínimo entre 10 y 15 metros cuadrados.

Las altas temperaturas registradas en Puebla durante la última ola de calor recordaron que a la ciudad le faltan áreas verdes. Miles desearon más árboles para mitigar con su sombra y follaje el efecto de la radiación solar. Se estima que las temperaturas en las manchas urbanas superan entre 5 a 6 centígrados a las registradas en entornos rurales o naturales. Esto se debe a que las plantas disminuyen el efecto de las islas de calor con la sombra que generan y la liberación del 98 por ciento del agua que absorben durante la fotosíntesis.

El JBU-UAP ofrecerá un taller en el que se enseñará cuáles árboles se pueden emplear según las características del espacio y su objetivo en la ciudad.

Los árboles de la ciudad no deben superar los 20 metros de altura para no representar riesgos, dar sombra, ser resistentes a los fuertes vientos y capaces de adaptarse al suelo y el clima, así como permitir el paso de los rayos del Sol en temporada de frío.

Además de estas consideraciones, la planeación y proyectos de desarrollo y mantenimiento de áreas verdes deben tomar en cuenta que muchas especies viven más de dos siglos, por lo que deben tener visión a largo plazo, y que las soluciones son específicas e interdisciplinarias, por lo que hay que trabajar entre especialistas de distintas áreas: biólogos, botánicos, ecólogos, urbanistas, arquitectos, administradores públicos, entre otros.

Puebla tiene una superficie de 54 mil 548 hectáreas y una población de más de un millón 500 mil habitantes. Aunque no es la ciudad mexicana más densa (es la cuarta, mientras Ciudad de México la primera), posee muy pocas áreas verdes. No obstante la escasez, los pocos corredores naturales hace de la Angelópolis una urbe de gran biodiversidad.

Aunque no hay un estudio que determine el número de especies animales coexistiendo en la ciudad de Puebla, gracias a investigadores de la UAP se sabe que en el JBU se pueden encontrar 120 especies de aves, un número alto para tan sólo 10 hectáreas. La diversidad de árboles de más de mil 300 especies, además de hacer del repositorio universitario el más grande de México, lo convierte en un polo de interés para estos seres alados. Es un buen ejemplo poblano de los efectos positivos de la correcta gestión de las áreas verdes. Porque sí son necesarios los parques, pero buenos parques.

En desgracia para la salud de los citadinos, ya que se ha probado científicamente que a más áreas verdes mejores condiciones de vida, en México no se asignan presupuestos decorosos para crearlas, desarrollarlas, ni mejorarlas.

Como la presencia o ausencia de áreas verdes afecta de modos diversos la calidad de vida de los pobladores, se debe garantizar su distribución uniforme en toda la ciudad, que las superficies sean lo suficientemente grandes, sus servicios de calidad, para que los ciudadanos encuentren en los parques y jardines un espacio seguro y agradable. Los administradores deben encargarse pues de que cumplan sus objetivos y eso implica inversión.

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