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Coberturas de vacunación, un reto del desarrollo sostenible

Sustentable

Según Unicef, desde 1990 han sido la razón de que bajen las muertes infantiles; sin embargo, 1.5 millones de niños fallecen al año por padecimientos prevenibles.
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Garantizar una vida sana y promover el bienestar para todos en todas las edades es uno de los Objetivos de Desarrollo Sostenible fijados por la ONU, en el cual las vacunas juegan un papel fundamental. Los países miembros están comprometidos a favorecer el acceso a estos biológicos, pues al evitar enfermedades se vuelven parte de la estrategia en el camino a la sustentabilidad.

De acuerdo con el doctor Robin Nancy, jefe del Departamento de Inmunizaciones de Unicef, “todos los niños, sin importar dónde vivan o cuáles sean sus circunstancias, tienen el derecho a sobrevivir a enfermedades mortales. Desde 1990, las vacunas han sido la razón de la disminución de muertes infantiles pero, a pesar de este avance, 1.5 millones de infantes mueren cada año por padecimientos que pueden prevenirse”.

PANORAMA Y AMENAZAS

México es uno de los países con mejor cobertura de vacunación. “Los datos que da la Organización Panamericana de la Salud (OPS) informan que el país tiene cerca de 90 por ciento de cobertura para la vacuna DPT (difteria, tétanos y pertussis). Si nosotros aplicamos esa misma con una vacuna pentavalente, que ahora será hexavalente, eso querrá decir que también se aplicará para haemophilus influenzae, polio y hepatitis B, porque todas van contenidas en la misma inoculación”, explicó en entrevista el doctor Abiel Mascareñas de los Santos, infectólogo pediatra.

El especialista aclaró que “si las coberturas son tan altas como reporta la OPS, estamos en una situación muy buena; sin embargo, para estar en una realmente de excelencia debemos llegar a una cobertura de 95 por ciento”.

Para lograr esas tasas de vacunación en la búsqueda del desarrollo sostenible, México enfrenta diversos retos, que involucran no solo a la comunidad médica sino a la iniciativa privada, a las firmas que generan los biológicos y a los gobiernos, pues las principales barreras que hay en el país van desde el desabasto y la falta de accesibilidad en comunidades marginadas hasta el resurgimiento de grupos antivacunas y la desinformación que persiste, incluso entre algunos especialistas.

Mascareñas de los Santos detalló que en casos como la falta de vacunas para hepatitis B que se registró recientemente, “no es un desabasto nacional, es mundial, y ocurre porque hay problemas de producción, que es compleja y está sujeta a altos estándares de seguridad. Generar un lote de vacunas toma mucho tiempo y trabajo, y el lapso que transcurre para generar los lotes hace que a veces no se pueda surtir a los países donde se produce la vacuna”. Por eso aseguró que la introducción de la vacuna hexavalente ayudará a resolver este problema.

Otra barrera es la dificultad para llegar a zonas marginadas. María del Carmen Espinosa Sotero, pediatra infectóloga del Hospital General de México, compartió un caso reciente que enfrentó en la práctica médica: “Una nena de cinco meses de edad llegó a mi hospital con un padecimiento crónico. Llegó en condiciones de desnutrición muy graves y cuando intenté platicar con su mamá me encontré con la primera barrera, porque no hablaba español. Tuve que platicar con la tía de la niña, que más o menos hablaba español, y cuando le pedí su cartilla de vacunación me dijeron que no la tenían porque a su comunidad no acuden a aplicar vacunas. Hay seis niños en esa familia y ninguno está vacunado”.

Otro problema es que en algunos casos pierden la cartilla o no acuden a recibir los refuerzos de las vacunas, lo que baja la cobertura de vacunación en el esquema completo y complica las estadísticas. En 2012 la cobertura administrativa reportada, que se obtiene con la contabilidad de dosis aplicadas, fue de 97.3 por ciento, mientras que la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición reportó 53.4 por ciento con las cartillas que mostraron los encuestados.

El riesgo que se corre al disminuir las coberturas de vacunación, subrayó la experta, “es que regresen algunas enfermedades. Esto es algo que ha pasado en Europa, donde hay tasas de vacunación de 60 por ciento o menos, y esto ha hecho que vuelvan algunos padecimientos, como el sarampión, que registró 41 mil casos. Otro padecimiento que regresó fue la difteria. Después de 30 años de no ver esa enfermedad en el mundo, España registró un caso, un niño que lamentablemente falleció”.

DESINFORMACIÓN

A pesar de que hay un sinfín de estudios científicos que comprueban la seguridad de las vacunas, “me han tocado casos en los que hay médicos que no recomiendan la vacunación, incluso especialistas que tienen pacientes con enfermedades crónicas, como lupus o artritis reumatoide, y les dicen que no es adecuado que se vacunen”, señaló Espinosa Sotero. “Hay una falta de información adecuada y esto está dando muchos problemas porque se trata de infecciones que podemos evitar y, sobre todo, muertes que podemos evitar”, agregó.

De acuerdo con la especialista, en México la Dirección General de Epidemiología publica una tasa que registra la incidencia de enfermedades pediátricas que pueden evitarse mediante la vacunación. “En la de 2017, tenemos una tasa de 11.7 casos por cada mil recién nacidos. Eso quiere decir que hay 11 niños que fallecen por una enfermedad que pudo prevenirse”, aunque aseguró que gracias a la vacunación ese indicador ha bajado considerablemente, pues en 1980 era de 51 defunciones por cada mil niños.

“Con la vacunación, más o menos se previenen 3 millones de muertes a escala global, además de evitar que alrededor de 750 mil personas vivan con discapacidad. No existe medida más contundente y mejor para evitar muertes que las vacunas. Ni siquiera los antibióticos han tenido un impacto tan grande”, subrayó.

Respecto a los movimientos antivacunas, Espinosa Sotero comentó que “son más viejos que Matusalén. La primera vacuna en el mundo fue la de la viruela en 1796 y el primer grupo antivacunas data de 1805”.

La especialista explicó que esos grupos han resurgido, principalmente en otros países, a raíz de un artículo publicado en 1998 en la revista Lancet por el entonces médico Andrew Wakefield, con una muestra de solo 12 pacientes, en el que sugería una correlación entre las vacunas y el autismo. “Esto hizo que se practicaran estudios con un mayor número de pacientes y bien fundamentados, y se descubrió que Wakefield manipuló los datos. De hecho, había puesto a pacientes con autismo que ni siquiera habían sido vacunados. Alguien que supiera un poco de estadística e interpretar esos datos se daría cuenta de que todo estaba manipulado”.

Después de descubrirse el fraude, Wakefield perdió su licencia para ejercer medicina y Lancet descalificó el artículo de inmediato. Posteriormente se han publicado al menos una docena de investigaciones científicas independientes y bien sustentadas que demuestran que no hay un vínculo entre las vacunas y el autismo.

En México, los grupos antivacunas “aún no son tan importantes, pero ya existen. Queremos crear conciencia de que si no vacunamos a nuestros niños como debe de ser, tenemos el riesgo de que las enfermedades regresen”, concluyó.


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