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Viernes , 19.10.2018 / 16:06 Hoy

Frecuentamos un máximo de 25 lugares, según estudio

Un estudio de movilidad reveló que, sin importar cuánto se muevan, las personas tienden a visitar un máximo de 25 lugares en un momento de sus vidas.
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Los seres humanos somos animales de costumbres. En el último cuarto de siglo ha quedado claro que nuestra red personal probablemente no pase de 150 contactos reales, y ahora un nuevo estudio revela que en cualquier momento de nuestra vida nos movemos con regularidad entre una malla de cuando mucho 25 sitios. Somos trotamundos de bolsillo.

Así lo revela un estudio recién publicado en Nature Human Behaviour con título revelador: “Evidencia de una cantidad conservada en la movilidad humana”. 


Realizado por investigadores europeos, el estudio se basó en el análisis de llamadas por celular de 40 mil personas, recolectadas de cuatro conjuntos de datos. Pero a diferencia de otros estudios parecidos, el recién publicado se basa en observaciones de plazos medianos a largos: 19, 24, 10 y 10 meses explorando la movilidad de las personas.

Laura Alessandretti, del departamento de Matemáticas en City, University of London (CUL), dijo que primero se hizo un análisis siguiendo a mil estudiantes universitarios. “Los datos mostraron que los estudiantes volvían a un número limitado de lugares, aunque los lugares cambiaban con el tiempo”.

Los investigadores, entre ellos Andrea Baronchelly, también del CUL, y Sune Lehmann, de la Universidad Técnica DTU, en Dinamarca, llevaron luego el estudio a una población más amplia, esperando que los patrones de movilidad cambiaran.


“No fue así”, dijo Alessandretti. “El resultado fue el mismo cuando escalamos el proyecto hasta 40 mil personas de diferentes hábitos y géneros de todo el mundo”. Fue un resultado que sorprendió a todos.

No era que las personas fueran estáticas. Por el contrario, quedó claro que están en una continua exploración de sitios nuevos. Algunos se mudan de casa, o descubren algún rincón agradable (un bar, un restaurante, un club), se cambian de gimnasio o lo que sea. Pero cada vez que añadían un nuevo sitio a su inventario de lugares visitados, dejaban ir alguno de los sitios anteriores, de modo que el número se mantuvo en 25.

Baronchelli dijo que la gente mantiene un equilibrio entre su curiosidad que la lleva a otros lugares, y su flojera, que la mantiene en sitios ya conocidos. 

“Queremos explorar otros lugares, pero también queremos disfrutar los viejos sitios que nos gustan… Adoptamos y abandonamos lugares todo el tiempo. Hallamos que esta dinámica produce un resultado inesperado: visitamos un número constante, fijo, de lugares”.


¿Será que la vida moderna impone más restricciones de tiempo? Los investigadores se preguntaron esto mismo, pero determinaron que no. “Hallamos evidencia de que esto puede estar conectado con otros límites de nuestra vida, como el número de interacciones sociales activas que podemos mantener en nuestra vida”, dijo Baronchelli.

¿Pero acaso no es cierto que internet y las redes sociales permiten a una persona extender sus conexiones sociales casi indefinidamente? Desde hace un cuarto de siglo, el antropólogo Robin Dunbar postuló una hipótesis que se afianzó con su nombre.

La idea es que cada persona tiene un límite máximo de conexiones, 150, el “número de Dunbar”. Este límite, relacionado con el tamaño del cerebro, también está relacionado con la energía requerida para dar mantenimiento a los distintos niveles de relaciones.

Según una formulación reciente del tema, “un individuo está en el centro de una red social personal que tiene forma de una serie de círculos concéntricos de conocimiento que contienen, aproximadamente, 5, 15, 50, 150, 500, 1500 individuos, con sus círculos reflejando decrecientes cercanía emocional y frecuencia de contacto”.


El estudio reciente encontró una correlación: quienes tienden a visitar más lugares también son probablemente quienes tienen muchos amigos. Más allá del primer círculo o camarilla de apoyo (5) está el llamado grupo de simpatía (15). Fuera de estos primeros dos círculos, los contactos y la conexión emocional se reducen notablemente.

Según Baronchelli, su estudio servirá para diseñar mejores espacios públicos y mejores colectivos de transporte. “Y en última instancia facilitará la creación de un ambiente urbano más sostenible y sano para todos nosotros”. Apenas un consuelo para la constatación de que ni somos tan sociables ni tan trotamundos como nos creíamos.


FM

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