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Viernes , 17.08.2018 / 05:31 Hoy

Brasileña corre con corazón donado por medallista olímpico

La mujer de 67 años piensa que el órgano trasplantado demanda más de su cuerpo.

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La brasileña Ivonette Balthazar, de 67 años, que vive con un corazón trasplantado de un medallista olímpico alemán que murió hace un año, decidió participar en una carrera de tres kilómetros realizada a orillas de una playa de Copacabana, en Río de Janeiro.

“El corazón de un atleta late dentro de mí, el de una persona joven”, dijo mientras estaba en la línea de salida y añadió: “Demanda más a mi cuerpo de lo que yo estaba acostumbrada.”

Vestida con mallas y tenis para de correr, con el número 2799 y un papel rojo en forma de corazón pegados en su camisa, Balthazar participó junto a cientos de otros competidores en la carrera que tuvo lugar a lo largo de un famoso paseo marítimo de Río.

Hace tan solo 13 meses, mientras su ciudad natal era sede de los Juegos Olímpicos, Balthazar se enfrentaba a una muerte inminente. Su corazón, que estaba dañado por varios años de fumar y tras sufrir un infarto en 2012, registraba apenas 40 latidos por minuto. Cuando lo normal son entre 60 y 100 palpitalciones.

Aunque estaba al principio de la lista de espera para recibir un corazón, le parecía que ya era muy tarde.

El 15 de agosto de 2016 recibió una llamada del Instituto Nacional de Cardiología. Stefan Henze, un entrenador del equipo olímpico alemán de piragüismo (deporte con canoas) y ganador de una medalla de plata en Atenas en 2004, había muerto en un accidente de auto; el corazón de este atleta de 35 años había sido asignado a Balthazar.

Desde entonces, siente que ella y Henze se han convertido en una especie de equipo:

“Si no tuviera este corazón, no estaría corriendo. Esta carrera de hoy es un reto para mí... y para él”, aseguró.

Aunque regularmente va a fisioterapia en el hospital, la carrera fue la primera actividad importante no monitoreada que realizó desde la operación. Por lo que se encontraba nerviosa y decidió caminar y no correr. Pero a medida que avanzaba ganó confianza y fue aumentando la velocidad. Finalmente, al cruzar la meta empezó a llorar de alegría.

Balthazar dice que incluso en sus días más felices, se siente triste al pensar en la familia de Henze, su donador.

Afirma que le encantaría conocer a su madre, para abrazarla y agradecerle, pero se imagina que esto puede resultar muy perturbador para las personas que fueron cercanas al atleta fallecido.

“Mientras celebro mis pequeñas victorias diarias, del otro lado hay toda una familia llorando”, mencionó la brasileña.

Tras la carrera, Balthazar abrazó a su madre anciana, su hija y sus nietos, antes de posar para fotos luciendo la medalla de la carrera alrededor de su cuello.

Copiando un gesto muy recurrente en los podios olímpicos, Balthazar mordió el premio y comentó: “Esta es una medalla de oro para mí”.

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