Una pequeña canción para Diego y su gente
Hoy Patti Smith representa una fantasía vuelta realidad para muchos hombres y mujeres, que al verla gritaron: “¡Mamita, hazme un hijo!”.
México • La historia del rock&roll tiene en sus páginas y en sus oídos un nombre emblemático, Patti Smith. Como artista fue concebida en Nueva York y como mujer en Chicago, Illinois hace 66 años. Es madre de dos hijos, artista, poetisa y cantante.
En 1975 el grupo de Patti Smith grabó su primer álbum Horses en los estudios de Jimmy Hendrix Electric Lady Studios, el cual fue producido por John Cale, ex integrante de The Velvet Underground. La portada del álbum tuvo un inmediato impacto, la fotografía realizada por su amigo Robert Mapplethorpe significa un ícono en la historia del rock, en el cual ella sostiene un saco sobre su hombro izquierdo, viste una camisa blanca y tirantes.
Fue impactante por la apariencia andrógina que presentaba con la que rompía los parámetros de la mujer sexy. Hasta la fecha a hecho suya esa manera de vestir, haciendo que su persona tenga una extraña sensualidad.
Se le ha denominado “La madrina del punk” y su música está clasificada como “punk rock” a esto ella contesta —denominarlo punk rock es un acto de los medios, los periódicos y los noticeros para especificar algo—: “Lo que yo hago es una forma de que el rock&roll regrese a las manos de la gente, que no sea más un asunto de gente de negocios”. La actitud de Patti Smith la convirtió en un ídolo, una “heroína” para la voz femenina, porque no la había.
Formó parte de la historia del famoso bar neoyorquino CBGB que albergó también a personajes como Sonic Youth, The Ramones, Blondie, Television y The New York Dolls, entre otros.
El recinto elegido para presentarse por primera vez en México fue el Museo Diego Rivera Anahuacalli, ubicado al sur de la ciudad. Horas antes de empezar el concierto una lluvia suave e insistente acompañó la espera, de un momento a otro una camioneta blanca entró, y si, Patti estaba en ella, pasó detrás del escenario y con tan sólo una pequeña barrera entre nosotros y ella decidió acercarse a decir “Hello!”, tomó un par de manos, sonrió y se fue.
Poco a poco el escenario quedó rodeado por no menos de dos mil personas, en su mayoría personas mayores, que sin querer se reencontraron ahí, comenzaron a contar historias sobre sus hijos y sus nietos, recordaron anécdotas, revivieron los sentimientos que la era del new wave, el punk y los sonidos posteriores impregnaron su época.
Las luces se prendieron, minutos después sonó una voz femenina comenzó a dar instrucciones y a agradecer a fulano y a zutano por su apoyo para traer a la Smith, las palabras fueron calladas por abucheos y chiflidos, a lo que le siguió la presentación de la banda telonera Saint Tal Vez, o mejor dicho, Saint Maybe. Cuando la apertura se convirtió en miniconcierto el aburrimiento comenzó a inquietar, después de poco más de media hora parecía que todo era tolerable, incluso una chica que con bastante alegría gritó “¡no me importa tener pelos en las axilas!” (si a ella no le importa a nosotros menos).
Patti Smith salió a escena tranquila y feliz, con una vibra jipiosa y alegre. Agradeció la invitación a nuestro país y halagó a Diego y a Frida, así como al museo; entonces dijo: “Esta es una pequeña canción para Diego y su gente”, y comenzó a cantar; los versos mencionaban a los dos pintores, pero en especial su voz se hacía más fuerte al cantar “I feel free in Mexico City”.
Comenzó con Space Monkey, después de dos o tres canciones hizo referencia a los acontecimientos de los últimos días, dedicando la canción “Peaceable Kingdom” a los tres periodistas asesinados en Veracruz. Antes de comenzar “Free Money” se dirigió a la esquina del lado izquierdo del escenario, se sentó y comenzó a llorar, de ahí gateó hasta el centro se levantó y cantó. Le siguieron “Because the Night”, “Redondo Beach”, “Rock’n Roll Nigger”, “Gloria” y uno de los puntos culminantes del concierto: “People have the power”; al cantar ésta, guiándose por su espíritu misionero y acitivista, declaró que el futuro es ahora y que lo más importante es la naturaleza.
Alzó los brazos y gritó: “¡Queremos paz, queremos libertad!”. Terminó dedicándole la canción “Wing” al fallecido Adam Yauch, fundador de Beastie Boys, con ese sentimiento del fin de una vida y la añoranza de la lucha por algo mejor. La noche terminó y, con ella, Patti Smith.








