Solo un niño llegó a clases en La Injertada
Santiago Ocampo asegura que desea estudiar para ser maestro. El gobierno de Michoacán había anunciado que los estudiantes que no han podido iniciar el ciclo escolar por un conflicto entre laicos y religiosos arrancarían ayer el curso.
Santiago Ocampo de la Paz caminó 3 kilómetros para llegar a la aula.
México • Son las cinco de la mañana. Santiago ni siquiera se desayunó sus galletitas ni se bebió su agua. El único interés que se le miraba en el rostro era su gana de iniciar ya su segundo año de primaria.
Eso muy a pesar de las advertencias de su madre: “Me dijo que van a venir acá a quemar también esta escuela y a nosotros”. Pero este niño, de apenas siete años, tiene un objetivo “estudiar para ser maestro, porque quiero dar clases”.
Con esa meta puesta en su mente, la madrugada de este martes Santiago Ocampo de la Paz caminó tres kilómetros entre el follaje, el arroyo crecido y la terracería para llegar a la escuela primaria José María Morelos y Pavón, enclavada en la comunidad La Injertada, Michoacán.
Puntual llegó al colegio, pero su mirada se descantó cuando se enteró que fue el único de más de 250 alumnos de primaria y de telesecundaria que aceptó ser enviado por sus padres fuera de esta comunidad, como consecuencia del conflicto interreligioso y político que se padece en Nueva Jerusalén desde hace ya varias décadas, y que se agudizó luego de que previo al inicio del presente ciclo escolar, fanáticos religiosos quemaran y destruyeran la escuela primaria Vicente Guerrero porque no se acepta la impartición de la educación laica.
Peor aún e incomprensible el que a Santiago y al resto de los niños y niñas de Nueva Jerusalén se les prohíba hacer deporte y mucho menos patear o botar una pelota, porque sus religiosos les advierten que eso es como “agredir a nuestra santísima virgen y al mundo”.
Al ingresar a la escuela primaria José María Morelos y Pavón, el pequeño Santiago no solo se dio cuenta de que fue el único que se atrevió a salir de Nueva Jerusalén para iniciar su segundo año de primaria. También fue testigo de que las seis aulas adicionales que se construyeron, aún no estaban listas del todo.
Faltaban tornillos a la mayoría de los mesa bancos, los pizarrones seguían en el piso y observó que un grupo de trabajadores hacían la mezcla, iban y venían con carretillas, pegaban tubos, barrían afanosamente…
Santiago no fue el único desencantado. El director general de la primaria, el profesor Armando Murguía, señaló a las autoridades estatales de haber tomado una decisión “unilateral” y sacar a los niños de su comunidad sin el consentimiento de sus padres, a pesar de que estaban en desacuerdo.
“De hecho las autoridades quedaron de acudir a la apertura del ciclo escolar, pero ya es mediodía y ni sus luces. Es lamentable que se desatienda a este numeroso grupo de infantes, cuya primera generación de la primaria destruida por los fanáticos religiosos no se pudo graduar”, lamenta el profesor Munguía.
A pesar de las cadenas y candados que están colocados en la entrada principal de Nueva Jerusalén, MILENIO Diario pudo entrar a esa zona y entrevistar a Emiliano Juárez Damián, líder de los padres de familia que se rehusaron a enviar a sus hijos a la escuela.
“Lo hicimos porque tenemos miedo y desconfianza no solo del grupo religioso que encabeza Martín de Tours; también de las autoridades, en particular del secretario general de Gobierno, Jesús Reyna García, quien se ha inclinado en favor de los fanáticos religiosos, siendo que ese grupo fue el que destruyó la primaria Vicente Guerrero”, aseveró Juárez Damián.
Un grupo de madres de familia se suma al señalamiento de su vocero al asegurar que la gente de Martín de Tours “es capaz de cualquier cosa, porque sabe que cuenta con el apoyo de Jesús Reyna, por eso tenemos miedo, porque con su línea satánica son capaces de todo”.
Pero al niño Santiago no le amedrenta Martín de Tours ni su gente… “Yo lo que quiero con todas mis ganas es estudiar, aprender a leer y escribir para dar clases”, reitera antes de poner su mochila en el hombro y retomar el camino intrincado de regreso a Nueva Jerusalén.









