Edición:

Grandes Ligas La temporada perfecta: 14-0

El Ángel Exterminador •

Hay en los anales de la historia un equipo que lo logró: los Delfines de Miami en 1973. Dice la leyenda que los jugadores de entonces aún se reúnen para brindar cuando pierde un equipo invicto.

México • Hay un equipo de futbol americano que logró la perfección. El único: los Delfines de Miami, quienes desde 1970 lograron su primer temporada ganadora con un total de diez ganados y cuatro perdidos, cayendo en postemporada contra Los Vaqueros de Dallas. Ya en 1971, el aun joven coach Don Shula logró llevar a su equipo al SuperBowl 6, en el cual fueron borrados del mapa por Tom Landry y sus chicos de la estrella solitaria; después de ello, nadie daba un centavo por los de Florida. Se rumoraba que Shula era bueno pero no lo suficiente para llevar a su equipo a ser un estelar, era algo que corría por los pasillos de la aún novedosa liga. Eso calaba y recio, pues un 24-3 en el juego de campeonato sepulta a cualquiera. Mas el brillo del blanco y el vigor del aqua y naranja estaban destinados a otras cosas, algo que cambiaría para siempre la historia y el rostro de la liga.

Antes de iniciar la temporada del año del señor 1972, esos Delfines en el campo de entrenamiento bromeaban al respecto con el linebacker Nick Buoniconti: “¿Cuántos partidos vamos a perder esta vez?”. A lo que él respondió: “Todos sabemos que nadie es imbatible”.

Y las cosas no empezaron bien. Ya en el quinto partido habían perdido al mariscal de campo estelar Bob Griese, eso aunado al temor constante de que la defensa cayera en espiral como había ocurrido contra los Vaqueros en el juego del Superdomingo 6, pues les pasaron por encima de tal manera que fueron bautizados como “la defensa sin nombre”. Eso y que el poder ofensivo de sus corredores siempre recibió más publicidad. Y es que sabemos bien que sin defensa no se gana. Como diría un viejo coach ofensivo a su contraparte durante una práctica, ¿de qué sirve que yo meta 35 si me meten 62?

Así pues, fue el viejo Earl Morrall quien tomó las riendas del ataque esa temporada y la defensa pasó de ser categorizada como una coladera una muralla azul cuyo oleaje se hizo impenetrable. Don Shula demostró entonces de qué estaban hechos estos mamíferos marinos, pues cambiando el plan de juego de toda una temporada logró ajustar las tuercas a tal grado que su grupo de corredores promedió por primera vez una temporada de mil yardas.

Csonka, Morris, Warfield, Little, Evans, Buoniconti, Stanfill, Anderson, Scott, nombres que pasarían a la historia como los campeones de la única temporada perfecta en los anales de los deportes profesionales de todos los tiempos. La “defensiva sin nombre” daba paso a una dinastía de monstruos del emparrillado.

Y con todo, tuvieron que regresar de partidos que iban perdiendo en más de cinco ocasiones y la sesión de postemporada fue todo menos sencilla. Enero 14 de 1973, el Coliseo de Los Ángeles se volvió el mudo testigo de la historia; enfrente, Los Pieles Rojas de Washington.

Habían pasado por encima de Los Jefes, los desaparecidos Petroleros de Houston, Los Vikingos, Los Jets, Los Cargadores, Los Bills, Los Potros cuando aun eran de Baltimore, Los Patriotas fueron hechos pomada, Los Cardenales, Los Gigantes, Los Cafés y Los Acereros. Los Delfines estaban de regreso y, como diría Manny Fernandez, tackle defensivo, podían sentir el llamado del destino: “Don había llegado a trabajar con nosotros y crecimos juntos, jamás imaginamos que esto podría suceder. Nunca pensamos donde estábamos, solo queríamos ganar el campeonato. Fue todo como una película”.

El marcador final dice poco sobre la batalla. Un modesto 14-7 no da cuenta de todo aquello que tuvo que recuperar la defensa en confianza pues interceptó en dos ocasiones y dejaron noqueados a los ofensivos contrarios. Solo hubo un momento de riesgo, la absurda y jamás olvidada patada de gol de campo que fue bloqueada y convertida en touchdown por el monstruo rojo Mike Bass, que la regresó a las diagonales con dos minutos en el reloj, que sigue siendo el único bloqueo de patada en la historia de los Supertazones. Catorce ganados y cero perdidos. Es la única edición de anillo de Supertazon que incluye la leyenda “temporada perfecta”. Cuenta la leyenda que aún se reúnen a beber refresco y brindar cuando cada año el equipo que va invicto pierde su primer partido. Y es que la hazaña sigue brillando.