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Lluvia de rosas rojas en el estreno de "La mujer sin sombra" de Strauss

Cultura •

La ópera, que dura cuatro horas y media, se desarrolló en medio de una escenografía construida con recursos tecnológicos.

México • Aplausos efusivos y estremecedores en la sala marcaron el estreno de la ópera La mujer sin sombra, Op.65, de Richard Strauss, con libreto de Hugo von Hofmannsthal, que Sergio Vela montó en el Palacio de Bellas Artes, en el 28 fmx-Festival de México.

Las voces de los cantantes extranjeros atraparon al auditorio, sobre todo porque las tesituras que se necesitan para dar vida a una ópera como ésta, cantada en alemán, no son muy comunes en México, según la opinión de los conocedores.

El dramatismo que imprimieron a sus personajes el tenor Carlo Scibelli, en el papel del Emperador; la soprano Rebeca Nash, como la emperatriz; la mezzosoprano Malgorzata Walewska, interpretando a la nodriza; el bajo Noé Colín, como Barak, y su mujer, interpretada por la soprano Olga Sergeyeva, les fue recompensado con una larga ovación y una lluvia de rosas rojas.

La ópera, que dura cuatro horas y media, se desarrolló en medio de una escenografía construida con recursos tecnológicos, como el diafragma para dar pie a la aparición de escenas y personajes, como si se tratara del encendido de una pantalla de televisión, idea de Philippe Amand.

Todo para dar paso a la historia de la hija del señor de los espíritus “Keikobad”, quien al proceder del mundo inmaterial, carece de sombra, y debe dar a luz a un hijo del emperador de las islas del sureste, de lo contrario, el hombre se convertirá en piedra.

La obra contó con la narración, a principio de cada acto, del escritor Fernando Fernández, quien ubicaba al espectador sobre lo que vería en el escenario, espacio que, en un momento fue enriquecido por un bosque de esculturas de madera, diseñado por el artista plástico Jorge Yázpik.

La ópera estuvo lejos de acercarse al montaje que ofreció el Met de Nueva York hace más o menos una década, donde la imaginación no se escatimó y se recurrió a la recreación de un pueblo con todo y vacas. Incluso hasta la NASA participó en la iluminación, con el objeto de producir el efecto de que la protagonista, efectivamente, se quedara sin sombra. En cada uno de los tres intermedios varios espectadores fueron dejando la sala, que al final se quedó a la mitad de su capacidad.

La Orquesta del Teatro de Bellas Artes, bajo la batuta de Guido Maria Guido, llevó de manera espléndida a los cantantes.

Gerardo Estrada, director del fmx, reconoció que esta ópera costó alrededor de 10 millones de pesos. Se trata de una inversión cuantiosa, si se considera que el presupuesto de todo el año de la Compañía Nacional de Ópera es de unos 17 millones de pesos.