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Vivir para contarlo, con sus retratos hablados

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Estuvo en siglo 21 y después pasó a Público-MILENIO, donde concibió el retrato hablado, una sección fija donde dejaba hablar a sus sorprendentes personajes comunes.

Guadalajara • Nadie en Jalisco como Juan Carlos Núñez Bustillos (Guadalajara, octubre de1968) para hablar con la gente y luego contarlo.

En su Retrato hablado son los actores de la vida cotidiana, los hombres y mujeres que se ganan la vida de todas las formas imaginables, desde la humildad del peluquero o el barbero, el bolero que lustra zapatos, el basurero, el vendedor de chucherías, de tortas ahogadas o de “toques” eléctricos; y de ahí brincar a los que elucidan los crímenes con ciencia o con métodos arcaicos, los que procuran caridades, los que confiesan a los pecadores o las que bailan para ellos, los que hacen tesis profesionales para estudiantes anodinos o los que construyen empresas para poder decir que fueron alguien.

Los oficios son el hombre, si se parafrasea la conocida máxima del conde de Buffon. Y el oficio de este hombre ha sido, desde 1988, ser reportero. Junto con su colega de generación en el Iteso y también periodista, Ignacio Pérez Vega, cuenta cómo se introdujeron en los misteriosos vericuetos de la profesión, el paso por las radiodifusoras Acir y XEJB, la cobertura de los deportes y de las elecciones federales de 1988, cuando se pusieron las bases de la transición democrática mexicana.

Juan Carlos terminó Ciencias de la Comunicación y partió a Madrid, España (Colima tiene un homónimo, modesto poblado de clima tórrido pero también con fiestas de toros y toda la cosa). En El País cursó el famoso master de periodismo y recibió puntuales enseñanzas de los maestros del oficio; con ese bagaje y muchos viajes, desempacó en el diario Siglo 21, que cambiaba la historia del periodismo jalisciense, en el curso de 1993.

Se comprometió con ese proyecto que trataba de darle a la gente información abierta y sin compromisos, daba cobertura a las mejores causas de la sociedad civil y criticaba con bases el ejercicio de gobierno y a las mafias del poder.

También descubriría la ciudad en los personajes de sus calles, sus iglesias, sus teatros y sus plazas, y se haría vocero de sus historias y de sus preocupaciones. Pero Juan Carlos no nada más se interesa por las personas; es un ávido consumidor de alimentos y artesanías, y ha realizado guías de comida tradicional de los rincones más inopinados de Jalisco. Así, es sibarita, pero a su modo, porque nomás pisó un lupanar cuando acudió a entrevistar a la infaltable bailarina exótica, mientras les negó a sus amigos la posibilidad de una despedida de soltero en la que vería mujeres hermosas, peligrosamente curvadas y desinhibidas. Cómo, si se casaba a la semana siguiente con Elba, la comunicóloga devenida en educadora ambiental que ha sido su compañera de vida por más de diez años.

Ante la diversidad de sus apetitos, no es casualidad que este periodista está dotado de un enorme sentido común. Eso lo llevó a escalar hacia la edición, en la que benefició a muchos colegas con sus recomendaciones de un estilo directo y sencillo, de fácil comprensión pero no por eso menos nutrido del conocimiento para el servicio de los lectores, e incluso, fue un par de años Ombudsman del lector en esta casa editorial.

De Siglo 21 pasó a Público-MILENIO. Allí editó y reporteó, y fue cuando concibió el Retrato hablado, una sección fija de los sábados donde dejaba hablar a sus sorprendentes personajes comunes.

Heredero de la preocupación social que le transmitieron sus padres, Juan Carlos Núñez Hurtado y Graciela Bustillos, Juan Carlos expresa ese impulso en el tipo de personajes que selecciona. Pero no es restrictivo, parece creer en una suerte de verdad que surge de ese gran rompecabezas armable de seres con sabor, música y sentido. Como Chesterton, exalta en el hombre común una especie de plan o diseño que todo lo rebasa.

Retrato hablado se presenta hoy en la Casa Iteso-Clavigero, a las 19.00 horas.