Edición:

Un fiscal y agentes de la DEA intentaron comprar a Zuno

Política •

Al mexicano acusado de conspirar para matar a un agente antidrogas de EU le pidieron incriminar a los ex presidentes López Portillo, De la Madrid y Echeverría; éste último, según sus hijos, pensó que sí lo había inculpado.

México • El caso de Rubén Zuno, el mexicano que falleció el martes pasado luego de que permaneció encarcelado 23 años en Estados Unidos, estuvo plagado de irregularidades: la fiscalía del caso en Los Ángeles y agentes antinarcóticos estadunidenses compraron testigos para que declararan contra el hermano de María Esther Zuno, quien fue esposa del ex presidente Luis Echeverría.

Zuno fue acusado de haber conspirado para perpetrar los asesinatos de un agente de la DEA (Enrique Camarena) y de un piloto mexicano (Álvaro Zavala), ocurridos en febrero de 1985.

Pero antes de eso, el fiscal del caso, Manuel Medrano, así como miembros de la DEA, intentaron cooptar al propio Zuno. Así lo aseguraron dos de sus hijos, Ruth y José Guadalupe, durante una entrevista con MILENIO realizada pocos días antes de la muerte de su padre.

Ruth: En Estados Unidos a mi papá le habían ofrecido: ‘Ok, usted háblenos, díganos, firme aquí una confesión de que estos y estos y Echeverría estaban metidos con el narco…’

José Guadalupe: Querían que inculpara a Echeverría, a López Portillo, a Miguel de la Madrid, a Bartlett, a todos ellos…

—¿Exactamente eso le ofrecieron allá? ¿Lo mismo a los policías mexicanos que fungieron como testigos pagados y que aceptaron decir lo que fuera?

Ruth: Sí. Y decía mi papá: ‘¿Cómo voy yo a inculpar a alguien así? Va contra mis principios. Yo no puedo inculpar a nadie, yo no sé nada del caso, yo no puedo saber que ellos tengan que ver en algo. Yo qué sé quiénes los mataron y quiénes estuvieron cuando los mataron. No los voy a inculpar’.

Zuno fue acusado por la fiscalía ya que el asesinato de Camarena y Zavala se perpetró en una casa que había sido propiedad del jalisciense. A pesar de que Zuno exhibió durante el juicio pruebas de que esa vivienda ya no era de suya (contrato de venta, copias de los pagos), el jurado, influido por el fiscal (éste alegó que en México se podían comprar y falsificar toda clase de documentos), desechó las evidencias de la defensa.

Y en México, las cosas no estaban mejor para Zuno. El ex presidente Echeverría supuso que su cuñado sí lo había involucrado antes de que iniciara el juicio.

—¿Le habló su padre a Echeverría para contarle esto? —se les preguntó a Ruth y José Guadalupe.

Ruth: Sí. Y Echeverría no le quiso contestar porque al parecer pensó que mi papá lo había inculpado y que quería negociar con él, o algo así. No le quiso contestar. Me consta, porque yo estaba ahí, a su lado, cuando le llamó varias veces. Mi papá les decía a los ayudantes de mi tío: ‘¿Por qué no me contesta? ¡Díganle que me conteste!’. Y nada, nunca le contestó. Y por supuesto, mi papá nunca lo involucró.

El caso fue un escándalo en México y Estados Unidos: los testigos inducidos por la fiscalía y gente de la DEA no solo acusaron a Zuno cuando éste no cooperó: intentaron involucrar a los ex presidentes Echeverría, a José López Portillo y a Miguel de la Madrid, así como a dos miembros del gabinete de éste último: Juan Arévalo Gardoqui y Manuel Bartlett. Pero no solo a ellos, también a Enrique Álvarez del Castillo, ex gobernador de Jalisco y ex procurador general de la república, así como a Javier García Paniagua, quien fuera titular de la Dirección Federal de Seguridad.

Sobre ese momento en que empezaron a surgir las imputaciones a diestra y siniestra, el ex presidente Carlos Salinas de Gortari, en el libro que redactó acerca de su gobierno (México, un paso difícil a la modernidad, Plaza y Janés, 2000), cuenta:

“(…) Finalmente el procurador general, Ignacio Morales Lechuga, indicó que enviaría un mensaje al Departamento de Justicia de Estados Unidos para expresar que el fiscal del caso, Manuel Medrano, había lanzado expresiones injuriosas contra nuestro país, por lo que podría ser ‘sujeto a una acusación formal por calumnias y se le abriría un proceso en México, con las delicadas repercusiones jurídicas y diplomáticas que esto acarrearía.”

Luego narra cómo empezaron a brotar evidencias de la compra de testigos:

“(…) En mayo de 1992 el procurador se enteró de un hecho que se haría público más tarde: un ciudadano mexicano residente en Las Vegas denunció ante el cónsul mexicano en Los Ángeles, José Ángel Pescador Osuna, que varios agentes de la DEA le habían solicitado trabajar para ellos contra Zuno a cambio de una gratificación. En diciembre de 1992 la PGR alertó que los testigos presentados en el caso Zuno no eran confiables, dados sus antecedentes penales, por haber recibido dinero de la fiscalía y además por haber sido cómplices ejecutantes en varios de los crímenes que se juzgaban. De acuerdo con el procurador, la fiscalía estadunidense mostraba proclividad a asociarse con algunos responsables de los delitos para incriminar a personas ajenas a los hechos.”

• • •

Zuno ya había comparecido varias veces ante la fiscalía angelina y vuelto a México. Sin embargo, fue requerido en una ocasión más. Sus familiares, incluida su hermana María Esther, le pidieron que ya no volviera. Él no hizo caso. Alejandra, una de sus hijas, narró por escrito a MILENIO el pasado miércoles:

“Él volvió para que ninguno de sus hijos (Ruth, José Guadalupe, Rubén, Flor, Ana Isabel y Luis, del primer matrimonio; y Alejandra, José Alberto y María Esther, de su segunda esposa) agacharan la cabeza jamás y para que supiéramos que era inocente. El legado que me dejó a mí fue la última plática que tuvimos en persona antes de irse allá. Me dijo con toda seriedad:

“Jamás hagas algo que te obligue a bajar la mirada. Si voy de regreso a Estados Unidos es para que cada uno de ustedes sepa quién es su padre…

“Mi papá murió solo, lejos del país que amaba profundamente, como un criminal, atado de pies y manos, pero con la frente bien en alto.”

Debido a que padecía cáncer terminal, las últimas semanas de vida Zuno no las pasó en la prisión de mediana seguridad de Coleman, Florida, ubicada a unos 80 kilómetros de Orlando, donde era el preso número 43203-080, sino en un hospital cercano de la pequeña ciudad de Leesbourg. Ahí, a pesar de su vejez y enfermedad, cuando no le daban quimioterapia, permanecía acostado, esposado de ambos tobillos y la muñeca derecha a una cama, ante la cual era vigilado por un par de celadores.

MILENIO le preguntó a otros dos de los hijos de Zuno si no cuestionaron a su padre sobre las imputaciones que le hacían. Cuenta José Guadalupe:

—Mira, yo soy piloto aviador, como mi papá. Él era economista, pero tomó clases de aviación. Yo sí soy profesional. Salíamos de Mascota (municipio serrano de Jalisco donde tenían un rancho y un aserradero) y lo primero que hacía mi papá era volar en avioneta directo a buscar… plantíos mariguana.

Ruth, su hermana, interviene:

—Ah, sí, para delatar, ¡uf!…

—¿Se subían a una avioneta y tu papá andaba buscando plantíos de droga? —se le pregunta a José Guadalupe.

—Sí, era volar y encontrar plantíos. A mí me tocó ir con él aquí, a la 15 Zona Militar y les decía a los militares, señalando en un mapa: ‘¡Aquí tienen sembrado (golpea en la mesa, ante una mapa imaginario)! ¡Y aquí! ¡Y acá! ¡Y acullá!’… Todos le decíamos: ‘Oye pa, ¿pa qué te metes? No tiene caso, jefe. Si tú no tienes miedo que te vayan a hacer algo a ti, piensa en tus hijos, no en los grandes, sino en los chiquitos’… Un tío le dijo un día: ‘A ver Rubén, enséñame la charola’. Y él le respondió: ‘La charola, ¿cuál charola?’. ‘Sí, la de Federal, ¡que ya andas denunciando gente y la fregada!’. Estaba enajenado con eso… Y por eso yo estoy cien por ciento seguro de que jamás anduvo metido en eso…

—Supongo que, a lo largo de estos 23 años, en algún momento ustedes, como hijos, le habrán mirado a los ojos y le habrán preguntado: ‘Papá, ¿tú conocías a esas personas, tenías trato con esas personas?’… —se les cuestiona sobre quienes participaron en el asesinato del agente de la DEA y el piloto mexicano. Ruth responde primero…

—Yo no le pregunté así, pero te voy a decir una cosa: cuando tú vives con tus papás, tú te das cuenta de lo que hace tu papá, de aquello a lo que se dedica. Yo nunca vi nada raro en mi casa, ni hombres raros ni nada. Mi papá estaba limpio. Éramos una familia normal. Normal entre comillas, porque mi papá trabajaba en el gobierno (Conasupo) y tenía guardaespaldas, los que puso Echeverría cuando él estaba en la Presidencia por ser mi papá su cuñado. Nada más.

—¿Y en la época que sucedió esto, en la de Salinas de Gortari, qué hacía su papá? —se les inquiere. Contesta José Guadalupe:

—En la época de Salinas, Jorge de la Vega Domínguez (quien en algún momento fuera líder nacional del PRI), que era director de Conasupo cuando mi papá estuvo ahí, le dio un puesto en Conafrut, porque él (De la Vega) ya estaba en (la Secretaría de) Agricultura.

—¿Y era empresario además de eso?

—Sí, en Mascota teníamos un aserradero y una industrializadora de productos agropecuarios: enlatábamos chiles jalapeños, pulpa de guayaba, duraznos en almíbar. Maquilábamos, por ejemplo, a Comercial Mexicana. Teníamos una huerta de guayabas grande. Hacíamos cajas para fruta y jitomate en el aserradero. Luego cerramos porque esto no solo le pegó a mi papá, nos pegó a todos… Nosotros vivimos al día. Si vieras la manera en que vivimos nosotros, deudas, esfuerzos (él es corredor inmobiliario y tiene una pequeñita fonda de pescados y mariscos en Zapopan)… Mi hermana vive bien porque su marido tiene sus negocios (es arquitecto)…

—Y tú, José, ¿le preguntaste a tu padre?

—Yo tengo cien por ciento de seguridad de que mi papá, jamás en su vida, ¡jamás en su vida!, se dedicó al narcotráfico ni tuvo tratos con criminales, y mucho menos para torturar y matar a alguien…