Fiesta y comilona en la Merced
La fiesta es dentro de las naves mayor y menor, pero se extiende por todas las calles del barrio.
Ciudad de México • Cincuenta y cinco años de historia merecen ser bien festejados. Unas cinco calles antes de llegar a la nave mayor del mercado de La Merced ya se puede escuchar el ruido del sonido, difícil identificar alguna canción, pues el DJ no deja de hablar y mandar saludos a cuenta persona pasa por su mente, desde compadres, vecinos, amigos, pasando por el que lo contrató hasta llegar a la festejada: la virgen de la Merced.
Entre la multitud que va de compras, se ven montones más grandes, las filas de más de 20 personas te lleva hasta donde regalan un taco y refresco con un poquito de tequila. La gente tiene que hacer malabares para cargar las bolsas del mandado, cuidar que no se caiga el plato y el vaso, además, esquivar a la gente y a los diablitos cargados de mercancía, algunos otros, también cargan varios años encima.
Quienes buscan la fiesta son jóvenes, ya sea que lleguen en grupos o por parejas, otros rondan en los 45 y 50 años, pero en su mayoría son hombres solteros.
La gente que no se viste con sus mejores galas para el baile, usa lo mismo de todos los días: ellos, los cabellos parados con mucho gel para que aguante todo el día; ellas, maquillaje que se pueda notar a varios metros de distancia, algunas optan por el bling-bling en la ropa, pero son pocas, la comodidad para bailar es lo importante.
Conforme avanzan las horas se dejan ver más puestos de cerveza en la calle: micheladas, cubanas, caguamas, de barril, clara, oscura, como se antoje. Poca es la variedad, ya que son escasos los puestos que ofrecen tequila y pulque, que se venden bien, pero no mejor que la cerveza.
La fiesta inicia temprano y aunque no está en su mejor momento desde las 10 u 11 de la mañana ya se puede empezar a comer, beber y bailar. Entre los empujones, las pruebas de sonido y la música también a esa hora se ofician las misas en los altares que se ponen a la virgen, las cuales tienen poca asistencia, pero algunos, por lo menos, se paran a persignarse.
Aunque en esencia la fiesta es la misma, dentro de la nave principal del mercado de La Merced hay un ambiente completamente diferente. Los gritos de los verduleros se cambiaron por grupos que tocan en vivo.
Por los pasillos se ven a más familias y gente que en su mayoría pasa de los 50 años, aunque traen la bolsa del mandado.
Aquí los altares son más y con mayor inversión, les colocan varios arreglos florales, fuentes, veladoras, luces y en su mayoría abarcan todo un puesto. A algunos les alcanzó para regalan la imagen de la virgen, pero lo que no puede faltar son Las Mañanitas ya sea con el mariachi, el grupo versátil o los norteños. Sin duda, un festejo más religioso.
Es mayor el número de personas que regalan comida al interior del mercado, doña Concepción Morán preparó 20 kilos de arroz y 20 de pollo con mole, pero quien llega con ella se va también con agua de Jamaica y tortillas. Más adelante, la familia Martínez hizo el mismo menú, pero para 300 personas, las filas son constantes y siempre hay más de 30.
La tradición se mantiene gracias a los propios locatarios, ya que no hay una persona que los organice, cada quien ahorra a lo largo del año para ofrecer algo a sus clientes o a quien llegue En su mayoría son las familias las que se ponen de acuerdo, pero también al interior de la nave mayor hay un aproximado de 30 organizaciones que ahorran para el festejo.
La Merced costa de ocho mercados: la nave mayor, la menor, Mixcalco, Ampudia, el de comida, de flores y un paso a desnivel, todos, en una superficie de 46 mil metros cuadrados, tan sólo la nave mayor es de 18 mil metros cuadrados y ahí conviven un aproximado de 5 mil comerciantes.
Las grillas y disputas no perdonan ni en los festejos de la virgen de La Merced. “Los de adentro” se quejan “de los de afuera”, porque aseguran que les quitan clientes.
“No sé qué es lo que festejan ellos, se han estado apostando en las afueras, en las calles adyacentes, estacionamientos, quieren sentirse parte de nosotros, pero nosotros decimos que también tiene un derecho, pero el de ellos parece que estar por encima del de nosotros, son tolerados por la autoridad administrativa”, comenta Carlos Villalba, secretario general del mercado de La Merced.








