Cuautepec, la favela mexicana
Vecinos que habitan en el cerro del Chiquihuite y el límite con la sierra de Guadalupe carecen de servicios básicos y se alojan en casas con techos de lámina en asentamientos irregulares.
Vecinos dicen que viven ahí porque no tienen otro lugar.
México • Los propios habitantes de la zona las llaman las favelas mexicanas, pues las condiciones de pobreza, marginación e inseguridad, así como las viviendas situadas en asentamientos irregulares en estas colonias de Cuautepec, en la delegación Gustavo A. Madero, no envidian en nada esas regiones brasileñas.
No hay pavimento en las calles, las casas están construidas de adobe con techos de lámina y sobre asentamientos irregulares, en laderas del cerro, a su resguardo, donde la gente apenas cuenta con los servicios básicos pero siempre con el riesgo de un deslave que destruya su hogar.
Esto es la zona de la sierra de Guadalupe y el cerro del Chiquihuite, en Cuatepec, delegación Gustavo A. Madero, en la Ciudad de México, sí, la más avanzada del país.
Aquí las calles tampoco tienen nombre ni las casas número, hasta los pobladores desconocen la denominación de la colonia: “¿Dónde empieza Barrio Alto y dónde Barrio Bajo?”, preguntan.
En 1897, tras una guerra en Brasil el gobierno prometió a aproximadamente 20 mil soldados un hogar; sin embargo, al no cumplir, tomaron colinas y construyeron chozas allí. En Cuautepec después del sismo de 1985 la administración local comenzó a reubicar a familias en el cerro del Chiquihuite, pero grupos de choque aprovecharon para invadir predios y venderlos. La historia es distinta, la situación no tanto.
Gregorio Martínez es una de las casi 80 mil personas que —se estima— habita de manera irregular sobre la sierra de Guadalupe, y que desde hace casi 10 años llegó junto con su familia a Barrio Alto, una de las colonias más altas de las 45 de Cuautepec, pues su situación económica de entonces no le permitió comprar en otro lugar.
“Llegamos en una situación muy pobre, no teníamos drenaje ni luz, con ayuda de los vecinos nos hemos estado haciendo de algunas cosas y servicios provisionales. Nos venimos porque no teníamos dónde vivir y en aquél tiempo nos dieron un poco barato el terreno y la necesidad, es por eso que es en el cerro”, recuerda.
Para llegar a su hogar debe subir a diario por un camino de rocas habilitado como escalera, que por la inclinación, dice, parece más alpinismo, pues el microbús que toma en Indios Verdes lo deja a dos kilómetros de su casa, ni las decenas de taxis pirata que también distinguen a Cuautepec lo llevan hasta allá, donde también tiene un negocio de tlapalería.
De acuerdo con Protección Civil capitalina, estas personas que habitan sobre la sierra de Guadalupe y cerro del Chiquihuite se encuentran en uno de los puntos de más alto riesgo de la capital. Los deslaves de hace un par de años que aplastaron casas y evacuaron a cientos de vecinos, además de provocar dos fallecimientos.
“Zona de alto riesgo es donde quiera, así nos vayamos en lo planito, en lo alto del cerro, en unos departamentos donde el gobierno nos envíe es zona de alto riesgo, tratamos de tener la precaución de que no pase nada”, considera Gregorio Martínez.
“Adónde más podemos ir, no tenemos adónde ir. No tenemos el presupuesto para irnos a otro lado, aquí nos tenemos que aguantar. Aquí la vida nos ha tratado de la patada y tenemos que estar aquí”, indica Esteban Hernández, quien reside en la zona d esde hace más de 8 años.
“Las casas están construidas no cimentadas sino sobre la estructura del cerro, no hubo un aplanamiento ni un desgajamiento para aplanar el terreno, es un riesgo latente”, sostiene Aldo Carrillo, habitante de la zona regular de Cuautepec desde hace dos generaciones.
Y es que bajo la gestión de José Parcero López, último delegado priista, comenzó a construirse una barda que limitaba la construcción de viviendas en la sierra de Guadalupe, considerada zona ecológica, sin embargo no se terminó y eso permitió la invasión de predios.
Hace poco más de 10 años y luego de un deslave, el GDF edificó una barda para evitar otro accidente. Ningún perímetro de ambas bardas fue respetado y las construcciones continuaron y siguen.
Desde hace cinco años que llegó, Leonor Hernández no paga servicios, porque legalmente no cuenta con ellos, “se cuelga” de la luz y el agua, aunque asegura estar dispuesta a pagar.
“No nos quieren dar los servicios, ahora sí que estamos colgados a la brava porque según esto es zona ecológica, no nos quieren dar servicios”, explica.
Varias administraciones delegacionales en Gustavo A. Madero han tenido diversos casos que atender por esta situación, con políticos de renombre como Jesús Zambrano y Joel Ortega incluidos, la invasión en asentamientos irregularidades continúan y sigue.
Tan solo la actual gestión con el entonces titular, ahora diputado local electo, Víctor Hugo Lobo, fue llamado a comparecer ante la Asamblea Legislativa por irregularidades en la materia.
Diputados acusaron a Lobo de reportar la construcción de obras nuevas en el denominado muro verde en las inmediaciones del Chiquihuite paramitigar el efecto de las lluvias, no obstante, denunciaron que estas edificaciones no existen y que además se negó a informar los recursos que gastó en ello.








