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Pornógrafas: lúdicas, sensuales, diferentes

El Ángel Exterminador •

La muestra 'Cine y sexo: la mirada femenina' ha dejado claro que el cine para adultos hecho por mujeres está más cerca de la poesía de Safo que de los brotes de sífilis.

México • Manos que se unen, pieles que se exponen, sexos que se muestran, lenguas que se encuentran, dedos que indagan, narices que husmean, bocas que sonríen. Partes del cuerpo que se desenvuelven en ese orden pero también se mezclan: manos que encuentran sexos, bocas que se unen a pieles, sexos que sonríen a narices… en el cine pornográfico hecho por mujeres hay de todo: un poco de cine de arte, mucho humor, buenas (o, cuando menos, diferentes) historias, sensualidad, excitación. Porque no es un mito: las pornógrafas existen; se han dejado ver en la muestra Cine y sexo: la mirada femenina, organizada por Ensamble Húmedo y presentada en diversas sedes culturales.

¿En qué son diferentes las producciones realizadas por mujeres de aquellas hechas por hombres? ¿Qué cambia en el discurso de las cintas realizadas en el Valle de San Fernando de aquellas que se hacen en Suecia?

Quienes hayan visto aunque sea una producción porno sabrán que en ellas se minimiza la participación femenina (convirtiendo a las mujeres en mero objeto a disposición de los varones), privilegiando la penetración y la eyaculación masculina. Incluso aquellas producciones lésbicas o con la participación tras bambalinas de alguna mujer suelen centrarse en el momento del encuentro sexual, olvidándose de preámbulos, historias o epílogos.

Sin embargo, para Candida Royalle, productora y directora estadunidense de películas eróticas y ex actriz porno que pronto cumplirá 62 años, “nosotras no queremos solo ver dos personas entrando en un cuarto y empezando a tener sexo. Queremos saber quiénes son esas personas, por qué están teniendo sexo y qué clase de sexo tendrán. Pero no somos flores delicadas. Nos gusta ver sexo, nos gusta verlo bien hecho, no necesariamente queremos que cada escena termine con una eyaculación, y menos con una en la cara de la mujer”.

Royalle habla con conocimiento de causa: es miembro de la American Association of Sex Educators, Counselors and Therapists, así como fundadora de Feminist for Free Expression. Su producción Afrodite Superstars, dirigida por Venus Hotentote, fue nominada a siete premios de la AVM en 2007. Sabe de sexualidad y de pornografía. Buena mezcla. ¿Al público, tan acostumbrado a esas producciones donde el tamaño sí importa (ya sea del pene, de los tacones, de los encuadres o de los diálogos), le gusta este estilo? Parece que sí.

A ponerle a nuestro vicio…

Todas las sillas del Teatro Bar El Vicio están ocupadas. Algunos asistentes llegaron minutos antes, para ubicar un buen lugar, pedir algún trago y hasta una pizza para ver durante el cachondeo; otros, justo al inicio de la cinta: Dirty Diaries, un collage de cortos realizados por las directoras suecas Joanna Rytel, Elin Magnusson, Sara Kaaman, Ester Martin, Nelli & Andreas, Tora Martens, Ingrid Ryberg, Asa Sandzén, Universal Pussy, Wolfe Madam, Jennifer Rainsford, Pella Kagerman y Marit Östberg.

Para quien no sabe qué esperar, las primeras escenas son una delicia: una pareja enfundada en un traje que les cubre absolutamente toda su anatomía realiza aquello que se suele hacer sin ropa: se besan, se tocan, sus bocas se acercan a sus genitales. Pero esa barrera de tela impide que se miren, que se huelan, que se saboreen y, por supuesto, que se toquen sin barreras. Ella toma unas tijeras y comienza a cortar trozos de su indumentaria: su boca, los ojos de su compañero, sus manos, sus senos, los sexos… hasta que terminan desnudos, haciendo el amor. Sí, esa es la frase que llega: “finalmente pudieron hacer el amor” (no un “vaya, ya era hora de que cogieran”).

La siguiente historia está fragmentada: son acercamientos, tomas borrosas, movidas que van de un seno a un durazno, de una vulva a una ola, de un dildo a una flor, de tal manera que uno tiene que ir intuyendo lo que van haciendo los protagonistas, que escupen, gimen, se retuercen y contonean.

El humor se agradece, lo mismo en un corto completo, en donde dos chicas terminan riéndose de los ridículos humos de un mal amante, que en el título de otro, que le da sentido a la historia “Fuck the police” , en el que una graffitera somete a una mujer policía en un edificio abandonado. O entre esas escenas en donde parejas lésbicas luchan en la cama cual gladiadoras del pancrasio hasta que una gana y se adivina el banquete que seguirá tras su victoria. Incluso en el discurso (irreverente, provocador pero un poco inocente y tierno) de la extravagante exhibicionista que va a París a desnudarse y masturbarse en público.

Esto no quiere decir que el sexo duro o aquello que provoca las mayores humedades esté vedado en estas producciones: un corto, que se sostiene con un mismo cuadro todo el tiempo (un close up a un pubis femenino), nos enseña con lujo de detalles cómo se puede realizar un fisting (introducción de la mano en la vagina), mientras que en otro, un par de chicas tiene sexo telefónico hasta alcanzar el orgasmo.

Al final de la función y a diferencia de aquellos días en que hay obra de teatro o concierto en El Vicio, los asistentes se van de inmediato. Nada de sobremesa, de plática sobre el evento. La mayoría sale corriendo para —quiero pensar— perderse en la noche lluviosa y compartir humedades.

De sífilis a Safo

Marianna Palerm Artís, organizadora del ciclo, ha dicho que el cine pornográfico hecho por mujeres ofrece un discurso distinto que desmitifica los roles sexuales estereotipados y obliga al espectador a reflexionar sobre el erotismo y la sexualidad femenina, sus condiciones históricas, culturales e ideológicas en torno a la sexualidad.
El martes pasado, según relató, un grupo de jóvenes cristianos acudieron al Centro Cultural Universitario para repartir propaganda en donde afirmaban que la pornografía genera adicción y propicia la propagación de “enfermedades venéreas”. Sin embargo, se fueron pronto, porque comprendieron, según narra Marianna, “que la mirada de la muestra es en un sentido antropológico y feminista”. El cine femenino parece estar más cerca de la poesía de Safo de Lesbos que de los brotes de sífilis que han paralizado la industria porno del Valle de San Fernando, en Estados Unidos.

Además de las proyecciones, se han realizado mesas de trabajo sobre libertad de expresión, educación sexual, estudio y discursos de la pornografía. En esta primera edición participaron las directoras y feministas Marit Östberg, Jennifer Lyon Bell, Erika Lust, Candida Royalle, Tristan Toarmino y Liandra Dahl. Sus perfiles y los títulos de sus filmes se pueden encontrar en www.ensamblehumedo.org.

Cine y sexo: la mirada femenina se ha presentado en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, el Laboratorio Arte Alameda, el Centro Cultural Universitario y el Teatro Bar El Vicio. Hoy se puede ver, a las 17 horas, Eyes of Desire, de Candida Royalle, el corto Share y el documental Sisterhood, de Marit Östberg, en Tlatelolco, y a las 19 horas los cortos Headshot y Matinée, de Jennifer Lyon Bell, en la sala Julio Bracho. Del 27 de agosto al 1 de septiembre, la muestra se proyectará en el Cine Foro de la Universidad de Guadalajara.