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Enviado del Papa viaja a México para beatificación de religiosa

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Unos cinco mil fieles católicos pertenecientes a la “familia inesiana” viajarán desde diversas partes del mundo para asistir al rito que convertirá a la madre María Inés en la cuarta mujer mexicana en llegar a los altares.

Ciudad del Vaticano • El cardenal Angelo Amato viajó hoy a la Ciudad de México donde mañana sábado presidirá, como enviado del Papa, la beatificación de la religiosa María Inés Teresa Arias.

Según informaron a Notimex fuentes de la Congregación para las Causas de los Santos el purpurado, prefecto de esa oficina del Vaticano, llegará a la capital mexicana para preparar la ceremonia que tendrá lugar en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe.

Amato presidirá la celebración junto al nuncio apostólico Christophe Pierre; el cardenal arzobispo de la Ciudad de México, Norberto Rivera Carrera; el obispo de la diócesis de Yokohama en Japón, Rafael Umemura; otras varias decenas de prelados y más de 400 sacerdotes.

Unos cinco mil fieles católicos pertenecientes a la “familia inesiana” viajarán a México desde diversas partes del mundo para asistir al rito que convertirá a la madre María Inés en la cuarta mujer mexicana en llegar a los altares.

Nacida en Ixtlán del Río (Nayarit) el 7 de julio de 1904, Manuela de Jesús Arias Espinoza (nombre original de la futura beata) ingresó en 1929 a un convento de hermanas Clarisas que se encontraba en Estados Unidos a causa de la persecución anticatólica que estaba en su apogeo en México.

Poco después abandonó el claustro para iniciar su propio instituto religioso. El 22 de junio de 1951 El Vaticano aprobó definitivamente la Congregación de Misioneras Clarisas del Santísimo Sacramento.

Pero la monja no se quedó ahí, fundó también la congregación de los Misioneros de Cristo de la Iglesia Universal. Actualmente esas obras cuentan con 47 casas en 14 países de cuatro continentes.

El 31 de octubre de 1992 la diócesis de Cuernavaca inició los trámites para el reconocimiento de la religiosa como santa. Ella había fallecido en Roma poco más de una década antes, en 1981, a la edad de 77 años y a causa de un tumor en el cerebro.

En México se tomaron los testimonios de 54 personas, colaboradores y quienes la conocieron muy de cerca. En la capital italiana declararon otras nueve, sobre todo cardenales y obispos que tuvieron contacto con ella.

Con esos relatos se abrió la fase vaticana del camino a los altares, entre 1996 y 1999 se redactó la “positio”, un documento pormenorizado que resumió su vida y obra.

Debieron pasar 10 años antes que, el 3 de abril de 2009, Benedicto XVI reconociese las “virtudes heroicas” de María Inés Teresa Arias y la declarase como “venerable sierva de Dios”, el segundo escalón en el sendero a la santidad.

Cumplido este paso la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano estudió el “milagro”, que se sometió al análisis de una consulta médica, de un grupo de teólogos y una comisión de cardenales. El voto fue positivo.

El hecho prodigioso fue la curación inexplicable, completa y duradera de Francisco Javier Carrillo Guzmán, un niño de 15 meses de edad quien, tras caer en una piscina, sufrió asfixia y una miocardiopatía hipóxico isquémica.

El accidente tuvo lugar el 17 de junio de 2001 en el rancho El Rocío, a varios kilómetros de la ciudad de Guadalajara. En su traslado al hospital el menor estaba prácticamente muerto y fue internado en terapia intensiva con un cuadro grave.

Unos días después, el 23 de junio, sus familiares asistieron al convento de la congregación de la madre María Inés y rezaron por la salud total de “Paquito” en una misa con motivo del 50 aniversario de la fundación de ese instituto religioso.

Ese mismo día e inesperadamente el niño empezó a mejorar (comenzó a respirar por sí mismo y a orinar). Durante la segunda semana se recuperó totalmente y el 9 de julio fue dado de alta.

Los documentos de la curación, que los médicos mexicanos calificaron de inexplicable desde el punto de vista científico, fueron presentados a la Congregación para las Causas de los Santos del Vaticano en 2002.

El 27 de junio de 2011 Benedicto XVI certificó el milagro y dio “luz verde” a la beatificación.