Edición:

Los libros del Titanic

Cultura •

Desde Joseph Conrad hasta Guadalupe Loaeza hacemos un recuento sobre algunas de las obras que recrean la historia del trasatlántico.

México • Se ha publicado tanto a lo largo de un siglo que quizá por ello los grandes sellos editoriales no hicieron múltiples apuestas en torno al centenario del hundimiento del Titanic, con lo que en librerías mexicanas suelen encontrarse títulos aparecidos hace algunos años, con una que otra novedad.

Presentamos una relación de algunas obras que se pueden encontrar, más allá de la necesidad de “sumergirse” en las librerías de viejo.

Conrad, el marino

A los 17 años de edad, Joseph Conrad se enroló como marinero en un buque francés y su vida se transformó, al grado que el mar se convirtió en esencia de su obra, amén de que las múltiples aventuras que vivió en esa labor salpicaron diversas partes de su literatura.

Quizá por ello, Conrad no pudo permanecer ajeno a lo que sucedió después del hundimiento del Titanic, cuya reflexión se encuentra plasmada en dos escritos reunidos bajo el título de El Titanic (Gadir Editorial), en los que sobre todo cuestiona los trabajos de las comisiones de investigación, al ofrecer un dictamen hasta cierto punto favorable a los armadores.

Se trata de una crítica a la soberbia de los constructores del buque y, con ello, de la excesiva confianza que el ser humano tiene en sus obras, con la idea de que el Titanic se había convertido en el símbolo de un tiempo que se volvió en contra de la misma sociedad y sus excesos.

Para conocer más

Titanic: historia y secretos (Iberlibro), de Beau Riffenburgh, es más una recopilación de datos y curiosidades acerca de la embarcación, pero que puede satisfacer tanto los intereses de quienes han seguido a la tragedia, como de quienes desean conocer el tema.

En el volumen se describe desde el diseño inicial y la emoción de su primera travesía, hasta la colisión, las investigaciones y las diferentes tareas de recuperación de sus vestigios, información complementada con más de 200 fotografías y hasta copias de curiosos documentos vinculados con el Titanic.

Hacia el futuro

El escritor norirlandés Colin Bateman vivió muy cerca de los astilleros donde se construyó el original Titanic, por lo cual se dio a la tarea de recrear parte de esa historia pero ubicándola en el futuro, bajo el título Titanic 2020 (Siruela Ediciones).

Un libro juvenil en el que se cuenta la historia de Jimmy Armstrong, quien se cuela como polizón en el primer viaje del nuevo Titanic, con el único interés de seguir haciendo travesuras, sin imaginar cómo se transforma su vida desde que está a bordo del buque, también un barco de lujo, que sale de Belfast.

Detalles

Titanic (Grupo Editorial Luis Vives), de Martin Jenkins. Uno de los aspectos que más llaman la atención de los interesados en el tema son los documentos o piezas originales del buque: más allá de la recreación del fatídico viaje inaugural, con toda su gloria o tragedia, está la idea de conocer más de cerca lo que había en su interior.

Bajo ese esquema, el volumen incluye una maqueta de 75 centímetros de largo, la noticia publicada en un diario español, un plano de las cubiertas, desplegables y hasta una recreación del menú y de un billete original de alguien que se salvó del naufragio.

Una visión social

Entre los últimos en enterarse de que el barco se hundía estaban los pasajeros de tercera clase, incluso hubo botes salvavidas que no iban llenos porque no se permitía el acceso a otras áreas.

Algo de ello se narra en el libro Titanic: el final de unas vidas doradas (Lumen), de Hugh Brewster, concebido como una indagación del universo social que estaba a bordo del buque, una aproximación al entramado social, político y económico que se había constituido en el interior del barco.

Un mexicano entre los pasajeros

Hay quien dice que en todo evento de importancia histórica siempre tiene que estar presente un mexicano. En el caso del hundimiento del Titanic fue así, con el abogado sonorense Manuel R. Uruchurtu, cuya vida y experiencia en aquel hecho es recuperado por Guadalupe Loaeza en el libro El caballero del Titanic (Editorial Aguilar).

El libro es una reconstrucción a partir de Elizabeth Ramell Nye, la inglesa a quien Uruchurtu cedió su lugar la noche del hundimiento del navío, luego de ser puesto a salvo en la lancha número 11, en un gesto de caballerosidad.

Uruchurtu sostenía una amistad con el político porfirista Ramón Corral, a quien visitaba en su destierro en París, cuando en su regreso, por distintas razones, le tocó abordar el lujoso buque.

Guadalupe Loaeza indagó en diversos archivos privados y públicos para entregar la historia del único mexicano a bordo del famoso buque. Además la escritora no sólo aborda esa vida, sino también la de varios de sus pasajeros.