El sitio de los niños ricos
Mientras el mundo se debate en crisis interminables, quiebras y recesiones, hay un sector que ignora olímpicamente cualquier referencia ligada a la pobreza. El sitio "Rich Kids of Instagram" (#RKOI) muestra la vida real que transcurre como en video de los héroes del hip hop.
Rock the boat in Bali. by mdmolinari #Bali.
México • “Ellos tienen más dinero que tú y esto es lo que hacen con él”. La frase es detestable y de algún modo racista, pero aplicada como eslogan a este blog de jóvenes socialités que tantas pasiones ha levantado, cualquiera entiende que su intención no es ofender, sino solo mostrar el código postal. Diez años después de que Ricas y Famosas, de Daniela Rosell, escandalizara a la sociedad mexicana, al mostrar al jet set local en actitudes ostentosamente kitsch, surge en Estados Unidos su versión discoteque.
Pero aunque en este nuevo sitio no hay actuación alguna, importan mucho las poses. Dichas imágenes compartidas, subidas o tomadas de las cuentas anónimas más exclusivas de Facebook y Twitter, muestran a estos babies tal cual son sin medida ni clemencia.
Patonas de elefante de champaña; helicópteros pulidos, encerados y a la orden; albercas hasta la saciedad; Rolex última generación que se quedan guardados merced a la más reciente pool party en los Hamptons; aviones privados con generosos bufetes; cuentones de sitios exclusivos y amaneceres en regiones paradisiacas, todo eso puede encontrar el fisgón en #RKOI.
Y mientras alfie 458 presume sus dos Ferraris rojos, ashleep523 nos muestra a un pequeño león jugando en el tablero de su BMW, marianoamoedo bebe a pico de botella de una Grey Goose dos litros (marca predilecta entre las juventudes pudientes) en un club de Marbella. Adammorito, en actitud papaloy, nos da los buenos días desde Barbados mientras su lobuki besa la comisura de sus labios. Thatsoalexandra nos echa en cara su shopping de 27 mil 426 dólares y b_attenhofer enseña la cuenta de 168 mil libras que le cargaron a su American Express platino en el bar One4One de Londres. Ante tal ostentación a los del Mirreybook no les queda más que palidecer: ¡tómala, mi Diamante Negro!
A dos meses de su fundación, el Rich Kids of Instagram ha merecido más de 35 notas de prensa en los medios más influyentes de Estados Unidos. El New York Times, en su nota “Never Mind the Bubbly, Some Can’t Buy Groceries”, plasmó el contraste entre la vida en rosa de los júniors americanos contra las penurias de un par de mujeres inmigrantes, con serias dificultades para hallar empleo la primera, y de valerse de dos mal pagados y de tiempo completo (con tres horas de suelo al día) para pagar una pocilga en el Bronx, la otra. Una columnista del Washington Post esgrimió las razones por las cuales la gente odia a los niños ricos de la red, y en Forbes se preguntan si no es buen momento de desaparecer el site por seguridad de sus clientes frecuentes. Una periodista canadiense llamada Ziosia Bielsky dice en The Globe and mail que #RKOI solo exhibe “los estúpidos excesos de los jóvenes socialités” llenos de “exasperantes hashtags” tipo #privatejetstatus, #champersinthehottub, #personalchef o #abundance.
A final de cuentas, Rich Kids of Instagram ha resultado un excelente negocio, pues a la par de que muchas marcas de lujo como Burberry, Tiffany, Hermes, Gucci y Armani se anuncian, otros millonetas como el candidato republicano a la presidencia gringa, mister Mitt Romney las usa; a fin de cuentas es su mercado. Por México, ya compraron espacios ProFuturo GNP, Aeroméxico y la Universidad Panamericana.
Mucha gracia provoca la furia que genera el que alguien presuma un ticket de taxi con 200 dólares de propina para un viaje de diez. Pero, en todo caso, varios de quienes nos quejamos de la inflación o de que nos cobran “abusivamente” cien pesos una jaibol mal servido, nos debe tranquilizar saber que una langosta de tres kilos en el restaurante Nikki Beach de Saint Tropez cuesta 800 euros y en algún otro lugar del mundo al goloso que pidió un pomito de tequila Patron Silver tres cuartos, tuvo que desembolsar siete mil cien dólares.
Quien lo manda querer conocer las delicias de la gastronomía mexicana.








