En 3 meses, 2 mil 364 deportados. Los 'homies' del 'call center'
Los mexicanoestadunidenses llegados de EU a la capital en los últimos años, conforman una nueva comunidad, se reúnen en bandas vestidos como hip-hoperos y se emplean en servicios de telemercadeo por su dominio del inglés.
• Erick pide dos de cachete. “Gracias, man”, dice al recibir los tacos que le sirven en un puesto callejero a unos pasos del Monumento a la Revolución, en la Ciudad de México. “Ey, you gotta try the tripa”, le recomienda Mike, su acompañante, mientras chorrea salsa roja sobre los cinco tacos rociados de cilantro y cebolla que le han despachado. “They’re awsome…”.
Nada tendría de especial esta escena de no ser porque ambos representan a una nueva oleada de jóvenes que en su mayoría fueron niños migrantes y que en los últimos años han regresado a México a causa de los agresivos programas de deportación emprendidos en Estados Unidos (EU), así como por la falta de empleo en el vecino país.
A pesar de contar con escasas opciones de educación y trabajo en México, el dominio del idioma inglés les permite a estos jóvenes encontrar una opción laboral en las pujantes empresas de telemercadeo instaladas en nuestro país, principalmente en la Ciudad de México. Sin embargo, lejos están de integrarse socialmente en un entorno diferente a donde crecieron.
Es una tarde soleada de invierno en el Distrito Federal y los dos jóvenes acaban de terminar su turno. Erick acomoda sus anteojos Ray-Ban y su holgada sudadera con capucha y cuenta, entre bocados y en un muy machucado español, que a los dos años cruzó la frontera de manera ilegal junto a sus padres; “sin embargo —dice—, hasta hace apenas nueve meses me deportaron por no tener papeles”.
“Me regresaron hasta Guanajuato, de donde soy”, cuenta. No obstante, el joven que viste estilo hip-hop y que lleva los dos rostros de sus hijos y su fecha de nacimiento tatuados en los brazo, sostiene que decidió instalarse en el DF porque a través de internet encontró un empleo como operador en un call center ubicado en un edificio de cristal frente la recién remodelada Plaza de la República.
Hasta el centro de atención telefónica que provee servicios a México, EU, Canadá, Sudamérica e incluso Europa, cientos de jóvenes como Erick y Mike, conocidos por sus colegas locales como Los homies (como llaman a los mexicanoestadunidenses en EU), llegan a trabajar cada día.
FLUIDO MIGRATORIO
En octubre de 2012, los gobiernos de México y de EU anunciaron que arrancarían un plan piloto conjunto para repatriar migrantes mexicanos vía aérea hasta el DF, para así liberar a las ciudades fronterizas desbordadas por el número de deportados de los últimos cuatro años.
En uno de esos vuelos de noviembre pasado venía Mike, quien prefiere —al igual que Erick— no dar su nombre completo. El joven, que creció en un barrio de Los Ángeles y que viste como un verdadero rapero californiano, (gorra de los Lakers, jersey de basquetbol, jeans holgados, sudadera azul con capucha, tenis y lentes oscuros), dice en una mezcla de inglés y español que al llegar al DF buscó a unos tíos en Ecatepec, Estado de México, donde vive actualmente. “Sólo traía una bolsa de plástico con mis cosas y un poco de dinero para el jale”, dice sosteniendo con una mano el plato de plástico con sus tacos y con la otra su refresco.
Al concluir el plan piloto, las autoridades informaron que de octubre a diciembre pasados habían sido deportados de El Paso, Texas, a la Ciudad de México dos mil 364 mexicanos; muchos de ellos con antecedentes penales graves, otros por delitos menores (como conducir a exceso de velocidad o sin licencia) y unos más por no poder demostrar su estancia legal en el país vecino, a pesar de haber vivido allí casi toda su vida, como es el caso de Mike y Erick.
No obstante, el sonado plan de desahogo de las ciudades fronterizas apenas representó uno de los múltiples programas de deportación que ha puesto en marcha EU en los últimos años. De acuerdo con Mark López, director asociado del Pew Hispanic Center, desde 2008 el número de deportaciones en EU se incrementó aún más, “en promedio ha habido 400 mil al año, siendo los mexicanos el grupo que más afectado”.
A lo anterior debe sumarse los datos de la última Encuesta Sobre Migración de la Frontera Norte (EMIF-N) que sostiene que tan solo entre el primer trimestre de 2010 y los primeros tres meses de 2012 el total de migrantes devueltos por EU a México fue de 872 mil 500.
Estos números se vieron reflejados en un estudio que publicó en abril del año pasado el propio centro Pew, y del cual hizo eco el anterior gobierno federal, en el que se apuntaba que el flujo migratorio neto de México a EU “había caído a cero —o tal vez menos— desde 2007”. No obstante, para el propio Mark López existen otros factores que han frenado la migración de mexicanos además de las deportaciones: “Los peligros a los que se enfrentan los migrantes actualmente al cruzar la frontera, el descenso de la natalidad en México y la falta de empleo en EU”.
NUEVOS SOÑADORES
A unos metros de la Plaza de la República, sobre la calle de José María Iglesias de la colonia Tabacalera, Enrique se cruza con dos colegas. “You’re very late”, les dice al paso. “Este bato que se quedó jetón”, le responde uno de ellos ya a lo lejos. Son pasadas las dos de la tarde, hora de entrada del segundo turno del call center.
Enrique, de 27 años, es originario del Distrito Federal y prefiere hablar lejos del edificio de cristal. En la entrada del metro Revolución, comenta que se fue a los 12 años a EU, donde estuvo hasta hace unos meses. “Yo diría que la crisis es otro factor por lo que nos estamos regresando. No hay trabajo. Al menos a mí me costó mucho encontrar y al final decidí mejor venirme para acá”, relata mientras pasa otro grupo de colegas que aceleran el paso.
Este moreno de baja estatura que viste al estilo del West Coast (cabeza rapada, barba de candado, playera blanca, botas Timberland color arena…) afirma que se regresó con su mujer y sus dos hijas que nacieron en EU; sin embargo, sus papás se quedaron en Nevada. “Ahorita tampoco es fácil que te den papeles por tener hijos allá —cuenta—, tienen que pasar como 15 años para que los hijos te puedan pedir, para entonces ya me hice viejo y ya no puedo trabajar”.
No obstante, su situación en México es complicada, porque a pesar de que estudió el high school y una carrera técnica en EU, aquí no le quieren revalidar los estudios, y ni hablar de ir a la escuela de nuevo, “no tengo tiempo; o trabajo o estudio”.
De acuerdo con Michael Da Silva, un sociólogo francés que desde que llevó a cabo una estancia académica en Monterrey en 2009 pudo documentar cómo los “retornados” han tomado como opciones laborales los call centers, Enrique pertenece a los New Dreamers (nuevos soñadores), jóvenes que no cuentan con papeles que los reconozcan como legales en EU, pero que han logrado estudiar allá. Estos chicos jugaron un papel importante en la promoción del voto latino en la pasada elección presidencial estadunidense con la esperanza de que (ahora sí) el presidente Barack Obama apoye una reforma migratoria que les favorezca.
Según Da Silva, muchos jóvenes que llegaron muy niños a EU junto a sus padres y que han crecido dentro de la cultura estadunidense se dan cuenta de que no tienen papeles, “muchas veces hasta cuando cumplen 16 años y quieren sacar su licencia, inscribirse a otra escuela o hacer algún trámite”, señala.
REPLICAN BANDAS
Para Marco A. Castillo, presidente de la Asamblea Popular de Familias Migrantes, el fenómeno de los homies que trabajan en los call centers se debe a que “estamos viendo un regreso de un sector juvenil que ha sido criminalizado en Estados Unidos y que se vió obligado a venir a México. Muchos de estos jóvenes son de doble migración, porque al ser deportados ya no regresan a sus comunidades de origen sino a las ciudades, a los centros económicos.
“Ellos, con su presencia y conforme se vuelven un grupo numeroso, se convierten en un sector novedoso. Traen otra visión de la realidad, del mundo; muchos de ellos tienen historias muy fuertes, de felonías, como dicen en Estados Unidos; historias de haber pasado periodos en la prisión o de deportación familiar”, comenta.
Castillo asegura, además, que a este grupo hay que ponerle especial atención: “Actualmente, muchos de estos chavos, al no tener una red de apoyo psicoemocional como un pariente o una familia, se están dedicando al consumo de drogas, al alcoholismo y a la violencia. Nuestra oficina está aquí junto a Teletech (el call center). Nosotros hemos documentado cómo se están replicando aquí bandas de California como Los Latin Kings y Los Sur 13, y cómo están abriendo sectores reconocidos por esos grupos y estableciendo vínculos”.
LAS NUEVAS FÁBRICAS
“English moves you up” (“El inglés te hace crecer”) dice una manta colgada a la entrada principal del call center, la cual, igual que los carteles en el Metro y la publicidad en internet, invita a los jóvenes a sumarse al equipo de telemercadeo.
Previo a presentar un examen, en la sala de espera de la oficina de reclutamiento, ubicada a un costado de la entrada del edificio de cristal, Eduardo M. completa la solicitud para entrar a trabajar como operador. Hace unos segundos la recepcionista le cuestionó lo mismo que a la persona anterior: “¿Tienes una cita?”; después, y casi de manera automática: “¿Hablas inglés?”, el joven, delgado y de piel morena, respondió fluido y sin problema, justo como ahora llena la forma en la que ha escrito en la casilla de nacionalidad: “Mexican-American”.
Según el último censo del Instituto Mexicano de Teleservicios (IMT) realizado a 75 empresas de telemercadeo en 2011, en México existen 247 call centers compuestos por 72 mil 722 “estaciones” de trabajo. Las principales ciudades del país donde se localizan estos centros de contacto son el DF y Monterrey, con 78 y 23, respectivamente. Todos ofrecen servicios telefónicos de outsourcing a bancos, aseguradoras, empresas telefónicas y de internet, entre otras, tanto dentro como fuera del país. Según el propio IMT, hoy en día estas empresas emplean a 116 mil 679 personas.
En el caso del call center del edificio de cristal que mira al monumento a la Revolución, trabajan allí cerca de mil 600 jóvenes, según señala Marco Castillo; “de ellos, 30 por ciento es gente que deportaron”, sostiene por su parte Jill Anderson, quien ha realizado entrevistas a los gerentes de la empresa, los cuales no respondieron a diferentes comunicaciones de este reportero.
En México, en los últimos años, los servicios dedicados al mercado externo (EU, Sudamérica, Canadá y Europa) han crecido exponencialmente hasta representar 39 por ciento de la actividad de estas empresas. De acuerdo con un estudio titulado “El sector de call centers: estructura y tendencias” publicado por Jordy Micheli, especialista de la UAM-Azcapotzalco, en 2007 había ocho mil 631 estaciones para dar servicio al exterior; no obstante, en 2010 llegaron a 18 mil 701, es decir, un 116 por ciento.
Alfredo Hualde, especialista del Colegio de la Frontera Norte y quien ha seguido el tema laboral de los retornados en los call centers, afirma que éstas “son empresas que se han considerado de alta rotación, unas ‘nuevas fábricas’ para jóvenes que estudian y quieren ganar dinero, pero, en general, son compañías que tienen buenas condiciones de trabajo”.
Sin embargo, para Michael Da Cruz el gran tema es saber qué futuro les ofrece este tipo de compañías a los “retornados”, especialmente en un país en donde el grueso de la población es joven y está en edad productiva. “Lo más fuerte de esta situación son los chicos que no tuvieron oportunidad de laborar en Estados Unidos y que se regresaron a México para trabajar, pero ¿para quién?: para empresas gringas. Algo muy irónico”.
De camino al Metro, Erick asegura que el empleo no está mal pagado y las condiciones laborales son buenas “si se comparan con otros trabajos en México”. Dice que hay prestaciones y pagan entre 45 y 50 pesos la hora, “depende la campaña, pero hay quienes llegan a ganar hasta 70 pesos la hora si además de español e inglés, también hablas francés”. No obstante, el joven afirma que pronto quiere regresar a California, aunque seguramente lo hará de manera ilegal. “Allá están mi papás, mi esposa y mis hijos”, a quienes lleva tatuados en su brazos.








