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"Flashblood": compartir sangre con heroína

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Surge la práctica de inyectarse sangre con heroína de otro adicto para enfrentar la abstinencia, lo cual potencia la hepatitis y el sida, mientras en México la política de prevención ya no se percibe.

México • La alerta de lo que científicos han denominado “la tormenta perfecta del sida” fue encendida en 2005 por Sheryl A. McCurdy, profesora de Salud Pública en la Universidad de Texas en Houston, al escribir una breve carta a The British Medical Journal, la cual fue publicada poco después en la revista especializada Addiction.

McCurdy reportó una práctica denominada Flashblood o Flushblood, que consiste en que adictos a la heroína, en su desesperación, se inyectan deliberadamente la sangre de otro usuario, con el propósito de compartir los efectos de la droga o para atenuar los dolores de la abstinencia. En la carta mencionada, la investigadora señalaba que la aceptación de esa modalidad ya estaba presente en las ciudades africanas Dar es Salam, Tanzania, isla de Zanzíbar, y en Mombasa, en Kenia.

“Pasta”, “Dama blanca”, “Nieve”, “Lenguazo”, “Smack”, “Skag”, el muy conocido “Junk” o “Alquitrán negro mexicano”, son algunos de los nombres que recibe el derivado de la morfina en los diferentes circuitos de los mercados negros del mundo. En su etapa de adicción, la heroína se asocia con graves malestares físicos y psicológicos. De hecho, en noviembre de 1997 los Institutos Nacionales de la Salud (NIH, por sus siglas en inglés), tras reunirse en el Panel de Consenso sobre el Tratamiento Médico Eficaz de la Adicción a la Heroína, concluyeron que las adicciones a los opiáceos son enfermedades del cerebro y trastornos médicos.

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