Edición:

Ted el antiosito cariñosote

El Ángel Exterminador •

Ted es el sonsacador, el rompe esquemas, el party animal por excelencia, el terror para cualquier pareja bien avenida.

México • El antiguo mito de los ositos de peluche como fuente de candor y cursilería ha sido asesinado sin piedad y a puñaladas. La última frontera fue traspasada y ya prácticamente no queda nada sagrado. El cuadrúpedo de felpa, representación del sueño americano referido a Teddy Roosvelt —popular presidente yanqui que un día en vez de cazar un oso negro se tomó una foto de campaña con él—, ha sido rebajado a los infiernos de la vulgaridad y los excesos para despojarlo de todos esos valores de calidez, encanto y apapacho que nutren su leyenda.

Y muchos aplaudieron a Seth MacFarlane por hacerlo sin remordimiento, como suele hacer en su venerable teleserie Padre de familia, donde Homero Simpson, Pedro Picapiedra y Ted Bundy son convertidos en adictos a la paternidad responsable si los comparamos con el personaje Peter Griffin, cuya familia del da nuevas connotaciones a lo disfuncional. Ese que a su vez ha sido superado por otro de los engendros de la factoría MacFarlane, que rebasa todos los estándares de lo gringo promedio fundamentalmente por sus connotaciones republicanas.

Así, Teddy deviene en Ted, uno osito cariñosito se transforma en un oso peludo congestionado por sus perversiones. El es el compañero de John, un chico que compensa sus traumas de niño marginado cuando se le cumple un sueño: que su plantígrado suavecito y relleno de materiales sintéticos cobre vida para convertirse en su compañero, su camarada y, finalmente, al calor sex, drugs and rock’ n roll en su clásico e inseparable amigote.

Unidos además por las pasiones ochenteras de su creador y, lo más entrañable, por Flash Gordon (Ah ah ah ah Savior of The Universe!) encarnado por Sam Jones con Queen a manera de frenética música de fondo. De hecho a Dino de Laurentis le faltó reclutar a Freddie Mercury como el profesor Zarkov.

Ted es el sonsacador, el rompe esquemas, el party animal por excelencia, el terror para cualquier pareja bien avenida, pero sobre todo para los espíritus con empaques más débiles incapaces para resistir su arsenal de tentaciones de borracho, parrandero y fumador.

Los Ted del mundo son almas apasionadas e insaciables, absolutamente refractarios a los órdenes típicos de la vida social, que viven al margen de los designios y los protocolos. Viven en la celebración eterna de la vida, ajenos a las responsabilidades y adictos a la exploración. Por eso son un peligro para la estabilidad. Sobre todo para la de sus amigos que han madurado y se solazan chapoteando en los pantanos de las urgencias cotidianas.

Por eso Ted se interpone entre John y su hermosa novia. Y por eso, cuando John la abandona por seguir a Ted en una orgifiesta con Sam Jones incluido (que está convertido en un Flash Gordon decadente pero cotorro como Adrés García), y John le reclama el osito atascosito, con la mota aún circulando por su sistema, que responde como lo harían los teds del mundo: nadie te obligó, no te puse una pistola para que vinieras, tú lo decidiste.

La película luego resulta indigesta, edulcorada y previsible, pero te hace evocar a esos Ted que te arrojaron a tus más atrabancados periplos, que te colocaron en el borde de tus propios límites y delirios físicos y morales, a los que hoy les huyes con cierto rigor culpígeno y suspiros ante la evocación de los desmadres experimentados.

Quien tenga la dicha inocua de tener un Ted en su autobiografía procaz, debe saber que no traen instrucciones, que son políticamente incorrectos, patibularios y atascados, que no se les domina, que cuando mucho se les administra.

Los Teds no hará preguntas mientras te ayudan a esconder un cadáver, y cuando después de muchos años, atormentado por tus demonios, vuelvas a buscarlos, no encontrarás en ellos ningún reproche, acaso solo un: ¿Dónde y a qué horas, carnal?

Contra lo que se pudiera pensar, a los Ted no les gusta hacer iris y menos osos.




Lotso Vs. Ted Osoparlantes

(por Rafael Tonatiuh)

La sociedad actual se ha vuelto tan inmadura que ya desesperaron a los osos de peluche, al grado que ese gremio de juguetes envió dos felpudos ejemplares para dar un importante mensaje a la Nación: Lotso, de Toy Story 3, y Ted, de la cinta del mismo nombre.

Ted: Que hable el que salió primero en cartelera y orita está en 60 pesos región uno.

Lotso: Yo no soy más que un viejo peluchote, cojo y al borde del Alzheimer, hable usted, Ted. Ilumine a esta triste humanidad, cuyo infantilismo le impide ocuparse de su Ser.

Ted: Ya agarró otra vez de mi mota, ¿verdad, don Lotso?

Lotso: No me humanoconfunda. Este Lotso a etso no le atitza. Por norma no me drogo ni me desvelo: Necesito la mente limpia, lúcida y brillante para planear maldades. Yo soy un villano muy cabrón, ¿sabe? Así como me ve de peluchote, cojo y con aroma a fresas, saqué adelante la Reforma Laboral.

Ted: ¡Maestratzo! ¿Tiene amigas edecanes? ¿Me puede llevar al depa de Cancún del Niño Verde? ¿Puedo llevar a Flash Gordon?

Lotso: Le suplico que no hablemos de mis logros, mejor prosiga usted, querido Ted, aleccionando a los humanos.

Ted: A ver, pendejos, ya no dependan tanto de sus juguetitos, sus iPhones, sus Ipads, sus “Ay que ríco dildo”. ¡No! ¡Se acabaron las evasiones artificiales! ¡A ganarse el pan con el sudor de su frente y a parir sus hijos con dolor!

Lotso: ¡Bravo! ¡Estimulante discurso! ¿Y qué propone usted para sanar el síndrome de abstinencia consumista?

Ted: ¡Meterse coca y mota y AC/DC: que viva el rocanrol!

Lotso: Razonable compensación, pero pasa usted por alto una cuestión: Nosotros los osos tenemos un dueño, algún niño, una guardería, un coleccionista de juguetes, pertenecemos a una clase social privilegiada. Los humanos están divididos en dos grupos: los que tienen el poder y los que no tienen ya no digamos para comprarse coca y mota, ni siquiera tienen para comprarse dos litros de Coca pirata y un Gansito sin relleno cremosito.

Ted: Esa gente tiene que aprender a ahorrar y dejar de comprar pendejadas.

Lotso: ¿Como cuáles?

Ted: Como pantunflas, shampús, tomar taxis, invertir en cosas que no sirven para triunfar, como “los tres libros que marcaron tu vida”.

Lotso: ¿Y qué aconseja usted a los humanos indignados, sin empleo ni fuente de recursos económicos?

Ted: Que saquen una tarjeta de crédito y se vayan al buró de crédito tres años, incluso menos si dan algo al banco; o que se metan de secuestradores, como en la película mexicana esa que está orita en cartelera.

Lotso le guiña el ojo a Ted.

Lotso: Suave Patria saldrá suavemente esta semana, para tranquilidad de Disney, Pixar y Universal Pictures. En fin, dejemos que continúe la farsa del tope en taquilla en concordancia con la eterna farsa electoral, y tenga la bondad de aconsejar a los humanos como invertir el dinero obtenido con su maravillosa tarjeta de crédito.

Ted: Gastaos esa feria en inolvidables orgías de sexo, drogas y rocanrol. Ahora podeis ir en paz al desmadre, hermanos, la asamblea ha terminado. Y nosotros los osos golosos nos llevamos a esas edecarnosas a Cancún.

Lotso: Aunque ese gasto gratificaría solo al cuerpo, no al Ser.

Ted: ¿Y que sería del Ser sin el cuerpo? Ser una pendejada.

Lotso: Sabias y admirables palabras de un retórico pacheco.

Ted: Pletórico y erótico; ora concédanos el placer de conocer su oratoria, don Lotso.

Lotso: Vivir dentro del presupuesto es vivir en el horror.

Ted: ¿Nomás?

Lotso: Tome las llaves de la Hummer. Cancún nos espera.

(Suena tema de Flash Gordon, con Queen http://www.youtube.com/watch?v=j0ppC3smQ7E).