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“La tarea es clara: desafiar a los filisteos”: Wole Soyinka

Cultura •

El Premio Noble de Literatura en 1986 dijo que son diferentes las razones que lo llevan a escribir y que en sus obras dramáticas le interesa mostrar “lo que llamo mitológico”.

México • “Yo no sostengo diálogos con autores. Yo dialogo con la humanidad”, responde Wole Soyinka cuando se le inquiere acerca de sus diálogos literarios con otros escritores.

Es el inicio de una breve conversación con el escritor africano, amable pero parco. Está cansado – explica – de tanto hablar en el encuentro de escritores convocado por el PEN en Corea del Sur y no desea más entrevistas. Sin embargo, accede a responder algunas preguntas.

Un día antes, participó en el encuentro “Mi vida, mi literatura” junto al narrador y pensador canadiense John Ralston Saul, el poeta coreano Ko Hun y el novelista Jean-Marie Gustave Le Clézio. Cuando el moderador les planteó que explicaran sus motivos para la escritura, Soyinka recordó las razones que lo han llevado a ejercer este oficio, para él especialmente conectado con la sensibilidad y la condición humana:

– Un periódico francés, Libération, envió hace algunos años unas preguntas a algunos escritores de culturas diversas. Me pareció un ejercicio fascinante leer las respuestas de los demás escritores en una edición especial. Algunas eran crípticas, otras abarcan un gran número de páginas llenas de creatividad e ingenio. Pero las que más me cautivaron fueron las más cortas. A la pregunta “¿Por qué escribes?”, yo respondía: “Porque sospecho que soy un masoquista”.

Cada escritor es diferente. Lo único que sé es que, para mí, la escritura es algo que disfruto y que sin embargo puede partir de razones doloras. Por otro lado, también tiene que ver una sensibilidad hacia la condición humana, en especial la que se manifiesta en mi propia sociedad. En mis obras dramáticas me interesa mostrar lo que llamo mitológico.

Soyinka es fundamentalmente un hombre de teatro, reconocido por explorar la tradición y riqueza de la cultura africana, pero no acepta encasillarse en una corriente o tendencia.

– Yo escribo todo tipo de teatro. A veces es llamado “realista”, “del realismo” o del “realismo social”. Toda categoría, cualquier nombre, lo que sea, para mí es lo mismo, no hay diferencias. Sólo hay un teatro.

Wole Soyinka es un poeta dramático, como lo nombró la Academia Sueca cuando en 1986 le otorgó el Premio Nobel de Literatura. Nació en 1934 en Abeokuta, cerca de Ibadan, en el oeste nigeriano. Muy joven viajó a Londres, donde concluyó la universidad, fundó su compañía teatral y trabajó en el Royal Court como director y actor en los años cincuenta, una época privilegiada: Londres y París marcaban las tendencias en Europa y parte de América.

En sus primeros años de estancia en el extranjero, Soyinka no sólo adoptó la lengua inglesa para su literatura, también se encontró con una idea de Europa que le cambió la vida: moderna, intelectual. Decidió aprender las formas dramáticas que descubría y, al mismo tiempo, intentó no olvidar sus raíces, sus ritos – los yoruba, el grupo étnico al que pertenece –, por lo que su literatura se convirtió en una especie de mezcla entre la tradición europea y la africana. Digamos, pues, que se convirtió en una memoria de África.

Debido a su carera académica en Londres, sus guías teatrales fueron Shakespeare y John Millington Synge, un dramaturgo irlandés, protestante, autor de “El playboy del mundo occidental”, quien tiende a describir la vida del campesinado.

La obra poética, novelística, ensayística y dramatúrgica de Wole Soyinka siempre ha estado ligada a la crítica social, religiosa o política. Es un escritor polémico y, por un artículo publicado en los años sesenta en medio de la guerra civil en Nigeria, en el que pedía el cese al fuego y la violencia, fue juzgado por una supuesta conspiración con los rebeldes.

– Cuando estuve en prisión – dice – la literatura siempre estuvo en mi cabeza. Fui privado del material, de la libertad para leer o escribir a los largo de 22 meses, de los 27 que estuve en prisión. La imaginación, sin embargo, creó un mundo virtual en el que yo viví.

Esta experiencia lo llevó a escribir más de 20 libros al respecto, entre ellos “The man died”.