El Zeus de la raqueta
Siete veces campeón de Wimbledon, dueño de diecisiete trofeos mayores, el "Federer Express" está solo en la cima todos los tiempos.
Fotos: Reuters y EFE
México • Es el séptimo día del séptimo mes cuando el rey sale en pos de su séptima corona. Contra lo que se habría esperado del más grande tenista de todos tiempos, no parece en completo control de sus nervios. Pidió servir, tras ganar el volado, y el servicio se le ha escapado de las manos tras dos bolas pasadas de largo que hablan mal de su temple legendario. Por si eso fuera poco, el público de la Cancha Central se ha calentado en un par de minutos y, cosa muy extraña, no está con Roger Federer.
En razón al tamaño del desafío que afronta en la final de Wimbledon 2012, se asume que el Expreso de Basilea debe responder hoy a las preguntas que han flotado en el aire durante los dos años precedentes, y en especial desde que fue capaz de enviar de vacaciones a Novak Djokovic, un par de días atrás. ¿Puede aún hacerse con un torneo mayor? ¿Terminará lo que ha empezado por octava ocasión, luego de ver pasar nueve trofeos grandes sin rasguñarlos? ¿Le queda todavía Historia por hacer?
No es que a Andy Murray no lo persigan diablos equivalentes, habida la adiposa expectativa histórica que como es natural lleva sobre los hombros, pero he aquí que Iván Lendl ha logrado afilarle las uñas a su ofensiva y se le ve el instinto cazador que tanta falta le ha hecho a su carrera. La diferencia básica es que, en contraste con el escocés, el suizo sólo tiene el día de hoy para probarse que le queda un mañana. O eso es lo que insinúan sus errores gratuitos, aun después de recuperar el quiebre. Cuando es al fin el turno del escocés para desatinar, Roger araña el quiebre un par de veces, pero una vez perdida la ocasión su ataque deja entrever alguna desesperación. Tres errores más tarde, ya ha perdido el servicio y Murray sirve por el primer set. Nada muy complicado, sobre las olas de la autoconfianza: vale anotar que es la primera vez que el de Glasgow consigue ganar un set en la final de un Grand Slam. Ha sido fulminado tres veces en tres sets y recién se sacude el maleficio.
Si a Federer le hacía falta un acicate, Andy Murray acaba de dárselo y él no tiene el menor empacho en demostrarlo. Dos servicios de fuego y otros tantos remates en la red lo han puesto al mando del segundo set. Sin cejar un instante, el suizo va adelante y se sube a la red a dictarle el partido a su oponente. Lejos de estar pintado, sin embargo, éste devuelve bala por bala y ya en el quinto juego lo tiene en doble punto para quiebre. Es la hora de Murray, de repente, pero el suizo se aplica a contenerlo y amarra su servicio sin mayores angustias: se diría que sabe como nadie qué deslices no puede permitirse.
La batalla es feroz, uno y otro comprenden que necesitan ganar este set para aspirar al título. Entre más se prolongue el partido, más oportunidades tendrá el suizo de imponer condiciones y ganar territorio. A nada más que un par de puntos de la muerte súbita, el seis veces campeón se embarca en sendos rallies avorazados que define en la red, mediante dos dejadas que lo traen de regreso en el marcador. No hay más que ver la fuerza de su servicio al inicio de la tercera manga para deducir que éste Roger Federer es el que Murray no quisiera enfrentar. Menos ahora que empieza a caer la lluvia.
A cuarenta minutos de los últimos golpes, el escocés regresa con un nuevo adversario, que es el techo corrido. Ahora debe enfrentar al gran perfeccionista libre de las variables del viento y el sol, al mando de un servicio imperturbable y en uso de su extenso y exquisito repertorio de golpes. Atención descreídos, escépticos y agoreros del fin de la leyenda: bienvenidos al show de Roger Federer.
El escocés soporta la presión encimosa del suizo terminante, que aprovecha cada oportunidad para ganar la red y atacar a cuchillo pelado. Por eso aprieta el paso, corre, salta y aterriza en el pasto una vez tras otra, con una defensiva no por más admirable menos desesperada. Pero llegado el sexto juego de la tercera manga el asedio se torna irrefrenable. Federer juega fresco, Murray acusa agobio. Aun con toda la furia de su juego, vale creer que es él quien carga con el peso de la Cancha Central, y es así que tras casi veinte minutos llega al séptimo juego con el servicio roto y el Expreso aplastándole la yugular. Algo más se ha quebrado a estas alturas, y eso Federer tiene que saberlo. ¿Que de raro hay en que remate el set con un ace desbordante de autoridad?
El cuarto set transcurre de acuerdo a lo dictado por el ahora dueño del partido. Murray pelea cansado, de pronto se le nota la desbandada interna. Federer, en contraste, controla cada punto decisivo con precisión quirúrgica. Cuando se le presenta una oportunidad, la pizarra 2-2 y el servicio de Murray en 15-40, se enfrasca en un duelazo que negocia con un pasmante passing shot de revés: boleto para el séptimo trofeo de Wimbledon. ¿Hace falta decir que tras el rompimiento no queda más que el curso natural de las cosas? Cierto que Andy pelea y hasta entusiasma un poco a los presentes, pero ya tiene encima el peso de la Historia y no va a ser el suizo quien se lo quite.
4-6 7-5 6-3 y 6-4: Sampras ya no está solo con sus siete Wimbledons. Por tercera vez, Roger ocupa el trono del tenis planetario y es probable que allí cumpla 31 años. Es el número uno del mundo y de la Historia: en el séptimo día del séptimo mes, el rey Federer ha logrado la proeza de ponernos a todos de acuerdo.
Datos
853 triunfos suma el tenista suizo Roger Federer en su carrera dentro de la ATP. Sus derrotas son 192.
244 victorias ostenta Roger Federer en los torneos de Grand Slam en su trayectoria en la ATP. Ha perdido 36.
27 finales de torneos Major ha jugado Roger Federer, todas de 2003 a la fecha. Ocho veces en Wimbledon.








