"El araña", más sorprendente que nunca
Webb lo logra a medias: el suyo es un Peter Parker poco dotado —la actuación de Garfield como el estudiante de preparatoria no es la mejor posible— y acaso el mejor Spiderman.
México • El reinicio de la saga del Hombre Araña, después del trabajo de Sam Raimi, fue encargado a Marc Webb, director de aquella insignia del amor indie llamada (500) days of Summer, con la bellísima Zooey Deschanel y el galán Joseph Gordon-Levitt. Webb reclutó nuevos rostros para su cinta, aun más atractivos que los protagonistas anteriores: Andrew Garfield es un Peter Parker que de nerd tiene poquísimo y Emma Stone es una Gwen Stacy con autodeterminación y capacidad de decisión; ambos, alejados del por momentos irritante nerd de Tobey Maguire y la dócil Mary Jane de Kirsten Dunst. La historia es de sobra conocida: el joven estudiante de preparatoria Peter Parker es mordido por una araña —radiactiva en el historia original, genéticamente modificada en las versiones fílmicas. Adquiere las habilidades proporcionales de una araña y provoca indirectamente la muerte de su tío, quien fungió como un padre durante su niñez. La fórmula es por todos conocida; el mérito al narrar una cinta de Spiderman radica en la capacidad de introducir algún que otro giro novedoso en la historia predeterminada.
Webb lo logra a medias: el suyo es un Peter Parker poco dotado —la actuación de Garfield como el estudiante de preparatoria no es la mejor posible— y acaso el mejor Spiderman: el humor de Garfield al ponerse el traje es evidente, picoso, chispeante: son varias las escenas en las que su presencia y sus gags resultan elementales para la cinta. Ejemplos: el Spidey que frustra el robo del auto y esquiva balas, hilarante; el que persigue a delincuentes por todo Nueva York; el que, hacia el final de la cinta, extrae fuerzas de flaqueza y cruza los rascacielos de la ciudad para enfrentarse al villano del filme: el Lagarto.
Uno de los máximos puntos débiles de la cinta es el Lagarto encarnado por Rhys Ifans, solvente actor británico conocido también por su participación en la banda Super Furry Animals. (Cosa curiosa: el héroe y el villano de Spiderman, ícono de la cultura estadunidense, son interpretados por actores británicos.) El guión de The Amazing Spider-Man prácticamente copia el molde del villano del primer Spiderman de Raimi —el Duende Verde—, ocupando incluso recursos como el desdoblamiento de la personalidad (el villano está dividido entre “el hombre de ciencia”, noble y bueno, y el “científico loco”, destructivo e irracional). Empero, el trabajo de Ifans no está del todo logrado: el Lagarto es un monstruo desdibujado, que pasa del bien al mal sin que uno entienda completamente su transformación; el irregular trabajo de efectos especiales realizado en él tampoco ayuda mucho.
Empero, The Amazing Spider-Man funciona. Sus defectos son multiples y es sencillo enumerarlos: hay problemas de guión severos: gente que está donde no debe de estar, acciones que no se explican, una rata lagarto que no sirve para nada y que no vuelve a aparecer; de continuidad: Peter se quita un audífono y al momento siguiente aparece con él en la oreja; él y Gwen salen a conversar a la azotea, él no lleva puesta la chaqueta y una vez fuera, aparece con ella; en esa misma escena, salta a combatir al Lagarto sin mochila y, al llegar al puente, ya la lleva consigo; con todo eso, hay cierta expresividad y fuerza en las actuaciones de los dos protagonistas que mueven a la empatía: el Spidey de Garfield es humano, divertido —más gracioso que el de Maguire seguro sí es. La combatividad y determinación de esta Gwen Stacy es casi inédita en las películas de superhéroes y, viniendo de Emma Stone, que destaca por su belleza y sus dotes actorales, resulta particularmente estimulante.
La mano de Webb realiza su mejor trabajo en las secuencias de acción. El director logra que el trabajo de Raimi palidezca junto a su dote para el vértigo, la velocidad y la limpieza narrativa: nunca se vuelve incomprensible lo que sucede en la pantalla. (Sólo Chronicle, estrenada hace unos meses, logra contagiar de forma similar ese sentimiento de ‘primer vuelo’ de un superhéroe.) Los planos secuencia de este Spiderman, aunque claramente producto de la tecnología, desbordan un uso inteligente, pensado; son de una plasticidad y vistosidad poco comunes —que ya quisiera, por ejemplo, el Batman de Christopher Nolan. Las escenas de entrenamiento del joven Parker y aquellas en las que cruza la ciudad enfundado en spandex son, al menos, emocionantes, y serán pocos los que no hayan notado que todo el trayecto del superhéroe hacia la torre Oscorp, cercano al final de la cinta, es una gran muestra de uso de la cámara.
Al final, el trabajo de Webb es solvente, y The Amazing Spider-Man es el primer y entretenido acto de una saga —que al menos será trilogía— que, aunque no viene a deconstruir el arquetipo superheroico (defecto no sólo de la cinta, sino del estado del cine actual), sí proporcionará buenos momentos en pantalla: no estamos ante una cinta de baja calidad realizada con el simple afán de vender; hay esfuerzo e inteligencia aquí. A veces, no hace falta más que eso.








