El miedo, mecanismo de control en anexo
Vecinos de la colonia Viejo Ejido de Santa Úrsula Coapa acusan que en el centro de rehabilitación María de Guadalupe se cometen abusos contra las personas que están en tratamiento, pero las autoridades no han encontrado nada.
Elementos de la PGJDF revisaron el lugar; emitirán diagnóstico.
México • El Acapulco no estaba loco, enloqueció en el anexo. Lo último que los demás supieron fue que una vez le metieron las piernas en una cubeta de agua y después el custodio “le dio toques, mientras él gritaba y los ojos se le volteaban”.
Todos se dieron cuenta. El miedo es la forma de tenerlos tranquilos. Por las noches, los vecinos escuchan gritos, es cuando golpean a los internos del anexo María de Guadalupe, ubicado en la segunda cerrada de Álvaro Obregón, colonia Viejo Ejido de Santa Úrsula Coapa, delegación Coyoacán.
Más que un centro de rehabilitación, es un negocio. Los familiares pagan una cuota semanal de 300 pesos por cada uno de los cerca de 70 niños, jóvenes y adultos: hombres y mujeres. Además, una despensa semanal de no menos de 150 pesos. Cuando sus familiares se los quieren llevar, hay que pagar 50 pesos por cada día que estuvieron en ese lugar.
Si un anexado requiere salir, a solicitud de la familia, tiene que entregar mil 500 pesos; además del dinero que llevan los anexados como producto del boteo en el transporte público.
Es una casona de tres pisos, ubicada en un predio de alrededor de 200 metros cuadrados. En la azotea se ve una alambrada que fue colocada para que los adictos no huyan. Sin embargo, se han reportado fugas.
Los dueños del negocio son Anastacio Hernández Márquez y Tomasa Tolentino Núñez. Hace 10 o 12 años optaron por convertir su casa en un anexo. Al lugar llevan a personas con problemas de alcohol o drogas.
El espacio de la supuesta rehabilitación no cuenta con personal especializado. Hay internos que tienen entre 6 y 7 años en el lugar.
“Me escapé de ahí”. Su nombre puede ser José y estuvo casi un año encerrado en ese lugar. Su esposa lo metió ahí para curarlo de su viejo alcoholismo. Pero un buen día huyó. Una vez afuera, José fue a presentar una denuncia penal ante la PGJDF.
El pasado viernes, personal de la procuraduría se presentó en la casona para verificar lo dicho por el fugado. En breve emitirán su diagnóstico de lo encontrado.
Pero seguro no encontraron nada, ironizaron vecinas de la zona, quienes también han insistido en la denuncia ante las autoridades.
“Alguien les avisa a los dueños de ese anexo y mueven todo: se llevan a los menores de edad a otro anexo”, acusan.
Cuando lo cierto es que todos duermen juntos, hasta personas con retraso mental. Es el caso de Gabriel Ángeles El Pollo, Juan José Solís o Francisco Valverde.
Los vecinos de los callejones aledaños recuerdan la fuga de 17 internos en septiembre pasado, pero sobre todo la golpiza que le dieron al muchacho que atraparon.
En los baños de metro y medio cuadrado tienen que bañarse cuatro internos juntos, tres veces por semana con agua fría y en no más de cinco minutos. Si se tardan son castigados por sus captores.
La sala en donde permanecen los anexados, día y noche, pues no hay patio o jardín, “está sellada por dos puertas de acero, tres candados, cadena y chapas”.
Existen testimonios de vecinos que han sido amenazados de muerte por Anastacio y su grupo de custodios:
En ese lugar, según un escrito que han hecho llegar a las autoridades en Coyoacán, se consume alcohol y droga. Los dueños propician ese consumo y hay relaciones sexuales con los mismos internos.
La PGJDF buscó evidencias el pasado viernes por la tarde, pero “no encontrarán nada”, ironizaron.








