Pez diablo, plaga en escala crítica
La población de tilapia, guapota, negrilla y corvina se está terminando, el animal ha golpeado la pesca. MILENIO Tamaulipas presenta la evidencia.
El consumo de esta especie no es común en México debido a su fuerte caparazón, espinas y poca carne.
Tampico • Salir a una jornada de 12 horas y que más del 70 por ciento de la captura sea del “pez diablo”, no apto para consumo humano, provocan “frustración y ganas de llorar” aseguran pescadores ribereños, sobre todo porque está acabando con especies nativas de la zona sur.
Un recorrido efectuado en la laguna del Chairel por MILENIO Tamaulipas, constató la problemática que cientos de pescadores de Tampico atraviesan en este momento a causa del Hypostomus plecostomus, mejor conocido como pez diablo, el cual está disminuyendo la población de la popular tilapia.
Juan Israel Rivas, de 26 años de edad, prepara el pequeño bote de motor de nombre “Fergie” que está amarrado en “La Tapada”, atracadero improvisado que se ubica en la laguna del Chairel, a unos metros del Club de Regatas Corona, en la colonia Águila.
Son las 6 de la mañana y están por salir los pescadores. Entre las piedras se encuentra sin vida al primer espécimen del pez diablo del día, casi seco y ya desprendiendo aroma a descompuesto. Se desenreda la línea y están listos para la jornada.
Juan Israel no va solo ya que es acompañado por Gustavo Gutiérrez, quien tiene toda la vida dedicándose a la pesca, al igual que más de 250 familias de las colonias Pescadores, Cascajal y Moscú.
Se recorre el Chairel en lancha cerca de la orilla con dirección hacia el norte. No se detienen a pescar en las cercanías porque las dragas municipales trabajan y eso, aseguran, aleja a los peces. Mientras, se observa cómo el lodo gris es sacado por las palas mecánicas y forma montículos grises en las islas.
Se observa el campo de golf del Campestre y la zona residencial que está de camino al punto de la pesca, el cual se encuentra a espaldas de la zona dorada de Tampico ya que es un sitio hondo en el que se acumulan las especies.
Encuentran el sitio para pescar, lanzan la línea. Se forma un círculo perfecto de aproximadamente 5 metros de radio. Al estar abajo la red, el bote gira en círculos, mientras que Juan y Gustavo golpean el remo contra el bote para que los peces se desorienten. Repiten el procedimiento por 15 minutos.
Es momento de sacar la línea del agua. Los pescadores en esta ocasión, esperan tener una buena captura de tilapia y plateado, peces muy populares.
Jalan la red con mucho cuidado. No van ni un solo metro y exclaman: “Ya viste, es el primer diablo. Continúan tirando de la línea y la sorpresa no la pueden evitar: “Ahí está, ven de qué hablamos, este pescadito es una verdadera plaga”.
En la red, atorados, los peces diablo superan los 50, es decir, más del 70 por ciento de la pesca en el primer lance, ya que en la jornada se hacen cuatro. El dorado que se capturó se cuenta con los dedos de ambos pescadores y la tilapia luce por su ausencia.
Dicho procedimiento se repite tres veces más y el resultado es el mismo, el pez diablo se ha apoderado de la laguna del Chairel y como una plaga, casi desaparece a la tilapia, una especie muy popular en las mesas de los compradores de la zona sur de la entidad y de la región.
“Viste, el pez diablo nos está jodiendo la pesca y pone en riesgo nuestra economía”, declara el pescador rivereño Israel Rivas, quien señala que el kilo de pescado se lo compran de 3 a 4 pesos.
Explican que para salir a una jornada de 12 horas invierten 120 pesos diarios y en ocasiones, apenas logran superar los 20 kilos de captura, que equivale a 60 pesos diarios.
“Por esta plaga hay ocasiones que apenas y sacamos para comer. Yo tengo dos hijos, uno de 8 y otro de 6 años, y no se puede con todos los gatos. Tenemos un problema muy grave”, enfatiza.
Casi al regresar al embarcadero del que partieron los pescadores quisieron pasar a ver el “cementerio del diablo”, un sitio a 200 metros del bloque de contención que construyeron para dividir el Chairel y que va desde la colonia Águila hasta el Puente Prieto.
Dicho lugar está aproximadamente a 2 kilómetros del embarcadero del cual comenzaron la jornada. A lo lejos, se ven dos zopilotes que esperan la llegada de la embarcación atraídos por el olor a pescado fresco. Dichas aves son las más beneficiadas con esta plaga, pues pese a la dureza del cuerpo del pez diablo, se la ingenian para succionarles los órganos.
La pequeña embarcación se aproxima al lugar y el pútrido olor se deja venir. Ahí, un centenar de peces diablo muertos le dan un toque desolador al sitio, aunado, al fuerte olor a descomposición que se deja sentir y que se incrementa con los casi 39 grados centígrados del medio día.
Aseguran que en dicho logar todos los pescadores pasan a tirar el 70 % de su pesca diaria, constituida principalmente por el también llamado pleco, limpia peceras, chupa algas, chupa piedras, pez gato, entre otros motes.
Sin exagerar, en dicho cementerio improvisado el olor es insoportable, lloran los ojos y dan ganas de vomitar. Es de reconocer a quien soporte más de 5 minutos ante tal podredumbre.
“Para que te des una idea, todo los restos de pez diablo que vez aquí es la pesca que no sirve, y así como éste, hay muchos lugares en donde se dejan tirados ya que no los podemos regresar al agua y nosotros no los queremos”, recalca Gustavo Gutiérrez.
Es de sorprender la rapidez en que se ha reproducido dicha especie, que en la zona no tiene antecedentes que superen los dos años y que en poco tiempo ha logrado hacer estragos.
Es prácticamente un hecho que el limpia peceras haya encontrado un sitio idóneo para vivir y reproducirse por todo el sistema lagunario, afectando el río Tamesí, la laguna del Champayán, el Chairel y hasta el río Pánuco, poniendo en riesgo a las especies nativas.









