Entre presidenciables reina el temor al desliz
Día 61 de la campaña. Queda menos de un mes antes de que la veda previa a las elecciones caiga sobre todos como el telón de una obra que en su mayor parte ha sido aburrida, predecible, desangelada, rescatada del bostezo solo por un estallido juvenil fuera de script.
Se reúnen presidenciales con consejeros de Bancomer
Día 61 de la campaña. Queda menos de un mes antes de que la veda previa a las elecciones caiga sobre todos como el telón de una obra que en su mayor parte ha sido aburrida, predecible, desangelada.
Ciudad de México • Día 61 de la campaña. Queda menos de un mes antes de que la veda previa a las elecciones caiga sobre todos como el telón de una obra que en su mayor parte ha sido aburrida, predecible, desangelada, rescatada del bostezo solo por un estallido juvenil fuera de script.
En cuatro semanas los actores y la actriz tendrán que agradecer al público y después guardar silencio. El tiempo para hacer algo se les acaba.
¿Llegó el momento de arriesgar, de proponer un diálogo osado, de convocar, arengar, inyectar pasión, ir al todo por el todo para tener un final de antología digno?
No. La ortodoxia y el temor al desliz reinan absolutos.
El guión es el mismo que en el día 15, el 27, el 34, el 40.Enésima pasarela de presidenciables, en esta ocasión ante consejeros de BBVA Bancomer, reunidos en un lujoso hotel de la Ciudad de México para su asamblea anual. Empresarios, financieros, banqueros, economistas, comerciantes: a ellos toca sufrir una presentación económica más de la contienda. La misma que hubo ante el Consejo Coordinador Empresarial, los consejeros de Banamex, los aseguradores…
Esta vez, y como casi toda la campaña, el encuentro vuelve a organizarse en un ambiente cuidado, un entorno depurado, plagado de agentes de seguridad, de imposible acceso a improvisados para evitar sorpresas.
En su esencia, el discurso presentado por tres de los cuatro candidatos presidenciales ante el capital extranjero es idéntico: “Reformas”, promete Enrique Peña Nieto. “Reformas”, promete Gabriel Quadri. “Reformas”, dice Josefina Vázquez Mota. Cambian los matices, los adjetivos, el nivel de modernización y apertura económica prometida, pero en el fondo la idea es la misma.
Para esta ocasión, el que difiere es Andrés Manuel López Obrador. Ya ni se presenta ante un público que, no es secreto, le es abiertamente hostil y con el que simplemente no hay química. En vez de confirmar, continúa con su gira por el sur del país.
A dos meses de haber iniciado la contienda, lo único que parece haber cambiado son los rostros de los candidatos. Las ojeras de Peña Nieto, cuyo peinado no es hoy inmaculado y se asoma ya con algunos cabellos fuera de sitio.
La cara
de cansancio de Vázquez Mota, a quien sus ojos delatan: se ven diminutos a la distancia. Y el hartazgo inocultable de Quadri cuando le preguntan, una vez más, sobre su relación con Elba Esther Gordillo.
Solo algunos atisbos de lo que está por detrás del discurso se asoman. Breves muestras de lo que quizá calcula a estas alturas cada candidato. Peña Nieto habla de lo que haría con una mayoría en ambas cámaras del Congreso. “Mi gobierno no será de imposición”, promete.
Vázquez Mota aborda la percepción de la derrota. Insiste en que la campaña no ha terminado. “No nos podemos rendir frente a la elección del primer de julio. No está resuelta”, dice. ¿Y Quadri? Vuelve a repetir que es un candidato ciudadano.
Y aún les falta un mes. Un largo mes. Treinta días más de esto.








