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Caída del precio extingue la fiebre del pulpo en Celestún

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Pescadores vendían en 2011 hasta en 120 pesos el kilogramo y la mayoría del producto se exporta a países asiáticos, pero este año la situación es crítica. Los marinos yucatecos y campechanos se disputan la captura de los moluscos.

Celestún • El año pasado, por estas fechas, los pescadores de la aldea yucateca de Celestún dieron inicio a una temporada de pesca tan extraña, tan poco habitual, que aún se habla de ella con reverencia. Literalmente pescaban oro rojo a manos llenas.

“¡Nos compraban el kilo de pulpo rojo a 120 pesos!”, recuerda Pastor Gómez, propietario de uno de los miles de pequeños barcos pulperos de la zona, limítrofe con el estado de Campeche. “Había compañeros que pescaban 100, 150 kilos y ganaban hasta 10 mil pesos por día”.

Ciento veinte pesos podrá sonar a poco en comparación con especies más provechosas, como la langosta o el camarón. Pero para una especie, cuyo precio natural no suele pasar de los 25 pesos, la multiplicación de su valor por cinco resultó ser algo inédito, un evento que quizá pueda llegar a pasar una vez en la vida. Por espacio de siete meses, Celestún vivió lo que sóolo puede describirse como la fiebre del molusco. “Todo el pueblo disfrutó de la derrama del pulpo. Fue un gran año”, señaló Gómez.

Una serie de factores se conjugaron para hacer que la aldea, ubicada justo al lado de algunas de las más grandes existencias de pulpo rojo o maya en el mundo —la frontera entre Yucatán y Campeche—, disfrutara de un momento que ahora parece irrepetible: una alta demanda internacional de Europa y Asia, baja producción de competidores en África y Sudamérica y una temporada muy buena de pesca.

Hasta los pulpos y el clima parecieron cooperar con los buenos tiempos. Inusualmente, recuerdan los pescadores del pueblo, miles de moluscos rojos se congregaron ese año cerca de la superficie, fuera de sus cuevas, listos para ser atrapados a poca profundidad y sin necesidad de demasiada carnada. Las aguas estaban picadas, algo que les obliga a dejar sus refugios en el fondo y genera excelentes condiciones para la pesca.

Más de uno se hizo de buenas ganancias. Después de todo, el pulpo rojo se compra casi en su totalidad en divisas como euros y dólares: 90 por ciento de la producción local está destinada a ser exportada a mercados mediterráneos y asiáticos, a donde se envía el producto a bordo de barcos cargueros que parten continuamente desde Progreso.

“Prácticamente toda nuestra producción es para el extranjero. Para Japón, España, Italia, Portugal, Francia, Grecia y los hoteles de la Riviera Maya…”, dijo Mauricio G., operador en la planta congeladora Inpesmar, la principal del oriente del estado.

“Eran precios increíbles”, coincidió Renán Solís, inspector pulpero de la planta y veterano de cinco décadas en la pesca del molusco. “Nadie nunca había visto que se pagara eso por pulpo. ¡Cien pesos! No era real. En toda mi vida jamás imaginé que llegara a eso”.

Fue un escenario de ensueño. Por eso, cuando el miércoles de esta semana se abrió la veda y comenzó la temporada anual de pesca de pulpo, más de uno anticipó una repetición del buen año: muchos pescadores se endeudaron en la adquisición de nuevo equipo y carnadas para aprovechar otra fiesta.

Pero no contaban con la crisis económica europea y la parálisis de las economías griega, española e italiana. En el primer día de la temporada de pesca, esta semana, fue quedando claro que la demanda por el oro rojo se había desplomado. Nadie lo habría podido predecir, pero eventos distantes han tenido un efecto rotundo en esta pequeña aldea del caribe maya.

“Nuestros principales compradores en Europa no están comprando”, indicó Solís. “Los europeos del Mediterráneo tienen altísimos stocks de pulpo que no se vendió por la crisis económica. Ahorita no quieren pulpo y nos deprimieron el precio. Se nos cayó”.

En la procesadora, un letrero le anunciaba a los pescadores el precio al que se pagará este año el kilo: 20 pesos. Tan rápido como empezó, se le acabó la fiesta a Celestún. Reventó la burbuja del pulpo rojo y las cosas volvieron a la normalidad.

“Con eso no alcanza ni para sacar los gastos de la lancha, la carnada, los alimentos y la gasolina”, lamentó Gómez. “Va a ser una temporada muy mala”.

Entre los pescadores, admitió, ha comenzado a cundir la preocupación. Muchos han decidido no salir en estos primeros días, con la esperanza de que el precio suba un poco.
Aunque con toda probabilidad en Celestún nadie ha oído hablar de él, el economista Nial Ferguson ha identificado los pasos de lo sucedido en la burbuja económica del pueblo pesquero.

En su libro ‘El ascenso del dinero’, identifica cinco pasos en la creación y explosión de una burbuja:

1.Desplazamiento: Un cambio en las circunstancias económicas genera nuevas oportunidades de ganancias en un mercado.

2.Euforia: Los precios se elevan de forma constante y autosustentable, lo que alimenta más crecimiento.

3.Manía o burbuja: la perspectiva de ganancias fáciles atrae a inversionistas novatos.

4.Temor: Los precios no se sostienen en la realidad.

5.Discrédito: al caer los precios, los inversionistas huyen del producto, lo que hace que la burbuja estalle.

Celestún va hacia la quinta etapa.

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Desde el aire, el inicio de la pesca del pulpo rojo es una imagen impresionante: miles de lanchas compiten entre sí, dirigiéndose a los distintos bancos del molusco. Parece una regata de carreras. Se estima que hasta 15 mil pescadores dependen de esta actividad.
Para este año, el gobierno estatal ha autorizado la captura de 10 mil toneladas de pulpo maya. En realidad, es una de las pocas especies que le quedan a los pescadores de la zona: tras años de descontrol, la pesca de caracol ha sido prohibida permanentemente ante su casi extinción. La langosta, otra especie aprovechable, sólo puede ser atrapada tres meses –de marzo a junio— y el pepino de mar se encuentra bajo estricta vigilancia durante 7 meses. Su temporada arranca hasta marzo.

Por el contrario, la temporada de pulpo se extiende por siete meses. Pero los buenos precios han hecho también que sea objeto de disputas: los pescadores de Celestún y el vecino Punta Arenas, en Campeche, son famosos por enfrentarse en batallas campales por la constante invasión de unos y otros en sus respectivas aguas.

La Marina Armada se ha visto obligada a patrullar la zona de forma permanente. Este año, media docena de lanchas interceptoras Polaris y un helicóptero MI-17 han sido desplegados por la IX Zona Naval, basada en Celestún, para tratar de disuadir a los pescadores de enfrentamientos.

Pero este año parece que, al menos en un principio, no habrá incentivo para pelear por el pulpo rojo. “No estamos agarrando nada. Va muy lento porque el agua está muy calmada”, admite uno de los pescadores. “Ahorita sí que está muy mala la pesca”.