Investigadora de 17 años se integrará a la UNAM

Jalisco •

La adolescente narra cómo realizó con pocos recursos el estudio galardonado.

México • Cecilia Lara no sabía cómo realizar una investigación científica, pero un día decidió participar en el Premio Nacional Juvenil del Agua, propuso un proyecto para ayudar a comunidades de bajos recursos y obtuvo el segundo lugar.

La joven, que estudiará Biología en la UNAM, apenas tiene 17 años y ya desarrolló un sistema para purificar agua mediante la moringa, un recurso económico y efectivo.

El proyecto, reconocido por la embajada de Suecia y la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) como una de las mejores propuestas ideadas por un joven menor de 20 años, surgió un día que Cecilia atravesó la Prepa 8 para llegar a clase y vio que en el edificio de Química habían pegado una convocatoria.

“Me dije ¿por qué no intentarlo? La verdad decidí entrar porque quería probarme a mí misma, no porque pensara en ganar.”

La chica comenzó a revisar libros, consultar profesores, apuntar ideas e invitó a una de sus amigas a colaborar. Se aventuró a hacer lo que nunca había realizado: una investigación científica.

“En mi último año de preparatoria mis asignaturas eran física, matemáticas, química y biología, pero la única materia que me gusta es la última”, comentó la joven.

El primer intento

“Quería trabajar con ostras; había leído que son filtros naturales y encargué unas de Acapulco. Las cosas comenzaron a salir mal, pues muchas se murieron en el camino y las demás en mi casa”, recordó Lara.

“A esto se sumó que mi primer asesor era un profesor de matemáticas, así que no sabía responder mis preguntas, y que mi amiga ya no quiso saber más”, abundó.

Era momento de reconsiderar, y por eso cambió de objeto de estudio y de asesor. También necesitaba un laboratorio, pues en su plantel no había alguno adecuado.

Pidió consejo a una profesora de físico-química, “Me sugirió cómo diseñar las pruebas y a operar ciertos materiales, pero como eran las últimas semanas de clases no tenía tiempo para asesorarme”.

La joven decidió que el lugar ideal para volver a empezar era Ciudad Universitaria, “en el Instituto de Biología (IB) para ser precisos, adonde nos llevaron de visita una vez de la Prepa y del cual, desde que entré, quedé prendada”, comentó.

“Preguntando y hojeando libros y revistas de la biblioteca llegué al árbol de la moringa. Ahí me enteré de que se trata de una variedad usada en el Nilo para limpiar el agua, además de que en México crece sin problema”, recordó Lara.

Tenía nuevo proyecto y nueva pregunta, “¿dónde hago mis experimentos?, ¿y sí voy a la planta potabilizadora que está cerca de casa?”, pensó.

El plan parecía sencillo, pero no contaba con la burocracia. “El primer día platiqué con el personal sobre mi proyecto, pero me informaron que debía ir a la Dirección de Sistemas de Aguas de la Ciudad de México. Ahí no pudieron hacer nada, por lo que me mandaron a un edificio del Centro para hablar con el encargado de las plantas del sur. El proceso tardó tanto que cuando obtuve el permiso estaba a una semana del límite para entregar el proyecto”, narró la estudiante.

Trabajo a contrarreloj

El último día para presentar el trabajo fue el 7 de mayo, “y yo empecé a trabajar en la planta el 3”.

Lo primero que debía hacer, explicó la joven, era preparar la solución con la que iba a trabajar, que implicaba quitar la parte externa de la semilla de moringa, molerla y colocarla en agua destilada para liberar una proteína soluble con propiedades fluoculantes (es decir, que aglutina sustancias coloidales presentes en el líquido, favoreciendo la purificación hídrica).

El siguiente paso fue tomar una muestra del río Magdalena, “venía cargada de lodo y todo tipo de contaminantes”, y ver cómo actuaba el compuesto. “Los factores que consideré a la hora de realizar mis mediciones fueron alcalinidad, dureza, PH y turbiedad, pues mi objetivo era, mediante el uso de la solución, alcanzar los parámetros que establece la Norma Oficial Mexicana (NOM) para agua de consumo humano”.

Fueron cuatro días de trabajo arduo, en los que los datos eran cada vez más satisfactorios. “Demostré que, con la moringa, el agua sucia podía limpiarse hasta alcanzar los niveles que establece la NOM, excepto en lo que a turbiedad se refiere, pues la norma establece que deben ser cinco unidades como máximo y sólo llegué a 32; sin embargo, hay que considerar que en mis muestras originales las turbiedades iban desde las 300 hasta las 500 unidades, así que el descenso fue considerable”, expresó la joven.

Claves

Premio de la AMC

• El Premio Juvenil del Agua promueve la importancia a través de la investigación científica para conservar ese recurso.

• Además del reconocimiento de la AMC y la embajada de Suecia, la preparatoriana recibió 20 mil pesos por el segundo lugar.

México • Redacción