Vuelo 572, el vuelo de la esperanza

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La selección nacional viajó de Bruselas a Johannesburgo; en la travesía pasaron muchas cosas; entérate de ellas, aquí...

En alguna parte del cielo, sobre África Occidental: los poderosos motores del 747-400 de Lufthansa rugen en la madrugada africana. Es el vuelo 572, que salió hace un par de horas de Frankfurt con destino directo al aeropuerto Tambo de Johannesburgo, Sudáfrica. A bordo habemos 343 pasajeros, 23 ellos son la esperanza de más de 100 millones de personas.

Ése es el peso del avión, imposible de calcular en kilos, porque la pasión y la vibra que llevan cada uno de estos jugadores supera cualquier tipo de expectativa.

Javier Aguirre apenas esboza una sonrisa. Los ojos de Mario Carrillo siempre irradian sospecha. Rafael Márquez parece relajado. Torrado supone estar cansado y los más jóvenes, Vela, Giovani y Medina, viven y disfrutan su propio sueño. El resto del plantel se reparte en la personalidad siempre desafiante de Blanco, y la siempre desconcertante del Bofo.

“Tendremos un vuelo de 10 horas y 50 minutos. El tiempo en ruta es bueno y no esperamos ninguna turbulencia importante”, dice el capitán, en inglés, con un acento alemán que lo delata enseguida. Algunos, los que le temen (tememos a las alturas) suspiramos por las tranquilizadoras palabras del comandante.

La revista de la línea aérea alemana anuncia la película Invictus como una de sus presentaciones exclusivas del mes de junio. ¿Una advertencia, una motivación? La mayor parte de los jugadores ya vieron la extraordinaria actuación de Morgan Freeman y de Matt Damon, con el triunfo sudafricano en la Copa Mundial de rugby. Ironicamente, pocos o ninguno de los jugadores, en la escala en el aeropuerto de Frankfurt, habrán visto como la televisión alemana reproducía imágenes del verdadero Mandela visitando a los jugadores de la selección sudafricana.

El sueño profundo atrapa a Ricardo Osorio, sentado en la fila 39B. A su lado, Carlos Salcido y El Maza Rodríguez, con los audífonos puestos, también parecen instalados en el los brazos de Morfeo. A Carlos Vela le cuesta trabajo dormirse, mientras Efraín Juárez se distrae en la pantalla personal que tiene delante de él. Ochoa está metido en su laptop y Michel conversa con Magallón.

“Estoy emocionado”, me dice un siempre amigable Ricardo Osorio. “Cuántos y cuántos jugadores no sueñan como un momento como éste en su vida: jugar una Copa del Mundo. Yo estoy aquí, por segunda vez, así que es emotivo y satisfactorio”, agrega.

Las azafatas recogen los platos con los restos de la cena: algunos escogieron salmón, otro pollo y algunos más, pasta. Agua, mucha agua para evitar la deshidratación y para luchar ante la escasa presencia de oxigeno.

El Conejo pone toda su experiencia y madurez por delante para no perder el piso ni sentirse el portero titular del viernes que se aproxima. “No sé, no sé. La decisión es del Vasco, dice sobre la hipótesis de que será el primer guardameta del Mundial.

A esta hora de la madrugada, los sacos y las corbatas resultan pesados e incómodos. La orden, sin embargo, fue clara: cuando el equipo viaja, lo hace bien vestido, misma apariencia que esperan dar en algunas horas más, cuando el avión aterrice en territorio sudafricano y los jugadores tengan que sonreír antes las cámaras del mundo.

El mapa en la pantalla principal del avión destaca que estamos sobre territorio de Nigeria. Chad está a la izquierda y Camerún se aproxima. Vamos a 40 mil pies sobre el nivel medio del mar, a 912 kilómetros por hora, y al vuelo le restan aún 7 horas y 21 minutos de travesía. La cabina oscura, el rugido de los cuatro motores General Electric y las sigilosas sobrecargos que caminan por los pasillos.

Hay algunos, como yo, que somos malos para dormir en el avión. Estoy buscando a un compañero del insomnio, a un aliado del miedo de volar, alguien al que también le duela la espalda o las rodillas. Imposible. Están dormidos, completamente sedados, mecidos por los vientos del sur, hipnotizados por la ligera turbulencia que de vez en cuando sacude a la nave. Hay cansancio, hay fe, hay esperanza, hay ilusiones, hay un amanecer a la vista, porque ellos tendrán tiempo de ver el sol del nuevo día incluso antes que el resto de los 150 millones que impulsan sus sueños.

2 Goles le clavó México a Italia, en el primer triunfo en selección mayor. Antes, le ganó durante los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.

2 Triunfos obtuvo el cuadro nacional en su gira por Europa: 5-1 a Gambia y 2-1 a Italia, con los que completó su preparación mundialista.

2 Derrotas registró el Tri en tierras europeas: 1-3 frente a Inglaterra y 1-2 contra Holanda, lo que prendió los focos rojos en el equipo.