Edición:

Pedro Reyes. El alquimista de las armas

Dominical •

“La violencia es la forma más primitiva del comportamiento humano y la música la más evolucionada”, dice Pedro Reyes, personaje que fabrica instrumentos musicales a partir de pistolas y 'cuernos de chivo' decomisados por el Ejército en México.

• En el Antiguo Testamento el profeta Isaías escribió: “Y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces”. De la muerte a la vida. El exorcismo comienza. El músico acaricia el metal que aún huele a pólvora y miedo. Baila su mano de arriba abajo a todo lo largo del brazo de un bajo hecho con dos cañones de rifle. Las gruesas cuerdas vibran sobre el cuerpo del aparato, el cual está armado con cargadores de AK-47. La alquimia del artista mexicano Pedro Reyes comienza: de la muerte a la vida. Sus quiméricos instrumentos ahora generan ritmo, belleza.

El sonido que escapa del amplificador del bajo se mezcla con los ritmos de lo que podría ser una marimba hecha de cañones de rifles estadunidenses AR-15 y unas maracas de cargadores de cuerno de chivo. Un pedal hecho con dos revólveres golpea un tambor de piso. A su lado, algo parecido a un salterio, pero fabricado con cuatro revólveres y los cañones de cuatro escopetas, lleva la melodía. Más adelante se les sumarán una flauta que en su otra vida fue el cañón de un rifle de francotirador y una guitarra hecha con dos pistolas estadunidenses automáticas Colt .45 y otras dos de la marca Smith & Wesson.

Todos estos objetos forman parte de un onírico arsenal: el proyecto Imagine, hasta hoy compuesto de 55 instrumentos fabricados el mes de junio de 2012 a partir de armas que fueron decomisadas en diferentes operativos en el norte del país desde 2006.

Atrás quedó el sonido seco del disparo asesino. Estos irracionales objetos ahora arrojan pausados ritmos que se registran en los micrófonos instalados para grabar la sesión. “Este es un proyecto pacifista”, dice Pedro Reyes, “es una forma de convertir un agente de muerte en uno de vida”.

METAL PARA LA SIEMBRA

Entre 2006 y 2008 el artista, nacido en la Ciudad de México en 1972, concibió un proyecto llamado “Palas por pistolas”, el cual buscó transformar el metal con el que están hechas las armas en instrumentos para sembrar árboles en diferentes partes del mundo.

Para ello, Pedro Reyes lanzó una gran convocatoria para intercambiar armamento de todos calibres por un cupón para comprar electrodomésticos en la ciudad de Culiacán, Sinaloa, una de las urbes más violentas del país en los últimos años.

A través de anuncios en radio y televisión, con un toque de dramatismo estilo telenovela, el artista educado como arquitecto logró reunir, en 2010, mil 527 armas (40 por ciento de ellas de uso exclusivo del Ejército) con las que plantaron mil 527 árboles, es decir, un árbol por cada arma destruida.

Ese proyecto fue apoyado por el Jardín Botánico de Culiacán y patrocinado por la fundación Alumnos 47, organización civil no lucrativa que busca vincular a diferentes públicos con el arte y la cultura contemporánea. Gracias al apoyo de esa organización, Reyes pudo fundir el metal para posteriormente fabricar las palas.

El proyecto fue un éxito al punto de que varias galerías ubicadas en países como Corea, Turquía y Reino Unido (la Serpentine Gallery de Londres, por ejemplo) han invitado a Pedro a que exponga las palas y a plantar allá uno o más árboles.

COMO ATAÚDES

En una bodega de la colonia Anáhuac de la Ciudad de México, Pedro mira con atención un pequeño cañón de lo que bien podría ser una Walther PPK, la famosa primera pistola de bolsillo que utilizó el agente secreto británico James Bond. El artista la explora por todos sus ángulos y diagnostica: “Ésta bien podría ser una flauta de pan”, mientras se la extiende a Edi Kistler, un reconocido músico que participa, junto a Reyes, como la parte armónica en el proyecto Imagine.

El también vocalista y bajista de la banda de rock Liquits toma el cañón y le coloca una manguera conectada a una compresora que escupe aire y con la que pretende comprobar la utilidad de ese objeto como un instrumento de viento. A pesar de que exploró varios ángulos, Edi mira sin mucha expectativa el pedazo de metal que no ha producido sonido alguno. Finalmente la coloca en una caja marcada como “No sé”, en la que depositan objetos a los que posiblemente les hallen uso más adelante.

Detrás de Edi y Pedro, acomodados frente la pared de la bodega, y como ataúdes en espera de ser sepultados, descansan 480 cajas verde olivo de metal que guardan seis mil 700 armas, parte de la estela de terror y de muerte de los últimos años. Todo este material fue entregado por el Ejército mexicano al mismo Pedro Reyes en Ciudad Juárez a mediados de este 2012, debido a que algún mando de las Fuerzas Armadas conocía su trabajo en “Palas por pistolas”.

Al conocer del primer proyecto de Reyes, el Ejército le ofreció el material decomisado, principalmente en el norte del país, para utilizarlo. Pedro tuvo que firmar para ello un dictamen de no utilidad de las armas que ya venían previamente inutilizadas, luego de que los militares le pasaran un soplete a cada una sobre algunas de sus partes esenciales para su funcionamiento.

“Curiosamente”, dice Reyes de frente a las pilas de cajas recargadas sobre una pared blanca, “destruir armas es más caro que fabricarlas; sin embargo, esto es algo que los fabricantes y los países que las adquieren no consideran”. De acuerdo con el artista, hay una asimetría entre la violencia en México y los productores de armamento en el mundo. Y no es para menos, ya que de acuerdo con la organización Small Arms Survey, actualmente en el planeta existen en circulación 875 millones de armas cortas, justo como las que descansan en los ataúdes verdes, producidas por mil compañías de 100 países diferentes.

“Aquí hay armas gringas, alemanas, rusas, francesas, belgas y hasta chinas”, dice Reyes mientras repasa sobre una mesa algunos de los objetos más extraños que venían en el lote. Una de las que más llama la atención es una Colt automática que cuenta con incrustaciones de jade en la empuñadura plateada. Resalta una más, es un pequeño revólver que podría haber sido —imaginariamente— de alguna espía que la portaba entre sus piernas y sus medias, pero que en la realidad formó parte del arsenal del crimen organizado.

“La violencia tiene dos caras”, dice el artista que porta lentes de pasta. “La violencia visible, que es la que vemos en las calles, la que mata y sale en los periódicos; y la invisible, que es la que genera la industria armamentista en el mundo y que produce miles de millones de dólares cada año”. Según el artista, el objetivo de este proyecto es de crear un rechazo social a las armas.

ARTE CONTRA LAS ARMAS

“El proyecto es un poco como un réquiem”, justifica Reyes. “Esto es como una especie de celebración a una nueva fase de esas armas; es darles otra vida”.

Para Reyes, la violencia es la forma más primitiva de comportamiento del ser humano y la música la más evolucionada. “La música tiene una gran capacidad que es la de unir a la gente. Queremos demostrar que el problema de las armas se puede combatir a partir de la cultura”, afirma mientras explora con una baqueta la resonancia de otra pieza.

Sentado en uno de los ataúdes, Edi Kistler hace una analogía entre la sensación de poder que te da empuñar un arma y el sentimiento que se experimenta al tocar un instrumento, “creo que es el mismo, con una guitarra o un bajo se experimentan sensaciones muy similares”, comenta.

El músico recuerda el momento en que lo invitaron a participar en el proyecto: “Yo nunca había tocado un arma como ésta”, comenta mientras sostiene dos cargadores de cuerno de chivo. “De niño tenía un rifle de diábolos, pero nunca había visto un arma así”. Kistler sostiene que cuando empezaron el proyecto y al estar rodeado de estos instrumentos que habían matado, “se hablaba mucho de la vibra que generaban, pero con el trabajo siento que las hemos exorcizado. Yo las veo ahora como instrumentos musicales”.

La misma opinión tiene Alejandro Machorro, del laboratorio Cocolab, formado por talentos mexicanos expertos en tecnología y que, junto a Pedro Reyes, trabajan en esta segunda fase del poryecto Imagine. Machorro aprovecha para hacer una analogía: “Estoy seguro que las materias primas con las que fueron fabricadas estas armas no querían ser lo que son; sin embargo, les estoy devolviendo la posibilidad de ser lo que quizá quisieron ser: instrumentos musicales que generan belleza. Esto es un ejercicio de transformación”.

“Con este trabajo, estamos haciendo una especie de artillería musical”, interrumpe Reyes. “La palabra batería es una palabra que se usa en la guerra. También las campanas, de hecho en la antigüedad se dieron cuenta que si ponían pólvora en su interior, un objeto (la bala) podía volar por unos instantes gracias a la combustión de la pólvora”.

Pedro Reyes dice que no se siente un alquimista, “los alquimistas lo que hacían era disolver y coagular; querían hacer dinero con el excremento. Lo que nosotros estamos haciendo —dice—, es un ejercicio de transformación”.

CARGADO DE SIMBOLISMOS

De un portafolios que descansa frente a una pila de cargadores de AK-47, el artista mexicano extrae una libreta en la que muestra el diseño de un onírico instrumento. Es una especie de zampoña o siku, aquel instrumento de la música andina que posee dos hileras de tubos, pero que en el singular instrumento de Reyes está formada por cañones de rifle y pistolas automáticas de diferentes tamaños que son sostenidas por un gran soporte de metal. Según el dibujo, cada tubo estará alimentado de una manguera de aire que permitirá que genere diferentes notas musicales.

Este instrumento metafórico formará parte de la segunda etapa del proyecto Imagine de Reyes y su equipo, el cual busca generar ahora una segunda generación de aparatos que toquen de manera automática a través de órdenes que les envíe una computadora. Ellos servirán para que un grupo de músicos interpreten melodías sobre la base preprogramada.

Actualmente el equipo trabaja para terminar de fabricar todos los instrumentos antes de marzo de 2013, con la intención de grabar un disco entre México e Inglaterra, país donde fueron invitados a presentar el material el próximo año en un concierto.