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El sexódromo: Curiosidades eróticas VI

El Ángel Exterminador •

Senos, genitales y parejas en pleno acto erótico se muestran agrupados bajo "hashtags" como #instasex y #sextagram.

México • Muchos de ustedes, queridos lectores de todas las edades, deben tener una cuenta en la red social de fotografías Instagram o saber de qué se trata, ya que en Facebook y Twitter suelen publicarse las imágenes tomadas con esta aplicación. Paisajes, pajaritos, edificios, niños, naturaleza muerta… todo aquello que puede reflejar un sentimiento, un momento o, simplemente, mostrar algo, están ahí. También conviven, a últimas fechas, con imágenes sexualmente explícitas.

Este material ha sido denominado “sexagram”, y encuentra nicho principalmente en Twitter, donde por lo regular no existe control o censura sobre lo que la gente publica (he visto pasar por mi time line fotografías pornográficas, pero también tengo amigos a los que les han suspendido temporalmente sus cuentas porque al momento de rewittear alguna frase hicieron algo mal). Senos, genitales y parejas en pleno acto erótico se muestran agrupados bajo etiquetas (hashtags) como #instasex, #sextagram y otros afines, aunque no necesariamente. Las cuentas de productores y actrices de cine tres equis muestran pelos y señales de los rodajes o hasta comparten —como en el caso de Nacho Vidal, joven leyenda del cine porno español— las imágenes que les mandan sus amantes desde el lado contrario del mundo (para que no se sientan solitos durante las filmaciones eróticas).

Tratándose de adultos, esto no genera ningún problema en el entendido de que cada quien decide a quién seguir y a quién no, qué le gusta o le ofende; la cosa se complica cuando son niños o adolescentes los que tienen acceso a las redes sociales, sin asesoría ni revisión de los padres.

No toda la tecnología de la red y los smartphones es nociva cuando se relaciona con la sexualidad humana. En España se está realizando un ejercicio interesante: en Oviedo, durante las fiestas de San Mateo (del 14 al 22 de septiembre), se ha abierto un servicio de asesoramiento sexual por Whatsapp, software multiplataforma de mensajería instantánea para teléfonos inteligentes. Esta experiencia empezó el 8 de agosto en la Semana Grande de Gijón y continuó en Avilés hasta el 28, día de san Agustín. Cuatro sexólogas voluntarias han recibido un promedio de 300 consultas sobre salud sexual, la mayoría de ellas realizadas por jóvenes.

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Algunos seguidores de Lars Von Trier se habrán quedado patidifusos después de ver las primeras escenas de su película El Anticristo, donde Charlotte Gainsbourg y Willem Dafoe se avientan tremendo agasajo bajo la ducha con final —por desgracia— infeliz. La patidifusión no surge por el calibre del encuentro, sino del supuesto miembro que presume el buen Willem más los tremendos glúteos de la atractiva Charlotte. “¿Será que así están?”, se pregunta uno meses (o años) después de comprender el sentido de la película.

Resulta que no; Von Trier suele ocupar “dobles de cuerpo”, y justo ahora está buscando quienes hagan lo propio en The Nynphomaniac (o “lo que le viene siendo” La ninfómana), su nuevo proyecto, en el que presentará escenas “de sexo real” protagonizadas, de nuevo, por Charlotte Gainsbourg.

Zentropa, productora de Von Trier, emitió un comunicado en donde afirma, desde antes de acabar de rodar la cinta, que “las escenas sexuales en la película serán interpretadas con la ayuda de dobles y efectos especiales”, comentarios que no hizo antes de El Anticristo, aunque se cree que pasó lo mismo.

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China es un mundo paralelo cuando se habla de sexualidad (aunque no tanto como Japón). Hay situaciones que en Occidente serían curiosas, raras o extravagantes, pero que en ese país se deben asumir. Por ejemplo, compartir el mismo apellido tras casarse fue, durante siglos, un imposible; hoy sigue sin usarse, aunque ahora los novios intercambian una especie de carta astral, Pa-tzu, en la que figuran ocho caracteres que indican la compatibilidad de los contrayentes según su fecha de nacimiento.

La mujer china fue considerada incapaz de gobernar sus deseos y, por tanto, factible de ser controlada con restricciones como la segregación sexual. Existía el concepto de “la femineidad ideal” como aquella en la que la mujer era pasiva en el coito, contrapuesto con la potencialidad erótica de una dama ingobernablemente sensual hasta para sí misma. Aquella que se mostraba conocedora del placer y sabía qué hacer durante el encuentro sensual, era catalogada como mala, como alguien que no merecía tener un enlace matrimonial reconocido por la sociedad.

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Para el célebre escritor español Enrique Jardiel Poncela, “el amor es una comedia en un acto: el sexual”. Me encanta la jiribilla de su frase, pero me hace darle la vuelta y pensar: ¿El encuentro sexual debe ser de un solo acto? “Mientras más, mejor”, suelen decir algunas personas cuando se les pregunta por la importancia que tienen las relaciones eróticas dentro de una convivencia de pareja. Y es que encontrarse íntimamente con el otro pareciera ser un acto humano necesario que muchas veces se ve empañado por factores como la rutina, el estrés y la monotonía. Los encuentros eróticos son sanos, alivian malestares, nos dan placer, tienen que ver con la estimulación de los cinco sentidos y, por lo tanto, el hecho de que se siga considerando como algo automático, que se “debe hacer” (“a esta hora, estés o no estés”), donde al juego previo le siguen la penetración y el coito para siempre finalizar ambos a la vez, es algo equivocado en nuestra cultura.

No importa con qué frecuencia se presenten las relaciones sexuales sino el entusiasmo, la entrega con la que se realicen. Sea un acto o tres, una vez por semana o siete, lo importante es que nos sintamos bien, contentos, sin presión. Eso nos hará estar mejor con nosotros mismos y nuestra pareja.

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Desde un punto de vista fisiológico, el ombligo no es más que la cicatriz que se forma al cortar el cordón umbilical tras el alumbramiento, y si bien el adulto podría considerarlo inútil, durante la vida uterina es esencial para la supervivencia y desarrollo del feto, ya que de él nace el funículo, conducto que le permite nutrirse y desarrollarse, además de ser el intermediario ente la madre y su futuro hijo.

Aunque este cordón se corte, no podemos ver al ombligo como algo ajeno, pues desde tiempos remotos se le considera estrechamente vinculado con nuestro destino, por ser nuestro “otro yo”, el receptáculo de la mitad de nuestra alma.

Casi todas las civilizaciones antiguas tenían la firme creencia de que el ombligo era el centro absoluto del universo y que a partir de ese punto se inició la creación. El ombligo-centro sobreentiende, en el nacimiento de todo, la existencia y la presencia del cordón, según asegura Gutierre Tibón en su libro La triade prenatal. Para muchos, más allá de este simbolismo esotérico o de su función fisiológica, el ombligo es un importante punto erógeno. Y no precisamente porque tenga terminaciones nerviosas particulares o una sensibilidad importante, sino, pienso yo, porque está en el centro del cuerpo, ya que, así empecemos nuestras caricias por el rostro o nos comamos a besos los pies, siempre terminaremos llegando al ombligo, y eso nos resulta paradisiaco. A algun@s las cosquillas en esta zona l@s matan (¡levanto la mano!) pero, a la vez, la sensación los invita a pedir más. ¿Ustedes, amados lectores, ya lengüetearon el ombliguito que aman?