De la Colina reconstruye amistad entre Paz y Buñuel
Prologa "Octavio Paz, Luis Buñuel: el doble arco de la belleza y la rebeldía" (FCE), un libro donde se pueden leer cartas, artículos y hasta un poema de estos iconos de la cultura hispanoamericana.
Al cineasta lo conoció en 1949. La imagen contiene una dedicatoria.
México • Uno de los escritores vivos que mejor conoció al cineasta español Luis Buñuel y al ensayista mexicano Octavio Paz es José de la Colina (Santander, 1934). El autor de los guiones El señor de Osanto, Naufragio y El corazón puede jactarse de haber tenido una excelente relación con los dos iconos de la cultura hispanoamericana.
Con Luis Buñuel a partir de 1949, cuando De la Colina era un joven de 15 años que quería dedicarse a escribir y por casualidad vio un anuncio en el periódico en el que se convocaba a un niño que no fuera actor para hacer un casting en una cinta de Buñuel llamada La manzana podrida.
Ésta después se convirtió en Los Olvidados. Aunque al principio lo aceptaron y le dieron el papel de Pedrito, protagonista de la película, después se lo quitaron porque el productor le dijo a Buñuel que él no era el prototipo de un niño mexicano y que si se pretendía rodar una película en la que se reflejara la pobreza nacional se tenía que cambiar al actor.
La relación con Octavio Paz fue un tanto distinta. Lo conoció cuando tenía 17 años. “En una de las marchas universitarias que se hicieron en la época en la que Paz fue funcionario de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el escritor decidió salirse un rato de su trabajo para unírsenos en la protesta, lo que le trajo varios problemas. Después de eso me llamó para integrarme a las revistas Plural y Vuelta”, comenta.
Por todo esto, no hay nadie mejor para prologar el libro Octavio Paz, Luis Buñuel: el doble arco de la belleza y la rebeldía (FCE), en el que lo mismo se encuentra un intercambio epistolar de estos personajes, que artículos del autor de Laberinto de la soledad sobre el director de la película Un perro andaluz y un poema de Jaques Prévert dedicado a Los olvidados.
En el prólogo, el escritor quiso rescatar la amistad de estos dos grandes de la cultura hispanoamericana y los vasos comunicantes que los unían: su idealismo, los claroscuros de la realidad, la necesidad de sobrevivir, el deseo de hacer cosas y trascender.
Al escribirlo se reencontró con su juventud y con sus amigos. Con aquellos que dice lo traicionaron muriéndose, porque rompieron la promesa de irse juntos. “Cuando cayó la ex Unión Soviética, Octavio Paz dijo: ‘Cómo es posible que la gente recuerde el sistema comunista’, alguien le respondió: ‘Extrañan su juventud’. Extraño un México que no es el de ahora, pero para mí era mejor porque yo era joven”.
De la Colina recuerda que Paz y Buñuel se conocieron en 1937 en París cuando el primero iba hacia Valencia, España, para participar en el Congreso Internacional de Escritores Antifascistas y el segundo trabajaba como delegado de la República española en la embajada de la capital francesa.
Su relación se estrechó cuando terminó la Guerra Civil Española, Buñuel trabajaba en el Museo de Arte Moderno de Nueva York y decidió irse a vivir a México, para retomar su vida dentro de la industria cinematográfica, después de haber pasado casi tres lustros sin hacer ninguna cinta, comenta el también colaborador de MILENIO.
Una de las anécdotas más significativas de esta amistad, menciona De la Colina, se presentó en 1951, cuando Buñuel no pudo viajar al Festival de Cannes para mostrar Los olvidados y le pidió a Octavio Paz que lo representara.
“Ante el rechazo de la comunidad cinematográfica mexicana y la embajada de México en Francia a que una película que retrataba la pobreza del país los representara en el festival, Paz convocó a personalidades del movimiento surrealista, con el cual simpatizaba el cineasta español, quienes se convencieron y apoyaron el filme”.
Incluso hubo una campaña de la prensa nacional contra esta cinta porque la consideraban un insulto a México, y cuando Ismael Rodríguez filmó Nosotros los pobres dijo en una entrevista que era su respuesta a Los olvidados.
Una carta (5 de abril de 1951)
Querido Luis Buñuel:
Damos la batalla por Los olvidados. Estoy orgulloso de pelear por usted y su película. He visto a sus amigos. Todos están con usted. Prévert le manda un abrazo. Picasso lo saluda. Los periodistas inteligentes y los jóvenes están con usted. Vuelven un poco gracias a Los olvidados, los tiempos heroicos. He organizado una reunión “íntima” unas horas antes de la exhibición de su película (el domingo 8). Contamos con Prévert, Cocteau, Chagall, Trauner y otros para esa reunión (amén de todos los periodistas y críticos con algo en la cabeza, en el corazón o en otra parte). Picasso —sin que se lo pidiéramos— ha declarado públicamente que irá a la presentación de Los olvidados…








