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Sicilia ve a Arpaio, lo increpa y al final le invita una chela

Política •

Observa el video de MILENIO Televisión sobre el encuentro.

Arizona • Frente a frente, Javier Sicilia y Joe Arpaio. “¿Quién eres tú?”, preguntó el sheriff de Maricopa.

“¿No me conoces?”, respondió airado el escritor mexicano.

“Yo no hubiera querido venir aquí y hablar de la guerra que generaron los Estados Unidos. Pero aquí estamos para preguntarle, sheriff, por qué trata así a mi gente. Sé que usted es católico como yo. ¿Le parece que tratar como perros a los indocumentados presos es una politica digna de los Estados Unidos?”

Sicilia lanzó las muertes, la guerra y la culpa. “Esta guerra me mató a mi hijo, un inocente”.

Arpaio manifestó su pesar, “si escuché bien, usted perdió a su hijo, cuánto lo lamento”, pero se deslindó de todos los males. Se supo acomodar en mejor posición que Sicilia y solo tuvo que asentir sobre los golpes que el activista intentó colocar sin mucho éxito.

Poco incomodaron las preguntas al sheriff Arpaio. Una y otra vez dejó claro que cumple con la labor que le encomendaron y no es racista. En la playera de un activista que acompaño a Sicilia se leía: cárcel a Arpaio. Y no dejó pasar el momento para preguntarle al activista, duro, directo y en tono fuerte, “este amigo trae una leyenda que me ofende, le parece que es la forma de aceptar una invitación, le parece que es correcto venir a mi casa a insultarme, eso no está bien, es una agresión.” Sicilia no tuvo respuesta.

Hora y media de jaloneos, de acusaciones y réplicas. Terminó sin las respuestas que el activista esperaba, “sé que usted no va cambiar de parecer, pero le quiero hablar al corazón, no al sheriff, no al funcionario,al hombre que hay ahí dentro, solo sea más humano con los migrantes, no los humille.”

Atento, el sheriff que lleva 20 años de servicio y espera reelegirse para un próximo periodo, sonrió y recibió de buen talante la invitación de Sicilia. “Lo invito a tomar una cerveza, —una cerveza— respondió Arpaio, me van a detener en Maricopa”, repondió. “No, vaya a Cuernavaca que usted conoce bien. Para que vea que no es tan malo”.

“Si usted cuando termine su recorrido acepta venir para que lo lleve a la cárcel y le explique como funciona y me permita invitarlo a comer a un excelente lugar, acepto su invitación”. Y así se cerró un encuentro de dos visiones totalmente opuestas, un apretón de manos y el compromiso de berber pronto, una cerveza juntos.

Antes, Javier Sicilia clava los ojos en un grupo de presidiarios de la cárcel de Ten City que camina lento, con los pies encadenados y que cruza justo frente a él. Ninguno es oscuro de piel.

Se separa de la reja. “En San Diego vimos el muro de la ignominia contra los migrantes, aquí tenemos otro muro de ignominia, y peor, porque este está electrificado”.

Así comenzó la jornada el poeta mexicano que cumplió el quinto día de recorrido por territorio estadunidense.