Del panteón a la arena
Entre semana dedica su cuerpo a trabajar como gestor de calidad en una funeraria, pero el fin de semana lo dedica al deporte de los lances espectacu-lares y las máscaras vistosas, la lucha libre.
Miguel Ángel Pool. Licenciado en Turismo, Hotelería y Gastronomía y luchador.
A sus 45 años de edad, Miguel Ángel Pool, originario de Villahermosa, Tabasco, ha recorrido un largo trecho en el arte de aprender y llevar a la práctica oficios. En ese camino encontró y desarrolló su pasión laboral, pero también supo cómo compaginarla con el sueño de toda la vida. Ahora combina su tiempo entre la familia, una funeraria y la arena de luchas.
Desde los doce años comenzó un colorido recorrido en el mundo de “ganarse el pan”, a través de una carnicería donde se dedicaba a matar puercos. Después fue despachador en una gasolinera, soldador y mecánico automotriz. “Aprendí la tornería, que es lo que más me gusta, con el papá de los futbolistas Carlos y Alejandro Vela”.
Antes de arribar a Guadalajara continuó con la experimentación laboral, fue encargado de obra y arrancó un curso de locución radiofónica. Pero ninguno de esos trabajos despertó la pasión en Pool.
Se dedicó entonces a estudiar la licenciatura en Turismo y también la carrera de Hotelería y Gastronomía, que lo llevaron a ocupar el puesto que hoy desempeña, el de auditor de calidad en el Grupo Recinto de la Paz, empresa funeraria instaurada en Guadalajara. “Aquí se me quitó todo lo supersticioso. Empecé a conocer lo que es la vida, a valorarla, aprendí que la muerte no es aquello que nos pintan. La muerte es un ciclo de la vida, nada más” explica Pool.
Su puesto consiste en buscar siempre brindar un servicio de excelencia a sus clientes, y para esto tienen que adquirir productos de primera. “Tenemos que ver que nuestras instalaciones sean las mejores, porque es lo que va a hablar por nosotros”.
El empleo en forma no le impidió continuar con un sueño que nació tiempo atrás, una profesión que incluso llevaba en la sangre: convertirse en luchador profesional. “Como a todos los niños, me empezó a fascinar el misterio de la lucha libre, los personajes y los atuendos” comparte el gladiador.
Cuando comenzó su recorrido por el mundo del pancracio nacional, se topó con que su hermano ya practicaba la lucha en la ciudad de Cancún, lugar que tomó como su nuevo hogar. “La idea principal era que debutáramos como gemelos, pero luego él sufre una lesión y decide dejarlo”.
Fue en esa paradisíaca ciudad donde hace 25 años debutó como luchador profesional, bajo el nombre de su signo zodiacal, Capricornio, y en el bando de los rudos. No satisfecho con la respuesta del público, decidió plasmar en su máscara una cruz esvástica y cambiarse de esquina y de identidad. “El nombre tiene mucho que ver con el personaje, si no es el adecuado, la gente no te va a captar. Los rudos son marrulleros, luchan con todo, y el técnico tiene que demostrar que es el héroe, y eso cuesta” explica el enmascarado.
Una de las luchas que más recuerda es cuando despojó de su cabellera a Furia Negra, con quien agarró odio deportivo. “El sí era comandante de la policía y era de los que no se tentaban el corazón para golpear. Formalizamos un pique fuerte que me llevó a obtener el reconocimiento de la lucha más sangrienta en 2002. No se ni de dónde salió tanta sangre”.
Pese a sus múltiples facetas, Pool no pierde piso, “yo tengo mis tres facetas bien definidas. Cuando estoy en la arena, ahí está el personaje, hasta que salgo de la arena. Cuando estoy en casa soy el padre de familia. Cuando salgo de la casa soy el licenciado Pool” concluye el luchador, que aún no contempla el retiro y continúa con su doble identidad.
Guadalajara /Óscar Beltrán González









