Midiendo el frío

Jalisco •

Humberto camina seis kilómetros diarios, llueve, truene o relampaguee, incluso con nieve, para registrar las temperaturas en la estación meteorológica de San Gaspar de los Reyes, la cual ostenta el record de la temperatura más baja en una población de Jalisco: menos 14.5°C.

Humberto Sandoval Sandoval, conocido como el aforador, se levanta todos los días al amanecer y camina seis kilómetros, hora y diez minutos, para llegar a la estación meteorológica de San Gaspar de los Reyes, en Los Altos de Jalisco. Ya en el lugar, saca una libreta pequeña y una pluma donde comienza a anotar datos: aforo del Río Lagos (de ahí el sobrenombre de aforador), los milímetros de lluvia (si es que cayó), los vientos, y la temperatura máxima y mínima registradas. Una de esas mañanas, a mediados de diciembre de 1996, anotó en su libreta: menos 14.5 grados Celsius (°C); es el record oficial de temperatura más baja registrada en una población del estado de Jalisco, aunque Humberto tiene otra historia: “El 14 de diciembre de 1997, justo al día siguiente de la nevada [que también blanqueó a Guadalajara], el termómetro marcó menos 16°C”.

Humberto, con la nariz y las mejillas enrojecidas por el frío, recuerda aquellos días: “El día que nevó, los árboles del campo parecían como de navidad. Ese día la estación marcó menos 13°C; lo bueno fue al día siguiente…”. Las temperaturas bajo cero en San Gaspar son comunes. En noviembre pasado, apenas comenzando la temporada invernal, Humberto registró cuatro días con menos 2°C: el 3 y 4, y el 24 y 25 del mes. Pero no todo es frío: en su libretita, Humberto también ha anotado cifras de hasta 39.5°C: “Es la más alta, pero es bien común en verano”.

Humberto Sandoval Sandoval, quien nació en 1955 en Cañadas de Islas, y quien asegura que no tiene ningún parentesco con el cardenal “por ninguno de los dos lados”, cuenta que llegó a san Gaspar “pa’ trabajar la agricultura… y ya nos quedamos aquí”. Ahí conoció a una lugareña, Eva González, con quien tiene cinco hijos y seis nietos.

Dejó la siembra y se dedicó a la albañilería, labor que sigue realizando después de ir cada mañana a La canastilla, lugar donde se localiza la estación meteorológica. Ahí, Humberto revisa un pluviómetro, un tanque de evaporación, el abrigo del termómetro y la veleta, “todo en un corralito de 3 metros cuadrados”. Además mide el aforo del Río Lagos: “Es medir cada metro, la profundidad y velocidad del agua, en segundos”. 0.313 metros por segundo es la menor cantidad de aguad del río que ha registrado; las mayores, el año pasado, cuando el río inundó la ciudad de Lagos de Moreno. En esas fechas, asegura, el caudal era de 1,500 metros por segundo: “Me dice el aforador de Lagos por teléfono: ‘Ahi te va un chorrito de agua’”, se ríe. Cuenta que el río creció hasta 80 metros de ancho y hasta ocho metros de profundidad: “Estuvimos esperando toda la noche a que la corriente se llevara el puente de la entrada”, cosa que no sucedió.

Después de ir a tomar las mediciones, regresa a su casa para anotarlos y hacer las tabulaciones para después esperar una llamada, diaria, a las 9:15 am de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), a quienes les pasa la información. Por este trabajo recibe un pago quincenal de 2,300 pesos, aunque en época de lluvias, el cheque le llega de hasta 6,000 pesos: “Es bien pagado”.

Humberto ha sido aforador desde hace 22 años, día con día, llueve, truene o relampaguee, incluso con nieve, como en 1997: “Se impone uno; no hay ni día de tu santo”, aunque acepta que de repente ha faltado por causa mayor: “Sí, pero a lo mucho una vez al año”.

San Gaspar de los Reyes. Carlos Martín