Severos castigos en los elegidos de Dios

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Internos del centro de atención contra las adicciones en Iztapalapa eran duramente sancionados si incumplían con el reglamento.

Manuel es de Olintla, municipio de Puebla y fue llevado por la fuerza al hospital Santo Tomás Los Elegidos de Dios, ubicado en Jardines de San Lorenzo, Iztapalapa. Él se encontraba por el rumbo de La Merced y sin más ni más lo subieron a una camioneta para trasladarlo al albergue. Ahí lo retuvieron poco más de tres meses, hasta que fue rescatado el pasado jueves.

Junto con otras 17 personas se encuentra en el Centro de Asistencia e Integración Social de Coruña, dependiente del Gobierno del Distrito Federal; otros ocho de un total de 26 que fueron llevados a ese lugar, según el responsable del Programa de Atención Social Emergente, Daniel Bejarano, se han ido a su lugar de origen.

Junto a Manuel come otro hombre de mayor edad, oriundo de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas.

Fue levantado por el rumbo de la colonia San Lorenzo Tezonco en esa demarcación. Dice que iba caminando cuando de pronto lo agarraron del cinturón y lo subieron a un vehículo. Lo mismo: te traemos para que te rehabilites, le dijeron.

Ambos cuentan que los alimentaban con zanahorias, calabazas o papas hervidas. El mismo alimento tres veces al día y se dedicaban de las 7 de la mañana a las 11 de la noche a fabricar ganchos, bolsas, cajas y bolsitas con dulces. Estos últimos las vendían en el transporte público, siempre acompañados por un padrino en turno.

Brevemente narran que lo que ahí vivieron en aproximadamente tres meses.

Uno de ellos comenta que nadie de los ahí sometidos podía acercarse a la ventana para mirar hacia la calle; de lo contrario eran castigados severamente con golpes con toallas mojadas o los paraban por varias horas al día en posiciones incomodas.

Se bañaban con agua fría a temprana hora del día y por las noches les daban de tomar mucha agua. No había permiso de levantarse para ir al sanitario. Los sometidos, obviamente se ensuciaban el pantalón. Al siguiente día eran castigados por ello.

Los dos hombres comen tranquilos en tablones que ocupan a diferentes horas del día los casi 800 internos de ese centro de asistencia. “Todo es mejor aquí que allá, aunque sean tortillas duras”, dice uno de ellos. En realidad comen tostadas en ese momento.

En la fiscalía del Ministerio Público, donde llevan el caso, una fuente que se negó a ser identificada afirmó que hay órdenes de la Procuraduría General de Justicia del Distrito Federal de no hablar del asunto, bajo el argumento de no entorpecer las investigaciones, pues andan sobre otros centros ubicados en otras delegaciones, además del Estado de México.

La fachada de la casa donde estuvieron recluidos en Jardines de San Lorenzo, pintada de verde con amarillo luce llena de carteles, en los que supuestos familiares de los jóvenes que ahí fueron atendidos reclaman la intervención de la policía. Un ex interno de ese lugar, reveló que “el mero, mero zafó con dinero que le dio a la policía”. Es del rumbo.

Francisco Mejía