El imperio de Aquiles
Córdova Morán fundó hace 38 años el movimiento. Se dice que tienen una riqueza inexplicable que comprende una cadena de gasolineras, pero lo que preocupa a los antorchistas es el principio de una ruptura con el PRI.
Revuelta en Chicoloapan, Estado de México.
México • El grupo norteño Aventura Musical tiene entre su repertorio un corrido que dice tocar con gran cariño para una persona especial: Aquiles Córdova Morán, líder nacional del movimiento Antorcha Campesina, que comprometió un millón de votos al PRI para las elecciones en las que Peña Nieto ganó la Presidencia.
A ritmo de pasito duranguense, la banda suele tocar: “Amigo de los vecinos y afecto de los pobres/no le gustan las injusticias no quiere a los malhechores/es un amigo sincero/gracias a su valentía ha mejorado a los pueblos/Miembro de Tomatlán en el estado de Puebla/Aquilés Córdova Morán hoy está por donde quiera/Dicen que lo andan buscando y lo quieren agarrar/Tengan cuidado señores…”
Córdova Morán, un ingeniero de cabello blanco delgado y nariz chata, fundó hace 38 años Antorcha Campesina. Con el paso del tiempo ha sumado otros sectores que le han garantizado presencia en las 32 entidades del país, pero el manejo de la organización lo controla él, sus hermanos, sobrinos y compadres. Entre antorchistas se dice que tienen una riqueza inexplicable que comprende una cadena de gasolineras y otros negocios.
Cuatro de ellos —familiares y compadres— acaban de rendir protesta como diputados federales y se les notó preocupados el jueves 6 de septiembre desde antes de que iniciara la segunda sesión de la Legislatura, pues las actividades habituales se alteraron en parte del oriente del Valle de México tras una pelea en Chicoloapan entre agremiados suyos con grupos rivales que dejó muertos y heridos.
Pero lo que además les duele en Antorcha es el principio de una ruptura con el PRI, cuya fracción en la Cámara de Diputados y su equipo de comunicación social han optado por cerrar el manejo informativo de los antorchistas, que ya riñen con el gobierno priista.
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Solo el Popocatépetl embravecido y la expulsión de cenizas que tiñeron el cielo de un gris apocalíptico habían puesto en pánico colectivo a pobladores del Valle de México, pero no con la fuerza de cuando los antorchistas estuvieron involucrados en la riña callejera que horas después obligó a residentes de siete municipios mexiquenses y cuatro delegaciones del DF a encerrarse en sus casas.
El jueves 6, un día después de que dos hombres cayeron abatidos en la revuelta de Chicoloapan y 35 quedaron heridos por el control de rutas de servicio público, el miedo se propagó como efecto dominó por calles y barrios o pintorescos pueblos de Chimalhuacán, Ecatepec, Chalco, Valle de Chalco, Neza e Ixtapaluca, así como en Iztapalapa, Iztacalco, Tláhuac y Venustiano Carranza.
Ahí viven unos 7 millones de personas, casi el total de habitantes con que cuenta Honduras, y el mensaje que escandalizó fue: “Cierren cortinas porque ahí vienen, ahí vienen los de Antorcha quemando y saqueando negocios”. Después el mensaje se distorsionó: “Ahí vienen los narcos de La Familia”.
La encargada de la fonda dejó la comida caliente en ollas al cerrar el local y huir. La dueña de la funeraria puso candados a la puerta y se marchó veloz en su carroza. El doctor canceló sus consultas y apagó la luz. El tendero bajó la cortina y se fue en un taxi por sus hijos a la escuela. El tianguista guardó su mercancía en casa ajena.
Las historias se repitieron en un radio de mil 200 kilómetros que hacen las 11 demarcaciones; sin embargo, hubo gente que no se dejó intimidar e hizo su día con aparente normalidad. Ese día, hasta después de aparecida una luna de cuarto menguante, los rumores se aclararon: cuatro irresponsables habían lanzado la falsa alarma desde un vehículo sedán viejo que llevaba un megáfono en el techo y que recorría la demarcación más poblada de América: Iztapalapa.
Se trató de una ama de casa, un desempleado, un sepulturero y un electricista a cambio de 400 pesos que alguien les pagó, pero en la madrugada ya estaban libres de cualquier cargo ministerial.
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—¿Quién propaló los rumores?—pregunté a Jesús Tolentino Román Bojórquez, quien es compadre de Aquiles Córdova Morán y en los últimos 12 años ha sido alcalde de Chimalhuacán, diputado federal, otra vez alcalde de Chimalhuacán y ahora otra vez diputado.
—Antorcha no está loca para generar esos desmanes —me contestó el también dirigente estatal de Antorcha en el Estado de México mientras bajaba las escaleras de uno de los edificios del Palacio Legislativo para dirigirse al salón de sesiones.
Dentro de Antorcha la representación que maneja Román Bojórquez es la de mayor importancia del país. Tiene sus bases más representativas en Texcoco, Chimalhuacán y Chicoloapan. Estos últimos dos padecen la peor de las inseguridades.
Chimalhuacán rebasó a Ciudad Juárez en cuanto a feminicidios y en Chicoloapan su gente aún sufre por las pandillas desde que en los 90 sus temibles integrantes pintarrajeaban en las bardas de avenida Texcoco, entre el kilómetro 26 y 28 (a unos 30 minutos del aeropuerto capitalino), los apodos de cada uno de ellos y conforme se asesinaban, sus alias los cubrían con una cruz negra.
Rara vez la policía se atrevía a entrar en sus calles polvorientas que te empanizaban la cara como un buen filete a punto de ser cocinado.
Esta vez, sin embargo, los que se involucraron en la violencia fueron Antorcha, de filiación priista, y organizaciones adherentes supuestamente al PRD por el control de rutas de combis, taxis y mototaxis que significan un negocio redondo por las concesiones (2,500 pesos tan solo para los mototaxis) y cuotas (desde 100 mensuales, según testimonios).
Según Tolentino Román, quien haya sido el responsable de los rumores lo hizo para deteriorar la imagen de Antorcha. Y como hasta en los matrimonios más felices un día también hay divorcios, el manejo de la crisis supone una traición del gobierno estatal de extracción priista.
“Desde hace seis años los taxistas de Antorcha tienen el permiso de la Secretaría de Transporte del Estado de México y todavía hace 15 días se firmó una minuta para garantizar ejercer su oficio”, se quejó Román Bojórquez. Por eso se enoja con el gobernador Eruviel Ávila, cuya administración informó mediante un comunicado que Antorcha fue responsable de la riña.
“Le pedimos a Eruviel que investigue mejor e informe con veracidad. Los antorchistas fuimos emboscados”. Daba la impresión de estar oyendo a un diputado de cualquier otro partido menos del suyo (PRI). “Son rumores que tienen que ver con la política. Algunas gentes con vínculos en el poder estatal crearon el pánico”, acusó con ese tono de quien empieza a odiar al que fue su aliado.
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Lunes 10 de septiembre. 15 horas. Colonia Ara, Chicoloapan. Muy cerca de donde ya casi no se ve la silueta marcada con gis de uno de los fallecidos durante la batalla de hace cuatro días está Soriana, la tienda de autoservicio de las supuestas tarjetas que el PRI repartió para que los habitantes de aquí y los municipios aledaños votaran por sus candidatos.
Esta zona del valle desde su fundación no tiene paz. Cuando no son las bandas criminales y sus feminicidios, son los partidos políticos que alcahuetean la violencia. Todo por una simple palabra: pobreza. Lo entiendo así después de hablar con El Gato, un mototaxista que pese al miedo de salir estos días a trabajar, dijo:
“Cuando quieres dejar esas chingaderas (las drogas) y los malos pasos para dedicarte a chambiar, porque tu morra está embaraza pasa esto”. Y voltea a ver el sitio donde cayó muerto uno de sus compañeros de trabajo.
Mientras el corrido Aquiles Córdova Morán suena fuerte en Puebla.








