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El tenor Ramón Vargas “da el grito” ante un Auditorio Nacional cautivado

Cultura •

“Estoy muy agradecido de compartir esta fecha tan especial con ustedes”, dijo.

México • Como una extensión del festejo del Grito de Independencia se vivió el concierto Ramón Vargas le canta a México, que ofreció el tenor mexicano la noche del 15 de septiembre en el Auditorio Nacional.

La inigualable voz de Ramón Vargas, quien ha conquistado grandes escenarios operísticos, como el Met de Nueva York y la Scala de Milán, se unió al tradicional grito de ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Viva México! ¡Vivan los héroes que nos dieron patria! Luego de que su concierto se enlazara con la ceremonia encabezada por el presidente Felipe Calderón en el Zócalo capitalino.

El Himno Nacional fue interpretado por el público que se dio cita en el coloso de Reforma, para conmemorar el llamado que hiciera el cura Miguel Hidalgo, en el pueblo de Dolores, con el que dio inicio la guerra de Independencia de la corona española, el 16 de septiembre de 1810.

Con repertorio popular

Aunque el concierto Ramón Vargas le canta a México no comenzó a la hora señalada, pues muchas personas no llegaban por la torrencial lluvia, el cantante, quien ha mantenido una exitosa carrera profesional durante 30 años, fue generoso con el público, inició su actuación al interpretar “Cielito lindo”, del compositor Quirino Mendoza, la canción más popular entre los mexicanos. El respetable, que lucía trajes típicos, sombreros de charro, rebozos, paliacates, o simplemente, los colores patrios en sus atuendos, disfrutó de una velada de casi tres horas. Valió la pena, decían, haber venido a escuchar al tenor, quien ha interpretado más de 70 papales protagónicos de obras líricas.

El cotizado cantante ofreció un recorrido por las canciones de “rompe y rasga” de amor y desamor del repertorio nacional como “Paloma querida”, “Tu enamorado y Serenata Huasteca”, de José Alfredo Jiménez; así como “El triste”, de Roberto Cantoral, “Cucurrucucú, paloma”, de Tomás Méndez; “Júrame”, de María Grever y “Sabor a mí”, de Álvaro Carrillo.

“¿Qué país del mundo puede darse el lujo de presentar música tan variada, tan rica y tan bonita como México?, preguntó el tenor y él mismo se contesto: ninguno.

Diademas y pelucas fueron portadas también por algunos de los miembros de la Orquesta Sinfónica de Minería, bajo la batuta del director Carlos Miguel Prieto, incluso hasta un par de banderas fueron ondeadas cuando el auditorio ensordeció al grito de ¡Viva México!

Ramón Vargas, quien en 1972 debutara en el Met de Nueva York, al sustituir al tenor italiano Luciano Pavarotti en la ópera Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti, cantó para celebrar el inicio de la Independencia de México, al lado de la soprano María Alejandres, del Mariachi de América de don Jesús Rodríguez de Híjar y, del trío Los Morales, quienes por cierto, en su actuación le compusieron al aire el siguiente verso: “Vargas te doy mi opinión, te hago la aclaración que esto ya lo sabías que hombres como Ramón no nacen todos los días”.

Aplausos y gritos de parte de familias enteras escuchó el tenor quien ante la cascada de aplausos, expresó: “estoy muy agradecido de compartir esta fecha tan especial con ustedes; la música es el arte más hermoso y ni qué decir del canto. La Biblia dice que cantar es orar dos veces”.

Con un repertorio similar, conformado por las canciones mexicanas más representativas, Ramón Vargas ha actuado en lugares como el Zócalo capitalino, así como en las exposiciones universales de Portugal en 1998, en Hannover, en el 2000 y en la Plaza de San Marcos, en Venecia, en el 2011.

Al concluir la actuación de Ramón Vargas, la sorpresa la dio el Mariachi de la Ciudad de México, que amenizó el festejo patrio en el vestíbulo del Auditorio Nacional, mientras el público que salía de la sala de conciertos, hacía un alto para comer pozole, tacos, tostadas, sopes, quesadillas, aguas de sabores, buñuelos, sin dejar de corear: ¡Viva México!