“Si no alcanzamos ficha, de plano no nos atienden”
Habitantes de las zonas marginales donde se establecieron migrantes de origen mazahua señalan que no desconocen las fiestas de Navidad y Año Nuevo, pero en estas fechas aseguran que su prioridad es sobrevivir a las heladas invernales.
Principalmente los menores resultan afectados por las bajas temperaturas.
Villa Victoria • Suele salir de madrugada, en medio de la oscuridad, para dirigirse al hospital que le queda a tres horas caminando. Carga sobre su espalda a Santiago, de un año y seis meses de edad, debido a que su peso de 8 kilos debería ubicarse en 13, le impide caminar como su hermano Alan Antonio, de tres años, que parece estar siempre cansado, sin energía, a causa de la desnutrición severa que padece.
La noche es larga, el camino polvoriento, sin pavimentar, con grandes baches, pero Claudia Olmos, madre de 27 años, se arriesga a salir aun cuando el frío arrecia con mayor fuerza en esta temporada invernal para alcanzar algunas de las 10 fichas que únicamente reparte el hospital ubicado en el municipio de Villa Victoria, Estado de México, y con la cual sus hijos recibirían atención por la serie de infecciones respiratorias que padecen y que complican su desarrollo por la desnutrición crónica que ambos presentan.
Olmos, quien vive en el cerro, una de las zonas marginales donde se establecieron migrantes de origen mazahua, corre al hospital como beneficiaria del Seguro Popular cuando los remedios caseros, té de cempasúchil, de gordolobo, ajo con canela y pasas, calentar la casa con la estufa o el fogón resultan inútiles frente la tos perseverante, la fiebre y el vómito, la diarrea y escurrimiento nasal.
“Un tío se enfermó igual de la garganta y por lo mismo que no lo atendían, la garganta se le fue cerrando, cerrando, se le formó un tumor. No podía comer hasta que falleció”, relató Olmos, cuya casa es sumamente pequeña, con techo de lámina gastada.
Pero salir de madrugada no siempre le garantiza recibir atención porque otras 70 madres, igual que ellas, con hasta siete hijos, hacen fila desde las cuatro de la mañana y ahí se esperan hasta las siete u ocho cuando comienza la repartición de ficha. Sólo se hacen excepciones cuando los niños enfermos llegan muy graves, prácticamente con pulso imperceptible.
“Somos como 70 madres con niños enfermos, y si no alcanzamos ficha, pues de plano no nos atienden”, relató la joven madre de familia cuyo hogar queda a por lo menos cuatro hora del centro de la Ciudad de México.
Pero obtener alguna de las 10 fichas tampoco es garantía de atención completa. “Estoy afiliada al Seguro Popular y no siempre me dan el medicamento que necesito. Por lo regular, en esta época ambos niños se me enferman, y a veces tengo que gastar 500, 600 pesos, de lo que me da mi marido, que gana 800 pesos semanales como herrero. Hay veces que de plano vamos a un particular”.
A Claudia Olmos se le llenan los ojos de lágrimas porque las enfermedades, muchas veces, dejan sin alimento a los adultos. “Uno prefiere a los hijos, pero sí es difícil dejar de comer, sobre todo, porque en la mesa solo hay frijoles, tortillas, algunas calabazas y zanahorias que reciben del programa Un Kilo de Ayuda”.
Y es que, de acuerdo con las familias de la comunidad de origen mazahua, cuando fueron del programa Oportunidades determinaron que no necesitaban la ayuda alimentaria, tampoco se les otorgó de pisos firmes, por lo que duermen sobre la tierra, muchas veces húmeda, plagada de roedores que pican a los menores. Tampoco tienen agua entubada, por lo que para obtener el líquido, Claudia debe ir varias veces al río y al pozo con sendas cubetas para reunir por lo menos 80 litros. Una parte es hervida ya que no es potable.
La joven madre, junto con otras de la comunidad mazahua, se reunieron cuando llegaron los del programa Un Kilo de Ayuda, que apoya con alimento y tratamiento basado en hierro, a los menores de cinco años. Para ello les toma una muestra de sangre dándoles un pinchazo en el dedo y si los niveles de hemoglobina registrados en el monitor son de 100 o menos y revelan anemia y desnutrición crónica, reciben la atención y asesoría de cómo sustituir carne mediante la mezcla de frijol, tortilla y calabazas.
La mayoría de los menores pesan y miden menos de los que debieran a su edad. Lloran mucho, tal vez por hambre, frío, algunos corrían por el pasto peleándose con los perros flacos y hambrientos. Ahí un infante de cinco aparenta tener tres, y los mayores de ocho, diez, 12 años, aparentan tener siete, no se desarrollan conforme a su edad.
Sandra Almazán, de 30 años, reconoció que aunque por la mañana prende el fogón para evitar que el hielo invada su casa, muchas veces ese tipo de calefacción resulta contraproducente, porque pueden sufrir incendios, como sus vecinos, o intoxicaciones que agravan más las infecciones respiratorias.
La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2012 reportó que en México hay más de 2 millones de niños, menores de cinco años, con desnutrición y 1.5 millones con anemia crónica por falta de hierro esencialmente, lo que provoca un desarrollo anormal del cerebro, es decir, discapacidad intelectual y lento aprendizaje, trastornos de la conducta y enfermedades recurrentes que disminuyen la calidad de vida y productividad de los infantes.
La desnutrición y anemia crónica afectan a más de 13 por ciento de la infancia mexicana, es decir, a 1 de cada 5 niños, que presentan bajo peso y estatura, y esto afecta el desarrollo físico, mental, verbal y motor, aumenta el riesgo de tener enfermedades crónicas, además de que disminuye su calidad de vida y productividad.
“Mis cuatro hijos han tenido anemia. No querían comer porque les daba mucho sueño, nada más quería estar durmiendo”, relató Sandra Almazán.
Axel, su hijo, tiene el peso de un niño de un año. No obstante corre como bala, se pelea e imita el ladrido de los perros, se suma a los juegos de otros niños. Su energía se agota pronto, por lo que opta por la siesta en medio del campo, de la tierra húmeda, donde una borrega se pelea con un perro para proteger a su cría.
“Yo recurro a los medicinas tradicionales, pero los doctores nos dicen que no les demos nada, pero qué hacemos cuando aparecen las crisis en la madrugada, eso es lo que les damos mientras llega el otro día”, de acuerdo con Hilda Almazán, de 35 años, madre de siete hijos, el menor, como ella, sufre de anemia, pero en su caso nadie la atiende.
En la comunidad no se desconoce las fiestas de Navidad y Año Nuevo, pero su prioridad, en estas fechas, es sobrevivir a las heladas invernales.
El Centro de Investigación en Nutrición y Salud, perteneciente al Instituto Nacional de Salud Pública, establece que en Colima y en Tamaulipas hay prevalencias altas de baja talla con un alto número de beneficiarios de Oportunidades.
En el caso del Distrito Federal y Baja California también hay prevalencias altas de baja talla, aun cuando hay pocos beneficiarios.
Liconsa tiene una cobertura muy peculiar, ya que su cobertura se concentra en el DF y en el Estado de México: tiene mayor número de beneficiarios en los quintiles más altos, que en los más bajos.








