Abandona todo para vivir del cuento
Luego de sufrir un accidente, Néstor Ramírez Piña decidió que era el momento de dedicarse a lo que más le gustaba: la lectura y empezó a contagiar su gusto por los libros.
El promotor cultural en su casa.
México • Tenía casi 33 años de edad cuando un accidente automovilístico lo llevó a replantear su vida: estaba dedicado a la contaduría y todo parecía ir muy bien por esa profesión, pero durante el tiempo en que estuvo hospitalizado se preguntó si en verdad estaba satisfecho con lo que había realizado hasta el momento. La respuesta lo condujo por nuevos caminos.
Ahora tiene 45 años de edad. Su nombre es Néstor Ramírez Peña, el cual apenas si produce unos cuantos resultados en los buscadores de internet, pero su trabajo va más allá de las grandes acciones: está más cerca de los cientos de niños y adolescentes que han pasado por su Sala de Lectura, además en una zona con enormes carencias, en Tláhuac, donde muchas veces su oferta literaria es de lo poco que existe para alejarlos de las calles.
Su primer acercamiento a los libros viene de sus años de infancia, en casa de la abuela, alrededor de la fogata, cuando les contaba infinidad de historias a los nietos, algunas de ellas de los libros que aprendió a leer, a pesar de sólo haber cursado hasta el tercer año de primaria, otras de todas las experiencias de su vida.
“Mis abuelos eran lectores y mi abuela nos contaba historias. Nosotros íbamos con ella a diario y a la hora de la comida, en su cocina ‘de humo’ hacía tortillas de mano y en ese tiempo nos contaba historias de cuando iba a la escuela y aunque sólo cursó hasta el tercer año de primaria, lo recordaba con tanto cariño que nos contaba historias de las que se acordaba.”
Así empezó a tener libros, que prestaba a sus primos y amigos, hasta que llegó el accidente, con lo que dejó a un lado los números y se propuso promover las letras: en la promoción de la lectura halló su forma de vida, de ahí que desde hace nueve años dirija una Sala de Lectura en la colonia La Conchita, en la Delegación Tláhuac, del Distrito Federal.
“Dejé la carrera porque tuve un accidente y me di cuenta que me había equivocado de profesión: tenía la oportunidad de estar vivo, pero debía hacer algo que de verdad me gustara. Así fue como me acerqué a un programa de capacitación de lectura en voz alta y narración oral, de ahí ya no lo dejé.”
Circulación de la palabra
Hoy la sala de su casa recibe a los niños y jóvenes, algunos de ellos ya convertidos en mediadores, como él; otros que lograron avanzar en sus estudios gracias a las lecturas ahí realizadas, siempre con la satisfacción de sembrar todos los días, aunque no sea una medalla de oro la que recibe.
Su Sala de Lectura lleva el nombre de su abuela, Justita Arenas, para la cual recibe apoyo del Programa Nacional Salas de Lectura, impulsado por la Dirección General de Publicaciones, del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), aun cuando lo más importante fue haberse convertido en narrador, de donde obtiene el sustento cotidiano, alejado por completo de la contaduría.
“En el Conaculta doy talleres y algunas editoriales me contratan para espectáculos de narración. Sin embargo, de mis experiencias más padres es la relación con los lectores: hay un chico que comenzó aquí cuando tenía ocho años de edad y ahora ya es narrador de profesión y trabaja en una librería. En lo personal, una sobrina que comenzó con nosotros ya ofrece talleres de capacitación y está en la Universidad Pedagógica Nacional.”
Con esa experiencia, Néstor Ramírez Peña reflexiona sobre los puntos clave para lograr el éxito en el fomento de la lectura: como la presencia de materiales diversos y de muy buena calidad; el tener oportunidad de uso frecuente de los libros y de distintas maneras y, al mismo tiempo, lograr una mediación adecuada al fomentar la lectura, donde se logre la inclusión, “trabajo en una zona semiurbana, donde hay muchas carencias. El asunto es que la palabra circule”.
Dentro de sus esfuerzos resulta central propiciar el involucramiento de los habitantes de la zona, por lo cual ha buscado rescatar ciertos elementos de la identidad de los pobladores de Tláhuac, en especial de Zapotitlán, donde se ubica la Sala de Lectura, a través de un encuentro de Día de Muertos en el que hay desde calaveras y veladas literarias, hasta la recuperación de gastronomía regional.
Claves
Salas de Lectura
► El Programa Nacional Salas de Lectura surgió en 1995 y sus resultados han sido reconocidos por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (CERLALC) como modelo para difusión en Latinoamérica.
► En la actualidad se cuenta con 3 mil 827 Salas de Lectura activas en espacios tradicionales como casas, oficinas, escuelas o bibliotecas, pero también en sitios inimaginables, como bajo la sombra del árbol de un panteón.
► Una de sus principales características es que se sustenta en la labor de miembros de la sociedad civil, llamados mediadores, quienes no reciben pago alguno por su labor.








