En el tono de Tona: Chiquilladas incómodas
"Niños incómodos" causó dos tipos de polémica, una entre la clase política y otra entre los usuarios de las redes sociales.
Ilustración de Eduardo Salgado.
México • Utilizar niños para recrear el maravilloso mundo de los adultos es sumamente atractivo (siempre y cuando no sean mocosos insufribles, como los Pequeños Gigantes que, para colmo, acaban de iniciar su segunda temporada).
Recuerdo un par de películas muy jocosas: Bugsy Malone (dirigida por Alan Parker, en 1976, sobre unos gángsters de los años veinte, cuyas ametralladoras disparan crema chantilly caducada, cual armas bacteriológicas), y Allá en el rancho chico (de René Cardona, 1938, sátira de la afamada Allá en el rancho grande).
La empresa GNP, patrocinadora de nuestromexicodelfuturo.com.mx, realizó algunos cortometrajes con chiquillos y chiquillas en relación a la sucesión presidencial.
El primero, conocido como Niños incómodos, causó dos tipos de polémica, una entre la clase política y otra entre los usuarios de las redes sociales.
La primera es totalmente ociosa y de hueva: se quejan de que los chamacos simulan situaciones de violencia y realizan actos que atentan contra su salud (como fumar y escupir fuego, acciones que en realidad se produjeron con efectos especiales digitales) y manipulan armas (cuando el único programa de televisión sin balazos son las barras de ajuste); la segunda polémica se apoya en una muy justificada paranoia (tomando en cuenta los tiempos que corren), pues mucha gente supone que se trata de una velada campaña abstencionista.
Aunque yo también considero que el corto de marras puede inhibir las intenciones de voto de la población indecisa, en realidad no existe una imagen concreta que sirva como prueba, quedando en el terreno de la interpretación (El Peje podría decir que el corto fomenta “las reformas estructurales”, y un crítico cinematográfico podría exaltar “el nihilismo postemo propio del movimiento de los indignados sin empleo”). No lo sé, lo que sí se ve en pantalla es un tendencioso golpe contra la izquierda.
El corto, de una calidad deslumbrante, parece que tuvo más presupuesto que el asignado a Quadri para su campaña, con un mensaje más conmovedor que Mimoso Ratón (¿quién no se conmueve ante los reclamos de un niño?), pero entre tanta pirotecnia destacan dos escenas: la alusión al maletín cargado de billetes de René Bejarano y una manifestación donde, subliminalmente, se alcanza a leer en una pancarta: “No a la evaluación”, como franca pedrada a la sección 22 del SNTE.
Un niño puede disfrazarse de conejo pero sabemos que es un niño. Una campaña antipeje puede disfrazarse de acción ciudadana basada en encuestas, pero a leguas se nota a quién le echan tierra y a quien no (por cierto, me dice mi nieto de cinco años que si querían tirarle al Peje no lo hubieran relacionado con Bejarano, que ya pasó de moda y salió libre por falta de pruebas, sino con Bartlett, el derribasistemas).
Si tuvieron las agallas de poner a un chilpayate fumando, ¿por qué no recrear la represión en San Salvador Atenco, con escuincles granaderos golpeando y abusando sexualmente de niñas caracterizadas de damitas? ¿O qué tal unos niños disfrazados de banqueros, gastándose todo el varo en una kermés, para después decomisar los cochinitos de alcancía de otros chavitos, recordando el Fobaproa?
Hay que ser parejos. Este cortometraje da la impresión de que tiene la función de prevenir una posible simpatía hacia la izquierda. A la mejor no es así, pero da esa impresión.
Al final del corto, una niña dice: “Doña Josefina, don Andrés Manuel, don Enrique, don Gabriel, se acabó el tiempo. México ya tocó fondo. ¿Sólo van a ir por la silla, o van a cambiar el futuro de nuestro país?”. Hasta el maguito Rody hubiera meneado la cabeza por la ingenuidad de la pregunta. ¿Qué creen que contestarían los candidatos?: “¿Silla, cuál silla? Yo vine aquí para salvar a México”, “el futuro de nuestro país será la prioridad principal de mi gobierno”, “en tres horas acabaré con el conflicto del narco”, etc.
Si la idea era conmover el corazón de los candidatos, lamento decirles que su bien intencionado mensaje puede resultar tan inútil como los llamados a la paz del Papa, las recomendaciones de Derechos Humanos o los buenos deseos de las finalistas de Miss Universo.
Han sido tantos años, tantos sexenios, tantas décadas de las mismas promesas, de la misma demagogia, que yo hasta votaría por un candidato que dijera: “Neta, yo quiero ser presidente para no pagar las entradas en los mundiales de futbol, para ligarme a las personas que me gustan, para no traer cash y, por supuesto, para tomarme mi fototota en la Silla del Águila”.
Por otro lado, los niños ya no son como piensan los adultos que produjeron el cortometraje. Quizás no cambien sus armas de juguete por cuernos de chivo de verdad, pero pueden hackear, desbloquear candados de obras protegidas, clonar tarjetas de crédito y mil cosas que los productores del corto ni se imaginan. Yo preferiría colmarlos de dulces y videojuegos, para que cuando crezcan y ocupen cargos públicos, aprendan a respetarme. Que ustedes la pasen bien.








