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Tras las huellas de 'Mantequilla' Nápoles

Dominical •

A los 73 años, el célebre ídolo del boxeo resurge de su leyenda y, rescatado del abandono en que vivía en Ciudad Juárez, inspira una obra de teatro mientras vuelve a entrenar a jóvenes en su gimnasio.

• Por una iniciativa de la compañía de Teatro Línea de Sombra, fue remodelado el gimnasio donde Mantequilla Nápoles entrenaba jóvenes en Ciudad Juárez. A partir de este hecho, la leyenda del pugilista cobró vida de nueva cuenta y él volverá al ring para guiar a las nuevas generaciones. La historia del boxeador será así mejor conocida, mientras está por estrenarse una obra de teatro en torno a su vida

PRIMER ROUND

Decían que sus movimientos sobre la lona se parecían a los de una pantera negra. José Ángel Nápoles Colombat asombraba por su elegancia y por la precisión de cada golpe, siempre certero, contundente. “Mantequilla era un habilidoso en el llamado arte de la defensa y el ataque. La noche de su coronación ante Curtis Cokes dictó tal cátedra que mereció los elogios encendidos del propio Sugar Ray Robinson, para muchos el mejor boxeador de cuantos han existido”, recuerda Jorge Chavarín, ex directivo de la Comisión de Box Profesional del DF.

En la última década se contaba que Nápoles vivía su decadencia en Ciudad Juárez. Tanto en la prensa nacional como extranjera se leía el mismo lamento: el pugilista estaba solo, alejado de los entrenamientos que solía dar a los jóvenes. Después de haber vivido entre multitudes y reflectores, ovaciones y bullicio, fiestas prolongadas e interminables apuestas, hoy solo lo acompaña Bertha Navarro, su esposa. De aquellos días de gloria y euforia por verlo pelar, quedaba el recuerdo, la nostalgia de ese par de puños hábiles y cautelosos para enfrentar a sus rivales. Se calcula que este gran boxeador sostuvo más de 500 peleas a lo largo de su vida, un desgaste físico que de alguna forma repercutió en su salud: su memoria hoy es caprichosa, a veces va y viene o permanece en un estado de lasitud.

Jorge Vargas, director de la compañía Teatro Línea de Sombra, tenía en mente el legendario combate ocurrido el nueve de febrero de 1964 en París, entre Mantequilla Nápoles y Carlos Monzón —narrado con maestría por Julio Cortázar— y también lo rondaba cierto desasosiego: ¿Cómo era posible que el ídolo de multitudes viviera casi en el abandono? Vargas quiso visitar al ex campeón peso welter, conocer el legendario gimnasio de Ciudad Juárez en donde Mantequilla entrenaba a nuevas generaciones de pugilistas y conversar con este santiagueño jacarandoso.

Vargas y su equipo encontraron que el gimnasio Roma estaba casi en el abandono, lleno de objetos inservibles. Figuraba la colección de veladoras que el boxeador cubanomexicano acostumbraba encender antes de un combate para encomendarse a la Virgen de Guadalupe, había credenciales olvidadas de jóvenes que alguna vez quisieron seguir los pasos de Mantequilla en el ring, pero también había polvo y olvido. Los vestigios de una leyenda.

Para sorpresa del dramaturgo, el proyecto de montar una obra en homenaje a Mantequilla Nápoles adquirió matices inesperados. “Hubiera sido muy fácil entrevistarlo, hurgar en su vida, y luego elaborar una pieza dramática sobre su trayectoria. Pero quisimos darle un sentido distinto a lo que deseábamos hacer”, comenta Vargas.

Hasta que el director del Teatro Línea de Sombra comenzó a vivir en Ciudad Juárez, supo que su propuesta relacionada con el teatro y el gran pugilista iba a contar con tres vertientes: primero, la remodelación del gimnasio Roma, para que los jóvenes de Ciudad Juárez conocieran a Mantequilla Nápoles y aprovecharan sus conocimientos; segundo, la creación en ese mismo espacio de un centro cultural que albergara la memoria gráfica de sus grandes momentos, y, en tercer lugar, la puesta en escena de una obra de teatro en torno al considerado una gloria del boxeo mexicano.

SEGUNDO ROUND

Como ocurre en varias ciudades fronterizas, no es casual hallar aquí un complicado bazar de asombros. Como las urbes invisibles de Italo Calvino, Ciudad Juárez es casi una metrópoli imaginaria, cuya historia más que palparse se adivina. Juárez con sus mujeres muertas, homicidios sin resolver, se erige como un abanico de injusticias. El constante ir y venir de El Paso, Texas, al centro de la capital ha derivado en huellas fantasmales. Son las secuelas de la guerra contra el narcotráfico: el abandono de casas, cafés, bares y lugares recreativos. El paisaje agreste se enfatiza con los perros sin dueño que deambulan de un sitio a otro. Juárez duele en la conciencia de sus ciudadanos, en la reminiscencia histórica.

Integrantes de la compañía de Teatro permanecieron mes y medio en Ciudad Juárez. Una de sus misiones fue remodelar el mítico gimnasio. Para dicha tarea convocaron a la comunidad cercana a Mantequilla Nápoles: sus amigos, el mecánico, el señor de la tortillería, el que vende pescado, el que le presta los fracs cuando lo invitan a un acto de gala, sus exalumnos, y entre ellos La Cobra Soto. Poco a poco las personas que conocen al gran pugilista fueron llegando al inmueble ubicado en Ignacio Mejía 881, colonia Partido Romero, Barrio Cuauhtémoc. Ellos ayudaron a pintar y a revivir el espacio.

Paralelamente se lanzó una convocatoria que solicitaba depósitos a una cuenta bancaria o bien donaciones en especie; por ejemplo, mancuernas, costales, peras, manoplas curvas para cachar golpes, cama de abdominales, bicicleta fija, silla turca, casilleros, lámparas, tatami para piso deportivo, cuerda profesional de nylon para saltar, guanteletas con polaina, guantes, cuerdas para el cuadrilátero, lona del ring, entre otras piezas necesarias para equipar de nuevo el gimnasio.

La respuesta fue positiva, se dieron cuentan que no estaban solos. Mantequilla seguía viviendo en la memoria de muchos.

TERCER ROUND

Cuando Jorge Vargas y su equipo buscaron a Nápoles, se sumaron a la lista de personas que llegan a visitarlo, unos con más curiosidad que otros. Tras el primer encuentro, Mantequilla pensaba que iba a ser como le había ocurrido en anteriores ocasiones: promesas que no se cumplen, fotos, nostalgia, una charla amena, solo eso y nada más. No obstante, cuando el ex campeón se dio cuenta que la compañía de teatro actuaba con pasos firmes, empezó a referirse a ellos como “la gente buena”: algo sucedía en Ciudad Juárez, una reconstrucción del gimnasio y, al mismo tiempo, del ídolo del boxeo.

La mañana que comenzaron las labores de remodelación en el gimnasio Roma, cuentan que Mantequilla se acomodó plácidamente en una silla, en el centro del ring, y se entretuvo fumando un puro tras otro. “Contempló la reactivación del inmueble, vio a sus amigos en esta labor comunitaria y se le iluminó el rostro”, revela Alicia Laguna, actriz, promotora cultural e integrante de Teatro Línea de Sombra.

Entre los invitados a la restauración del lugar estaba un niño de seis años, David, hijo de uno de los albañiles y pintores que asesoró el trabajo. Vargas le prestó al pequeño una cámara para que se distrajera tomando fotos de lo que ocurría aquella mañana. El pequeño capturó alrededor de 250 imágenes de interesante perspectiva, de las cuales se escogieron 15. Eduardo Bernal, curador, arquitecto y académico de la Universidad del Estado de México, hizo la seleccion. Lo hecho por David se convirtió en la primera exposición de lo que se planea será el Memorial de Mantequilla Nápoles, un centro cultural para difundir su vida en el cuadrilátero.

De cada paso en la remodelación del gimnasio Roma hay un registro visual. Por el momento, entre el material más valioso se encuentra un video de un exalumno de Mantequilla Nápoles apellidado Pastrana, quien manoplea con su antiguo maestro. “Es impresionante la mirada de Mantequilla, la forma en que sigue los golpes del contrincante, no parpadea, tiene unos reflejos sorprendentes y, a sus casi 73 años, reacciona muy bien ante la posibilidad de un golpe”, señala Vargas.

Y el legendario púgil…revivió.

CUARTO ROUND

Una tarea pendiente empezó a gestarse para la compañía Teatro Línea de Sombra, algo que no tenían previsto pero que, con entusiasmo, acogieron como parte del proyecto. Se trataba de conocer el rostro de José Ángel tanto arriba como abajo del ring. Y para sorpresa de todos, han ido encontrando que tenía varias facetas. “Es, por así decirlo, una especie de Leonard Zelig, personaje de Woody Allen. Es necesario armar las piezas de un rompecabezas con figura humana que hemos encontrado ligado a diversos ámbitos”, indica Bernal.

La música, el baile, la actuación y sus amigos inmersos en la política y el espectáculo, dieron por resultado un rostro multifacético. Como reflexiona Joyce Carol Oates: “El boxeo es, claramente, más afín a la danza o la música que a la narrativa”. Eduardo Bernal detalla que ha sido muy interesante descubrir historias alrededor de Mantequilla y saber, por ejemplo, que perteneció a una agrupación de música guapachosa, realizó un par de fotonovelas y participó en la película El Santo y Mantequilla Nápoles contra la Llorona. “Aunque también hay historias que tal vez no sean ciertas, es importante ver lo que ocurre con personajes míticos como él, que dejan de ser humanos y se convierten en una leyenda ni siquiera comprobable”.

QUNTO ROUND

Hasta el momento los pasos que ha dado la compañía Teatro Línea de Sombra son firmes, acaso más cercanos a la trinchera del documental, de la promoción y gestión culturales, que a la dramaturgia. No obstante, la compañía pronto sabrá si su entrenamiento ha sido certero, con la fuerza necesaria para tener la habilidad de soltar jabs, dar el famoso cross a la mandíbula y ganar por nocaut arriba de un escenario.

El 14 de marzo se estrena la obra y el 15 se reinaugura el gimnasio en Juárez, convertido también en un memorial del ídolo, lo cual fomentará el deporte y la cultura locales. José Ángel Mantequilla Nápoles sabe que Joyce Carol Oates tiene razón cuando dice que si el cuadrilátero de boxeo es un altar, no lo es tan solo para el sacrificio, también para la consagración y la redención. A veces.