Santa Cena reúne a más de 300 mil en La Luz del Mundo
Tonelada y media de harina y 2,500 litros de vino fueron empleados para la celebración en que se come y se bebe en memoria de Jesús.
El blanco predomina entre los asistentes a la ceremonia anual.
Guadalajara • El color blanco del templo de la Iglesia de La Luz del Mundo ayer parecía escurrirse por entre las calles que convergen en él sobre los miles de fieles que se postraron a las faldas de sus murallas. El blanco era el color de los atavíos de hombres y mujeres de faldas largas, sólo interrumpido por ocasionales sombrillas de otros colores esparcidas entre la multitud, y acaso el negro en los lentes o fajos de algunos creyentes. Todos a la espera hacia las cuatro de la tarde de la celebración cúspide de la Convocación 2010: la Santa Cena, que en esta ocasión reunió a más de 300 mil ministros del estado, de México y de 42 países más en los cinco continentes, transmitida en vivo por Internet.
No la Navidad, sino la Cena, es lo que en La Luz del Mundo se considera la mayor celebración, pues, según las Escrituras, Jesús pidió a sus discípulos conmemorar su muerte y no su nacimiento, justificó Eliazev Gutiérrez, el vocero nacional de la iglesia: “La Santa Cena es para nosotros la mayor solemnidad, porque simboliza el momento en el que recordamos la última cena que Jesús tuvo con sus discípulos”.
Las bocinas esparcidas en las calles daban noticia de la plática de los ministros que preparaban a los fieles para la llegada del director de La Luz del Mundo, Samuel Joaquín, quien comenzó un recorrido por las colonias El Bethel y Aarón Joaquín antes de regresar al templo de la Hermosa Provincia. Las palabras del pastor Nasón Joaquín, el primero en hablar, eran lastimosas y envueltas de llanto. Los creyentes respondían con amenes:
—¡Qué hermoso se desahoga nuestra alma cada vez que el Señor permite nuestro llanto!
—¡Así sea! —respondieron los presentes, que se hincaban y paraban constantemente.
El orden lo imponían los elementos de Protección Civil interna, que no permitían el paso a quienes no portaban su gafete: “¡Éste quiere entrar, y le pregunté el año en que nació Aarón Joaquín y no supo!”, dijo con ínfulas de guardián del cielo un vigilante a su compañero.
Entre las pausas del pastor, todos los fieles cantaban alabanzas (cuyo ritmo al parecer es la cohesión de las vertientes de la fe cristiana): “Mi alma por siempre vagaba en el mundo de perdición/Pero el Señor, a su tiempo, me impartió su protección/Por eso hoy siento gozo, dentro de mi corazón/Y lo prometí servirle, en santidad y humillación”.
Dentro del templo, el orden era aún mayor. Quienes ocupaban los asientos eran, en su mayoría, delegados de otras latitudes y coristas. Hacia las siete de la noche, entre cantos y palabras del pastor, la multitud comenzó a inquietarse, pues Samuel Joaquín avanzaba al interior. Mujeres y hombres volteaban y comenzaban a agitar sus pañuelos, como queriendo llamar la atención de su líder para ser bendecidos tan sólo con su mirada.
Por un pasillo azul, Samuel Joaquín —que los creyentes consideran apóstol de Cristo— ingresó solo hacia el altar, donde su trono lo esperaba. Fue entonces que el lugar entero se desplomó en llanto. Todos en una misma frecuencia, pero sin abandonar la individualidad de cada espíritu catártico: “¡Que la gente no se sienta amenazada con la bendición!”, exclamó el director a su gente, encogida en el piso.
Tras la toma del ministerio, Samuel Joaquín anunció que se ungiría a doce diáconos antes de volver a las alabanzas que antecederían al clímax de la celebración: la Santa Cena, cuando éste bendeciría el pan —hecho con tonelada y media de harina— y el vino —2,500 litros de licor de uva sin fermentar— a repartir entre todos por 30 pastores y 225 hermanos y hermanas.
El llamado apóstol de Cristo bendeciría el pan y una copa de vino que mezclaría con el resto del líquido, contenido en barricas, antes de llevarlo hacia todos los presentes en copas de las que una persona daría de beber a los suyos: “Tomad, comed, éste es el cuerpo que por vosotros es partido”, son las palabras que antecederían a la toma del pan y el vino en el que se depositó anoche la carne y sangre de su salvador.
Piden usar hoy vías alternas
Pablo Valdés, Plutarco Elías Calles, Circunvalación y Presa Laurel-Mercedes Celis-Patria serán las vialidades que hoy servirán de salida a los alrededor de 300 mil visitantes a las festividades de la Iglesia de La Luz del Mundo, que saldrán de las colonias Hermosa Provincia, El Bethel y Aarón Joaquín. La recomendación es que los automovilistas que pretendan utilizar estas vialidades tomen rutas alternas.
Según la Unidad de Protección Civil interna de La Luz del Mundo, los contingentes de autos y camiones comenzarán a partir del mediodía y la afluencia continuará durante el resto de la tarde. Uno de los elementos, Manuel Villegas, precisó que desde temprano recibirán apoyo de la Secretaría de Vialidad, que se encargará de desviar el tráfico que circule hacia la zona a calles alternas, sobre todo a la altura de Demóstenes y Pedro Vélez, que cruzan en el extremo oriente y poniente a la altura de Pablo Valdés. Los viajeros se dirigirán a continuación hacia las principales autopistas, sobre todo las que se dirigen a Querétaro, Guanajuato, Michoacán y la capital.









