“Debemos crecer en calidad”

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El FICG 25 se inaugura hoy. Se presume como el festival más importante de América Latina. Su director señala que la afirmación se basa en su impacto en la ciudad y en su mercado e industria.

El reloj marca las ocho de la noche. Las oficinas centrales del Festival de Cine en Guadalajara se van quedando, poco a poco, vacías: desde el miércoles, el equipo comandado por Jorge Sánchez instaló su búnker en el hotel Diana. Pero mientras algunos todavía trajinan en la planta baja, el mandamás aprovecha el respiro y enciende un cigarrillo. Entre cada calada incluso se da tiempo para bromear. Presume, como niño travieso, la pequeña grabadora digital que guarda en el bolsillo derecho del saco y que le sirve, dice, para ir dejando registro de los pendientes que se acumulan durante el día. Por la noche, confiesa, escucha la grabación para no dejar nada volando. Otra calada al cigarrillo, otro momento de calma. Esa calma que, volteando el dicho popular, antecede a la tempestad llamada Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG) que, a partir de hoy, comienza a vivir su edición número 25.

Desde 2005 Jorge Sánchez conduce los destinos del encuentro cinematográfico. No duda ni un instante al afirmar que el de Guadalajara es ya el más importante de América Latina pero, al mismo tiempo, tampoco tiene empacho en reconocer que “no es un festival perfecto. Tenemos problemas, errores, situaciones que hay que ir corrigiendo”. En el balance, identifica sobre todo dos momentos cruciales en la vida del encuentro: cuando dejó de ser sólo una Muestra de Cine Mexicano y comenzó a dar cabida al cine iberoamericano; luego, cuando en 2005 mutó en Festival Internacional durante la gestión de Kenya Márquez.

25 años es algo que se dice en un instante, pero muchos cinéfilos todavía no nacían cuando comenzó la entonces Muestra de Cine Mexicano. ¿Cómo dimensionar la evolución en este cuarto de siglo?

Creo que la clave es la tozudez, el empeño, que tuvieron quienes iniciaron la Muestra de Cine Mexicano en 1986. Ellos son un ejemplo de lo que es el amor por el cine. Gente como Annemarie Meier, Jaime Humberto Hermosillo y el mismo Guillermo del Toro, que la hacía de director, cácaro y propagandista de la muestra. Pusieron todo su empeño frente a una circunstancia muy difícil: nadie creía en el cine mexicano, menos que se pudiera hacer una muestra. Pero tenían tanta razón que aquí estamos, esperando que el FICG cumpla con las expectativas que ellos tenían hace 25 años.

El desarrollo que ha tenido el festival se debe en buena medida a la UdeG, a personas como Emilio García Riera o Raúl Padilla, que han creído en el proyecto y en el cine mexicano. El FICG es un evento que ha logrado sobrevivir a momentos en los cuales, por ejemplo, sólo se producían seis o siete películas mexicanas al año. Todos los que han pasado por aquí supieron enfrentar eso. Nosotros, en ese sentido, somos herederos de una gran experiencia. 25 años se dicen fácil, pero en México no hay festival que sea tan longevo como el de Guadalajara. Hubo un momento de vacío. Ahora me dicen que hay cerca de 40.

Ahora el de Guadalajara se presume como el festival más importante de América Latina, ¿cuál es el sustento de la afirmación?

Hay un nivel de importancia que para mí es indudable, y tiene que ver con el tipo de oferta que hace el festival. Es una oferta que, para empezar, conjuga una excelente programación. Una muestra de eso es que una de las películas que habíamos seleccionado con mucha anticipación para las galas premiere, El secreto de sus ojos, ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera. Esta programación se conjuga con actividades de formación muy sólidas, como el Talent Campus que hacemos con Berlín, o el Producers Network, que realizamos en conjunto con Cannes.

El otro punto sustancial es el Mercado de Cine y las actividades de industria. El de Guadalajara es, sin duda, el Mercado de Cine Iberoamericano más importante que existe en el mundo. No conozco otro festival que tenga esa oferta, esa afluencia de compradores, ese volumen de negocio. Por ejemplo, tenemos el Encuentro Iberoamericano de Coproducción Cinematográfica, donde recibimos 200 proyectos para seleccionar 30, que se exponen ante potenciales coproductores y distribuidores de muchas partes del mundo. Ese conjunto hace importante y muy destacado al FICG en América Latina. En todo eso se sustenta la afirmación.

Se habla de que el Festival de Morelia ha crecido mucho en estos años, que no es tan caro y ha tenido una muy buena difusión...

No sé cuál sea el costo del Festival de Morelia. El FICG cuesta cerca de 35 millones de pesos. Sin embargo, creo que tenemos perfiles diferentes.

Cuando voy a Morelia realmente disfruto de su calidad de programación. La oferta que tienen es excelente, hay un criterio muy claro en términos de su relación con el cine mexicano, dando preferencia a documentales, cortos, óperas primas o segundas películas.

Nuestras características engloban unos sectores de formación que se dan de otra manera en Morelia. Además, repito, tenemos la cuestión del Mercado de Cine, que es fuerte, potente. También están los aspectos de formación. Por ejemplo, dentro del Talent Campus este año hacemos por primera vez el Talent Press, una actividad para la que hemos seleccionado ocho jóvenes críticos o periodistas de México, Centroamérica y el Caribe, que van a tener la oportunidad de participar plenamente en el Talent Campus. Nos interesan todas esas esferas.

¿Cuál es el impacto del FICG en la ciudad?

Hay uno que tenemos muy claro y que sale de estudios y encuestas que hacemos. Así, sabemos que genera una importante derrama económica y una ocupación como de diez mil noches en hoteles. Pero hay un impacto difícilmente medible, que se refiere al hecho de lograr situar a una ciudad en el ámbito de la cultura internacional, en este caso enfocado en el cine. En ese sentido, creo que la Feria Internacional del Libro es la madre de todas las ferias y festivales. El trabajo que se ha hecho ahí es verdaderamente impresionante.

No sé si es una falta de visión, o nosotros no sabemos transmitir de manera clara el impacto de las situaciones que generamos, pero creo que el costo de dos o tres páginas de publicidad pagada, frente a lo que puede representar la opinión vertida por cineastas, profesionales, críticos, periodistas y todos los que se reúnen en torno a una actividad como es el festival de cine, no tiene comparación. A veces hay un poco de ceguera que no permite darle equilibrio claro a las cosas. Pongo ejemplos: Cannes existe en el mapa por su festival de cine; Berlín existe por muchas cosas, entre ellas su festival; el Festival de Tribeca revitaliza una parte concreta de una ciudad que algunos dicen es la capital del mundo [Nueva York]. Ahí es donde debemos situarnos. Ese es el impacto.

En 2007 Guillermo del Toro calificaba al FICG como “monstruoso” por las dimensiones que ha adquirido. ¿Puede crecer más?

Debemos crecer en calidad en todos los ámbitos: programación, servicio, detectar las necesidades que se presentan, colaborar en solucionar o abrir caminos para reflexionar. Tengo la impresión de que ya están los receptáculos de esas posibilidades, iniciativas o ideas. No creo que se deba crecer más.

¿Hacia dónde apunta el festival?

Sería pretencioso de mi parte responder a esa pregunta con cosas concretas. Hay situaciones de un ámbito más amplio donde se debe atacar y en las que el FICG debe involucrarse. Creo que el cine mexicano está viviendo una situación muy interesante en relación a su producción.
Entonces, es el momento de revisar la legislación. Puede sonar aburrido, pero si no existiera el Artículo 226, que permite deducir impuestos cuando se invierte en una película… su aprobación ha modificado el panorama. Pero ese artículo es perfectible. Es necesario poner las cuatro patas a una mesa a favor de esta expresión de la creatividad que es el cine nacional.

Guadalajara. Édgar Velasco