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Niños de Manuel Doblado usan burros para ir a clase

León •

En total, la SEG donó 26 burricos a familias de comunidades de Manuel Doblado; las bicicletas se ponchaban por lo accidentado del camino y al no haber servicios básicos, tampoco cuentan con transporte público

León, Gto. • En Manuel Doblado los burros son una opción de transporte escolar. Los estudiantes cambiaron bicicletas y largas caminatas por presurosas cabalgatas.

A sus nueve años, Mariana sabe de la rentabilidad de un animal que la lleve y la traiga a la escuela. Además de que no se cansa, sirve para ayudar en labores de casa como acarrear agua o leña.

Modesto, con 12 años, ya controla al animal, lo amansó a “fregadazos” y haciéndolo reparar desde el día que se lo regalaron. Su trayecto por veredas empinadas y lodo, se redujó a 15 minutos de más de 30.

En las comunidades de Ojo de Agua y Los Guayabos, las bicicletas se ponchan por lo accidentado del trayecto, y caminar es casi inhumano. Por eso ahora, ir a la escuela ya no es una complicación, es una travesía sustentable.

“Con el burro me va bien y nomás. Me sirve para venir a la escuela y más cuando no hay agua. En el burro prefiero venir porque no necesita gasolina ni nada, ni se poncha. Me canso poquito menos”, dijo Mariana antes de entrar a clases.

En Ojo de Agua los servicios básicos no existen, tampoco la pavimentación y mucho menos el transporte público.

La localidad rural está enclavada en al sierra. Pasando el cerro, empieza el municipio de Pénjamo.

Ahí, La escuela primaria “Hermenegildo Galeana”, tiene un salón que alberga 11 estudiantes de tercero a sexto de primaria, todos revueltos.
Entre ellos está Mariana.

Ella cursa el cuarto grado y su máxima aspiración es terminar la secundaria como sus hermanos. Es alumna del turno vespertino pues de lo contrario, la maestra no llegaría a tiempo.

Sus días de escuela cambiaron con la ayuda de un burro. Aunque no es lo que más le gusta por lo menos ahora el camino se convierte en una aventura.

“Una vez el burro nomás así nos tiró allá abajo, quien sabe cómo fue, ya cuando acordamos ya estábamos en el suelo, íbamos yo mi hermano y otra hermana y nos tumbó”, dijo.

Los Guayabos es una comunidad menos alejado pero en las mismas circunstancias. Por lo menos pasan más camionetas y la escuela está al pie del camino. Aún así para los estudiantes de secundaria asistir es complicado.

Modesto apenas ingresó al primer grado y ya es un experto en viajar en burro. Ya nadie lo acompaña y sabe que es una gran ayuda para no dejar de asistir a clases.

“Me vengo en el burro porque está muy lejos desde donde vengo hago casi media hora y en el burro unos 15 minutos, este ya está muy mansito, haciéndolo que repare se va a amansando, unos fregadazos”, explicó el estudiante.

Para los padres de familia, el burro significó más que un gasto, un apoyo para las actividades cotidianas. Desde llevar comida a sus hijos a la escuela, hasta el trabajo duro como arar la tierra.