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El sexódromo: Las soporíferas sombras de Grey

El Ángel Exterminador •

Pero resulta que no hallé nada interesante ni entretenido en "Cincuenta sombras de Grey". Y lo que es peor: tenía años que la lectura de un volumen no me hacía enojar tanto como lo ha hecho el primer libro de la trilogía.

México • Desde que me llegó el boletín sobre el libro Cincuenta sombras de Grey se me antojó leerlo, porque soy fiel seguidora de la literatura erótica, desde aquella creada por autores clásicos hasta la de jóvenes escritores. Me interesó aquello de que era considerada “lectura porno para mamás”. Me emocionó que se tratara de una historia BDSM (prácticas diversas relacionadas con la sumisión y la dominación; lo que antes se llamaba “sadomasoquismo”), ya que he leído grandes novelas sobre el tema, que han logrado en mí los objetivos primordiales de la literatura erótica: me han entretenido, me han enseñado y me han excitado.

Pero resulta que no hallé nada interesante ni entretenido en Cincuenta sombras de Grey. Y lo que es peor: tenía años que la lectura de un volumen no me hacía enojar tanto como lo ha hecho el primer libro de la trilogía protagonizada por el millonario empresario Christian Grey y la estudiante/vendedora en ferretería Anastasia Steele.

Antes de darles mis motivos, les contaré un poco de qué trata la historia: Anastasia Steele es una estudiante universitaria que por casualidad conoce a Christian Grey, un hombre guapísimo, rico y enigmático que resulta ser un amo consumado, es decir, lo suyo, lo suyo, son los grilletes, los amarres, los calabozos, la dominación, los contratos de obediencia y demás prácticas BDSM. Ambos se gustan, él le “tira la onda” y la inexperta Anastasia pierde el control frente al ricachón dominante, que le da placer, pero también le enseña un poco de sexo duro.

¿Por qué el libro me aburrió y me molestó? Primero: la escritura de E.L. James es muy básica. He leído autor@s juveniles y hasta infantiles con una redacción más pulida e imaginativa que la de esta británica que laboró como ejecutiva de televisión antes de volverse la escritora viva más rica del mundo con la trilogía que integra Cincuenta sombras de Grey, Cincuenta sombras más oscuras y Cincuenta sombras liberadas. Su narración es cursi, lo cual no es malo hasta que se mezcla con lo reiterativo, lo bobalicón y lo intrascendente.

Segundo: la autora puso en una licuadora todas las lecturas de su vida (nada demasiado trascendente) e hizo una mezcla de las novelas de Danielle Steele (¿de ahí el apellido de su Ana?), que es la Corín Tellado de Estados Unidos; de Stephanie Meyer, la autora de la saga Crepúsculo; de Anne Rice, que es una maestra al describir detalles; de Elizabeth Gilbert y la complicidad entre mujeres de Comer, rezar, amar, y hasta de El Graduado con su señora Robinson (como dirían en Twitter: ¡WTF!). Luego se metió a los portales BDSM de internet y copió el contrato que, en la vida real, los practicantes suelen firmar. ¡Lo mezcló y listo! Ahora entiendo cómo es que James escribió la trilogía en menos de un año.

Tercero: ¡la acción erótica comienza hasta la página 114! Es decir, la escritora justifica, a lo largo de 113 páginas, lo que vivirá su protagonista con el “sádico” Grey, para que nadie diga que fue una chica fácil ni interesada. Durante seis capítulos, nos describe la ferretería donde trabaja Anastasia, la oficina de Christian, el departamento de la universitaria y su roomie, una sesión de fotografías, la fiesta donde la protagonista se emborracha, razón por la que llega a la casa de Grey (cualquier madre aprobaría esta justificación) y zzzzzzzzzzzzzz… discúlpenme, me quedé dormida, ¿ya va a empezar lo bueno?

Busco en mi librero Historia de O, de Pauline Réage. Desde la segunda página presientes lo que vendrá y te comienzas a remover en tu asiento: “El taxi sigue corriendo. La mujer no se atreve a preguntar por qué René no se mueve y calla, ni qué significado puede tener para él que ella permanezca inmóvil y sin hablar, medio desnuda y disponible, con guantes, dentro de un coche negro que se dirige no sabe dónde”. En la página 11, la hermosa O ya tuvo fuertes prácticas introductorias al sexo duro.

Vale, no hay comparación: la maravillosa Historia de O fue escrita por una intelectual francesa y fue considerado un libro prohibido. ¿Quieren algo más cercano a un best seller? La prolífica escritora Anne Rice escribe novelas eróticas con los seudónimos A.N. Roquelaure y Anne Rampling. Con este último creó Hacia el Edén, imprescindible en el género. Con la misma ligereza, investigación e imaginación con la que le da vida a sus vampiros, la autora regala una historia sensual, conmovedora e interesante relacionada con amos y esclavos. Presenta a los lectores el mundo de los clubes, en donde los sadomasoquistas más ricos del planeta acuden a “comprar” o a ofrecerse como esclavos y narra detalles más contemporáneos de estas prácticas.

Cuarto: después de las largas justificaciones previas al primer vistazo de Anastasia al calabozo de Christian, resulta que la protagonista es virgen. Pero no solo eso: a sus 22 años nunca se ha masturbado, jamás ha visto con lujuria a un chico, no sabe nada de sexo oral y le apena estar desnuda. Así no puede ser sometida a las cadenas; entonces proceden a la “desfloración” cuidadosa, y Ana tiene un primer orgasmo cuando le estimula los pezones, un segundo orgasmo cuando la penetra y un tercer orgasmo cuando le hace sexo oral. Todo en menos de 24 horas. ¡Tanto que nos ha costado a los orientadores sexuales aclararle a las adolescentes que las primeras veces no son lo que plantean las telenovelas, que no verán fuegos artificiales, que el orgasmo no llega de inmediato sino se debe buscar, que el clítoris es lo más importante, etcétera, para que ahora llegue esta señora y le haga creer a millones de mujeres que con una mordidita en la teta tocarán el cielo tisú!

Quinto: para la página 300, el protagonista le da a la chica los primeros azotes. Güeva. Apenas para la 513 la amarra a la cama. Güeva. En la 540, ella se ha dejado dominar, pero por amor, no por placer. Ternurita. Algunas feministas están en contra del contrato en donde ella debe aceptar ser propiedad de Christian. Yo no me opongo a eso. Cada quien sus prácticas, siempre y cuando sean consensuadas. Lo que me molesta es que durante todo el libro ella dice sentir placer, pero nunca está convencida de querer lo que le gusta a su galán, y eso no es consenso.

No obstante, Cincuenta sombras de Grey ha vendido más de 40 millones de ejemplares, medio mundo está hablando sobre la película basada en el libro y quiénes deberían protagonizarla. ¡Lo que hace la publicidad!

Si quieren leer narrativa BDSM de verdad, les recomiendo —apenas una probadita— los libros antes mencionados más los siguientes: Retorno a Roissy, también de Pauline Réage; Nueve semanas y media, de Elizabeth McNeill; La Venus de las pieles, de Leopold von Sacher-Masoch; Topping from Below, de Laura Reese; Grushenka, novela rusa anónima; Armarios de cuero, de Fernando Sáenz; Diosa, de Juan Abreu; El amante lesbiano, de José Luis Sampedro; obras de Sade, Apollinaire y George Bataille, en donde podrán conocer los verdaderos claroscuros de las prácticas de sumisión y dominación.

Si a pesar de lo dicho desean leer Cincuenta sombras de Grey (ya saben que nunca he pretendido convencer a nadie de mis posturas e ideas, sino solo informar), tengo cinco ejemplares que obsequia la editorial Grijalbo a las primeras lectoras que escriban a elsexodromo@hotmail.com diciéndome por qué quieren leerlo. ¡Y que el Marqués de Sade las perdone!

Twitter: @draverotika